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La montaña no perdona errores: las lecciones más duras que todo montañista debería aprender

La experiencia en la montaña no se mide solo en cimas alcanzadas, sino en decisiones correctas, errores comprendidos y regresos conscientes.

El montañismo exige disciplina y mucho respeto / Fotos: Raymundo Rangel
El montañismo exige disciplina y mucho respeto / Fotos: Raymundo Rangel

El montañismo no es solo caminar hacia arriba ni conquistar una cumbre para una fotografía. Es una actividad que exige respeto, preparación y, sobre todo, conciencia. La montaña no negocia, no se adapta al ritmo humano ni perdona la improvisación. Cada decisión tomada en altura, desde la ruta hasta la hora de regreso, puede marcar la diferencia entre una experiencia inolvidable o una situación de riesgo.

A diferencia de otros deportes, en el montañismo el entorno es el principal protagonista. El clima cambia sin aviso, el terreno se transforma con la altitud y el cansancio se acumula más rápido de lo esperado. Por eso, quienes practican esta disciplina saben que no basta con la motivación: se requiere conocimiento, humildad y la capacidad de saber cuándo avanzar y cuándo detenerse.

“La cima es la mitad del camino”: Edmund Viesturs, dijo alguna vez el alpinista estadounidense, quien considera que el objetivo principal y más peligroso es regresar a salvo casa.

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Volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl vistos desde La Malinche / Foto: Raymundo Rangel Laguna

La seguridad en la montaña comienza antes de salir de casa

Uno de los errores más comunes en el montañismo es pensar que la seguridad se resuelve en el camino. Darién Rodríguez, alpinista mexicano con más de 22 años de experiencia, recomienda empezar a resolver mucho antes de pisar la montaña.

“Se necesita planear una ruta, revisar el pronóstico del tiempo, conocer el desnivel, el tipo de terreno y los puntos de escape son acciones básicas que reducen riesgos. Salir sin información es exponerse innecesariamente”, me comentó.

No todas las montañas ni sus caminos son iguales ni todos los días se caminan con la misma energía. En montañismo, avanzar más lento suele ser más seguro que apresurarse. Jorge Zuñiga, otro montañista mexicano experimentado nos comentó alguna vez: “la prisa, el exceso de confianza y la presión por “llegar a la cima” han sido responsables de innumerables accidentes”.

En mi caso, me tocó ver cómo bajaban el cuerpo de Paolo, un joven de 14 años que había sido reportado como desaparecido en el Iztaccíhuatl. Es un momento que te sacude: de reflexión, de conciencia y de una tristeza inmensa al saber que un camarada cayó en el volcán y no regresó a casa. Ver cómo descendían su cuerpo, cargado por héroes sin capa, es una escena que inevitablemente te rompe y te hace llorar. No es momento de juzgar ni de criticar, porque no sabemos qué pasó realmente ni qué circunstancias lo llevaron a subir. Lo que sí queda claro es la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y la necesidad de no poner en riesgo ni comprometer la vida de otros.

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La Joya, Iztaccíhuatl / Foto: Raymundo Rangel Laguna

Saber regresar también es parte del montañismo

Existe una idea equivocada de que el éxito en el montañismo se mide solo por alcanzar la cumbre. En realidad, el verdadero logro es regresar con vida y sin incidentes. Renunciar a tiempo no es fracaso, es una decisión inteligente. La montaña seguirá ahí; las condiciones ideales no siempre.

“No te preocupes, hay más tiempo que vida, es bueno decir que no, ya llegará tu momento”, dijo alguna vez el líder de Grupo de Alta Montaña México, Juan Bernal Sampallo, a un novato montañista por ahí del 2008 tras no lograr la cima en el Iztaccíhuatl.

Muchos montañistas experimentados coinciden en que la madurez en la montaña llega cuando se aprende a escuchar al entorno y al propio cuerpo. El cansancio extremo, la deshidratación, la hipotermia o la falta de oxígeno no siempre avisan de forma evidente. Ignorar esas señales puede convertir una excursión en una emergencia.

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"El Pecho" en el Iztaccíhuatl / Foto: Raymundo Rangel Laguna

Montañismo con respeto: una responsabilidad compartida

Practicar montañismo también implica responsabilidad colectiva. Avisar a familiares o autoridades sobre la ruta, respetar los senderos, no dejar basura y no sobreestimar capacidades ayuda no solo a quien sube, sino también a rescatistas y comunidades locales. Cada rescate moviliza recursos, tiempo y vidas humanas.

Hablar de montañismo, diría el experto montañista, Carlos Durán, “también exige respeto, implica decir algo que a veces incomoda: la montaña no es turismo. No es un paseo ni un fondo para la foto. Es una disciplina que exige cabeza y respeto absoluto por la naturaleza”. En pocas palabras, quien sube entra a un espacio que no le pertenece y que cada decisión, desde el paso que da hasta lo que deja atrás, tiene consecuencias. La montaña no se usa, se entiende; no se consume, se respeta.

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