Así nació el Popocatépetl: volcanes que murieron y dieron vida al coloso
El Popocatépetl que hoy domina el Valle de México es el resultado de una historia violenta: antiguos volcanes colapsaron tras erupciones gigantes y sus restos dieron forma al cono actual.

El Volcán Popocatépetl no siempre fue ese gigante perfecto que hoy se levanta entre Puebla, Morelos y el Estado de México. Su silueta, aparentemente intacta, es en realidad la cicatriz reconstruida de otros volcanes que crecieron, colapsaron y desaparecieron con el paso de miles de años.
Hoy, lo que vemos es apenas la última versión de un sistema volcánico que lleva más de medio millón de años activo dentro de la Sierra Nevada, junto al Iztaccíhuatl, la llamada “mujer dormida”. Pero bajo ese cono hay historia enterrada, capas de lava, ceniza y derrumbes que cuentan cómo el Popo se hizo a partir de la destrucción.
Ventorrillo, Nexpayantla y Fraile: los volcanes que cayeron antes del Popo
De acuerdo con estudios de la UNAM, antes del cono actual existieron varios edificios volcánicos. Uno de los más importantes fue el Ventorrillo, cuya destrucción marcó un antes y un después hace unos 23 mil años. Aquella etapa terminó con un colapso violento que dejó enormes depósitos de escombros al sur del volcán.
Ese no fue el único. Mucho antes, el Nexpayantla, con más de 400 mil años de antigüedad, ya había sufrido un derrumbe masivo. De hecho, todavía hoy queda una huella visible:
"La pared del Nexpayantla, una irregularidad topográfica en el noroeste del actual Popocatépetl”, vestigio de aquel colapso gigante que el tiempo no ha logrado borrar del todo, revela un estudio del CENAPRED.
Después vendría el Fraile, hace unos 14 mil 500 años, otra fase de crecimiento y destrucción que terminaría de moldear el terreno donde más tarde se levantaría el Popocatépetl moderno.
El colapso que lo cambió todo
Los estudios de la UNAM son claros: el evento más decisivo ocurrió cuando una erupción extraordinaria provocó el derrumbe de gran parte del edificio volcánico.
“Un volcán puede sufrir un derrumbe parcial de su cono con o sin una erupción… el último derrumbe del Popocatépetl estuvo asociado a la erupción más violenta que hemos podido identificar en su historia”.
Ese evento no solo destruyó el volcán anterior, también dejó una enorme cicatriz en forma de herradura de varios kilómetros. A partir de ahí, comenzó una nueva etapa: la reconstrucción.
Los datos lo confirman. Materiales carbonizados encontrados en flujos de ceniza permitieron fechar ese momento entre hace 22 mil y 23 mil 600 años. Es decir, el Popocatépetl actual empezó a levantarse justo después de esa catástrofe.
Además, la magnitud del desastre fue enorme. Los investigadores estiman que las avalanchas generadas acumularon hasta 27 kilómetros cúbicos de material volcánico en la zona sur. “Esto resulta en un total de 27 km³ de material de avalancha acumulados en el abanico al sur del Popocatépetl”.
Un volcán que se reconstruyó desde sus ruinas: ¿por qué el Popocatépetl es un estratovolcán?
Tras la gran erupción, el volcán comenzó a rehacerse lentamente. Las emisiones de lava, ceniza y materiales piroclásticos fueron rellenando el antiguo cráter colapsado hasta formar el cono que hoy conocemos.
“Esta erupción produjo además varios depósitos piroclásticos… El actual cono del Popocatépetl se reconstruyó a partir de esa erupción”, señalan los investigadores.
Por eso el Popocatépetl es un estratovolcán: una montaña formada por capas acumuladas durante miles de años, producto de múltiples etapas de actividad. Esa construcción por fases explica su tamaño, su altura 5 mil 452 metros sobre el nivel del mar y su constante actividad.
Aun así, el volcán sigue guardando secretos. Algunos depósitos podrían incluso provenir del Iztaccíhuatl, lo que sugiere que la historia volcánica de la región está más conectada de lo que parece.
“Es posible que el más antiguo de los depósitos de avalancha provenga del Iztaccíhuatl y haya sido emplazado cuando el Popocatépetl aún no existía”, dice el estudio.
Hoy, el volcán Popocatépetl parece firme, pero su historia demuestra lo contrario: es un volcán que ha muerto y renacido varias veces. Y cada fumarola que emite recuerda que ese proceso, en realidad, nunca ha terminado: Hoy está más activo que nunca.
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Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más













