Nacional

Un aplauso entre el frío: así fue la despedida de Paolo desde el Iztaccíhuatl

En una travesía marcada por la memoria de un ser querido, la montaña se volvió distinta, transformándose en el escenario del hallazgo sin vida de Paolo, un niño de 14 años extraviado días antes.

Paolo de 14 años murió en el Iztaccíhuatl
Paolo de 14 años murió en el Iztaccíhuatl
Imagen de perfil de Raymundo Rangel Laguna

El pasado 19 de julio subí al volcán Iztaccíhuatl como parte de mi entrenamiento. Mi objetivo es alcanzar su cumbre a finales de año y, si la vida lo permite, también el Pico de Orizaba, en honor a la memoria de mi tío Juan, fallecido en marzo pasado. No era una salida como las otras: el entorno parecía susurrar algo; la 'Mujer Dormida' guardaba un secreto entre sus grietas.

Caminé por el mismo sendero donde, casi veinte años atrás, di mis primeros pasos en la montaña. Fue en la ruta de 'La Joya–Los Portillos', una de las más hermosas del Iztaccíhuatl: la montaña te regala paisajes sublimes, el aire delgado, el viento en tu rostro, el crujir de la tierra helada... Aquella ocasión iba acompañado por Antonio, Isaías, Eusebio, y dos personas muy queridas que hoy ya no están: mi tío Juan Bernal y Juan Ocaranza. Todo me resultaba familiar, pero algo era distinto.

No era solo el paso del tiempo ni la ausencia de quienes alguna vez me acompañaron. Había algo más, algo en el aire. Sabía que existía un chico de nombre Paolo, que una semana antes se había perdido en el volcán. Sin embargo, el ambiente era más callado que de costumbre. No había tantas voces, solo el viento y los pasos dispersos de algunos montañistas. Había misterio, un presentimiento que pesaba más que el aire a cuatro mil metros. Algo no encajaba.

imagen
Volcán Iztaccíhuatl / Foto Fabiola Bárcenas

El descenso que nunca se olvida

Fue hasta mi descenso cuando supe la verdad. Desde lejos vi a los rescatistas de la Brigada de Rescate del Socorro Alpino de México (BRSAM), Search and Rescue México y otros cuerpos. Nunca imaginé que el chico que habían encontrado era Paolo, el mismo adolescente cuya desaparición junto a una joven llamada Ameli se había hecho viral en redes: ella en el Ajusco, él en el Iztaccíhuatl.

Poco antes de llegar al primer portillo, un cuervo enorme voló sobre mi esposa, Berenice. Daba vueltas en el cielo como si quisiera guiarnos a algún lugar. Lo presentí... y más adelante lo confirmé: habían encontrado a Paolo sin vida. Su cuerpo estaba entre el segundo portillo (4 mil 300 msnm) y el primero (4 mil 241 msnm). No se sabe qué ruta tomó, solo se sabe que la montaña no lo dejó volver.

imagen
El cuervo sobrevolaba en círculos, como si anunciara algo / Foto: Raymundo Rangel

Vi llegar a los rescatistas, entre ellos elementos de laMarina. Todos unidos por una sola causa: no dejarlo solo.

imagen
Cuervo entre zacatales y sobre una roca del Iztaccíhuatl / Foto: Raymundo Rangel

Un aplauso que rompió el cielo

En el camino, un rescatista, no recuerdo su nombre,nos preguntó si habíamos visto sus guantes olvidados en el primer portillo. Le dijimos que quizás los tenía alguien de nuestro grupo o alguna otra persona. Nos pidió que, si los encontrábamos, los dejáramos en Socorro Alpino. Antes de despedirse, mi curiosidad me impulsó a preguntar: “¿Encontraron al chico desaparecido hace una semana?”. Su rostro se iluminó: “Sí”, respondió con emoción. Pensamos que estaba vivo. Mi esposa le dijo: “¡Qué bueno, felicidades, para que su familia esté tranquila!”. Pero seguí preguntando: “¿Cómo está?”. Y entonces nos soltó la verdad:

“Ya no está… lo encontramos muerto. Dicen que fue por hipotermia, pero también tenía fracturas en la cabeza y en la mano”, nos contó.

Un vacío profundo se apoderó de mí, mientras que ami esposa se le llenaron los ojos de lágrimas. El silencio volvió, estaba siendo testigo de algo que nunca había presenciado: un camarada montañista había caído.

Cuando descendieron con su cuerpo, no hubo gritos, solo un aplauso. Largo, profundo, doloroso, cargado de todo lo que no cabía en palabras y que te hizo llorar. No era celebración. Era despedida. Era un ritual. Era la forma en que los hombres y mujeresde montaña dicen: "cumplimos, te encontramos, te llevamos de vuelta."

imagen
Momento en que el cuerpo de Paolo llegó a "La Joya" / Foto: Raymundo Rangel

La montaña, como si también entendiera el momento, esperó a que su cuerpo fuera levantado y colocado en una camioneta de la Policía Estatal. Y entonces, como si hubiera contenido el aliento, comenzó a granizar. La montaña se vistió de blanco, como si esperara su partida para despedirlo en silencio, con su propio lenguaje sagrado.

Yo estuve ahí. Fui testigo. Paolo nunca estuvo solo. La montaña lo acogió durante los seis días en que lo buscaron. El día de su hallazgo, estuvimos presentes mi esposaBerenice, Fabiola, Carmen y Javier; más arriba, a 4700 metros de altura,estaban Danny Cooca, Germán, Dalia (quienes pasaron la noche en el refugio de los 100) y otros montañistas que descendían.

Los rescatistas lo abrazaron, lo aplaudieron… incluso le ofrecieron lágrimas.

imagen
Segundo Portillo del Iztaccíhuatl / Foto: Raymundo Rangel

Cuando la montaña te habla

En ese mismo descenso, mi esposa y mi amigo Javier comenzaron a sentirse mal por el famoso "mal de altura". Fueron atendidos por el doctor Fernando Castellanos y el paramédico,Josafat “el Pollo”. Ellos reconfirmaron lo que ya sabíamos:

"Al parecer, Paolo tenía fractura en la cabeza y en la mano. Posiblemente quedó inconsciente y la hipotermia terminó por arrebatarle la vida". Fue la misma versión que nos dio el rescatista de los guantes.

imagen
Doctor Fernando Castellanos y el paramédico Josafat "El Pollo" / Foto: Fabiola Bárcenas

Regresé a casa distinto. Subí para recordar a mi tío, para entrenar en su honor y regalarle una cumbre a fin de año… y bajé con la historia de Paolo. Pero también con una certeza: en la altura, el dolor se vuelve más nítido. Y también el amor humano, la solidaridad y el respeto. La hermandad que solo existe en la montaña cuando el frío y la muerte rozan la piel.

No conocí a Paolo, pero me habría gustado. No me corresponde juzgar si cometió errores o imprudencias. Su juventud me recordó a mí mismo cuando comencé en esto: quizá yo era un poco mayor, pero sentía la misma emoción, la misma alegría, el mismo amor por descubrir la montaña.

imagen
Paolo de 14 años murió en el Iztaccíhuatl / TW:@TrueCrimeUpdat

La soledad es una fuerza que te aniquila si no estás preparado para superarla. Así es en la montaña, por muy acompañado que vayas… ¿Qué cosas pasaban por la mente de Paolo?, lo ignoramos, ¡era un niño de 14 años! ¿Cómo llegó hasta allí? ¿En qué momento las autoridades dejaron al menor a su libre albedrío? La montaña llora como si le hubiesen roto el corazón…

En estos tiempos donde la inseguridad es parte del día a día, es fundamental no salir solos y mantenernos siempre alerta. La montaña puede ser majestuosa y cautivadora, pero no debemos romantizarla. No hay que olvidar que también representa riesgos, es un entorno salvaje: no solo por la fauna, sino por su propio terreno y por los peligros humanos. Antes de aventurarse, es importante estar bien preparados: consultar el clima, las noticias, el lugar,llevar el equipo necesario y, sobre todo, ir acompañados de alguien que conozca bien los caminos.

Paolo ya no está, la Mujer Dormida lo envolvió. Pero su historia quedó grabada en esa tierra volcánica, en los brazos que lo bajaron, en los pasos que lo buscaron. Y también, para siempre, en mi memoria.

Logo Guacamole
Logo Guacamole