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(FOTOS) De Chalchoapan a Luis Méndez, secretos, ruinas y refugios en la Iztaccíhuatl

Entre ruinas y vestigios, los refugios de la Iztaccíhuatl cuentan historias de esfuerzo, camaradería y recuerdos que sobreviven al tiempo. Desde Chalchoapan hasta Luis Méndez, cada espacio refleja la memoria viva de los montañistas mexicanos.

Refugios y susurros de la Iztaccíhuatl: memorias de altura
Refugios y susurros de la Iztaccíhuatl: memorias de altura

Subir al volcán Iztaccíhuatl no es solo medir fuerzas con la altura: es caminar entre historias y ecos que el viento guarda entre las piedras. Cada refugio que encontramos, ya sea en pie o en ruinas, es un testigo silencioso de quienes se atrevieron a enfrentar la montaña. Como decía Juan Bernal Sampallo, alpinista y testigo de generaciones, recientemente fallecido: “estos lugares eran más que techos y paredes, eran brazos extendidos a quienes soñábamos con tocar el cielo”.

El viento que recorre las cumbres parece susurrar relatos de quienes caminaron antes que nosotros. “Cada roca guarda un secreto, cada sendero, un recuerdo”, comenta la alpinista experimentada: Narda Milena, evocando los refugios que ya no existen. Entre la niebla y las cumbres, los ecos de risas, pasos y charlas resuenan entre las piedras, recordándonos que cada refugio fue más que un techo: era un hogar suspendido entre el cielo y la tierra, un refugio donde los montañistas hallaban abrigo y compañía en medio del silencio blanco de la altura.

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Chalchoapan / Foto: Raymundo Rangel

Antes de cada ascenso, los refugios marcaban un hito, un lugar donde detenerse, mirar atrás y recobrar fuerzas. “La Iztaccíhuatl no solo se escala con piernas, se asciende con memoria y respeto”, dice su servidor, y esas palabras cobran vida en cada vestigio que aún sobrevive.

Refugios que aún cobijan a los montañistas

  • Refugio Otis McAllister: Ubicado en la ruta intermedia-difícil, con instalaciones mínimas, es un lugar confiable para descansar y reagruparse durante las expediciones largas y como último punto rumbo a la cima por la Arista del Sol.
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Refugio Otis McAllister / Raymundo Rangel
  • Refugio Téyotl: Construido en 1956, mantiene su estructura y se utiliza de manera regular por montañistas que ascienden por las rutas clásicas: Cabeza, Pecho, o inclusive el volcán Téyotl.
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Refugio Téyotl / Raymundo Rangel
  • Refugio del Paso de Cortés / Refugio de los 100: Punto de paso habitual en rutas largas, con instalaciones básicas para descanso y abastecimiento, sigue siendo un recurso activo para escaladores y excursionistas. Regularmente suben las personas provenientes de los famosos “Portillos” y de ahí a las rodillas de la Iztaccíhuatl.
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Refugio "El 19" / Raymundo Rangel
  • Refugio Huilango (Albergue Puebla): Construido por el CEMAC en 1949, su estructura se conserva parcialmente. Aunque el desgaste es evidente, sigue sirviendo como punto de referencia y abrigo en la vertiente oriental de la Iztaccíhuatl.
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Refugio Huilango (Albergue Puebla) / Facebook
  • Refugio Luis Méndez (restos temporales): Aunque destruido tras un descuido de un o unos montañistas que dejaron la puerta abierta, una tormenta de nieve lo destruyó. Sus restos algunos montañistas lo usan de manera improvisada como campamento temporal durante expediciones en la zona conocida como la rodilla de la Iztaccíhuatl.
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Así era Refugio Luis Méndez / Facebook

Refugios que ya no existen o están fuera de servicio

  • República de Chile: Construido en 1950, fue durante décadas un refugio esencial para los escaladores. Un incendio en el 2000 lo redujo a cenizas; hoy solo quedan restos de sus cimientos. “El humo se llevó su nombre, pero nunca nuestro recuerdo”.
  • Cruz Roja Mexicana: Inaugurado en 1953, servía como punto de auxilio en caso de emergencia. Con el tiempo y la falta de mantenimiento, quedó completamente destruido.
  • La Joya: Erigido en 1958, dejó de operar como refugio y actualmente funge como punto de partida para las rutas más transitadas.
  • Esperanza López Mateos: Construido en 1959, fue desmantelado. Lo que alguna vez fue un lugar de descanso hoy solo vive en la memoria de los montañistas.
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Grupo de Montañistas en el extinto López Mateos / Facebook Alpinismo Mexicano
  • Chalchoapan: También de 1959, quedó destruido tras un incendio. Ubicado en la ruta hacia el Refugio de los 100, aún sirve como planicie de descanso. “Allí uno siente la soledad y el respeto que la montaña exige”, nos cuenta un montañista experimentado.
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Restos de lo que era el Refugio de Chalchoapan / Raymundo Rangel
  • Refugio Láminas: Refugio Láminas: Punto estratégico para descanso durante ascensos, con refugio sencillo pero funcional, todavía, por sus paredes, no tiene techo, para grupos de montañistas es escencial ya que conecta con el Valle del Silencio y también puedes encaminarte a Chalchoapan.
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Refugio Láminas / Especial

Refugios históricos y puntos poco documentados

  • Refugio El Mirador: No es un refugio formal, pero funciona como resguardo improvisado en rutas intermedias. “Cada piedra parece susurrar: aquí alguien descansó antes que tú”, se ubica en el acueducto que va de Nexcolanco (3400 metros) a Trancas. Pasos atrás está otro que parece refugio, conocido como “El Comedor”, posiblemente fue hecho por la compañía papelera de la extinta fábrica de papel de Rafael para alimentar a todos los trabajadores que hicieron todas las construcciones incluyendo el canal, nos revela el histórico montañista de ‘Montaña Sagrada’, Carlos Durán.

“Era como una casa para los vigilantes (guardabosques). Yo lo conocí cuando estaba en uso. Nunca lo vi abierto pero tenía una puertecilla en la puerta que podíamos abrirla y ver una habitación bien habilitada”, añade Carlos Durán.

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El Mirador en las faldas de la Iztaccíhuatl / Raymundo Rangel
  • Refugio de Trancas: Ubicado en el paraje homónimo, algunos grupos lo usan como campamento. Su estructura original se perdió casi por completo.
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Refugio Trancas / Facebook
  • Refugio Hueyatlaco o Casa de Piedra: Situado entre la Cascada de la Burbuja y el Otis McAllister, sirve como hito de referencia. “Aunque viejo y desgastado, siempre nos guía como un faro en la niebla”, revela Isaías Laguna, montañista con 21 años de experiencia y miembro de Club Alpino AIRE.
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Huellas del pasado en la Iztaccíhuatl

Cada refugio, ya sea intacto, en ruinas o solo un vestigio, es un capítulo del montañismo mexicano. Son lugares donde se tejieron amistades, se compartieron historias y se enfrentaron los elementos. Como dice un viejo lema de escaladores:

“No subimos la montaña para conquistarla, sino para conocerla y respetarla”.

Hoy, los refugios de la Iztaccíhuatl siguen ahí, entre rocas y nubes, recordándonos que cada ascenso es también un viaje al pasado, un homenaje a quienes dejaron su huella y a quienes seguimos soñando con tocar el cielo.

Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más


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