Téyotl: la caminata que enseñó la fuerza de la montaña y del compañerismo
Entre lluvia, neblina y el “mal de altura”, un grupo de senderistas descubrió que la montaña se conquista con corazón y equipo.

Somos un grupo variado, algunos con experiencia y otros con salidas ocasionales y algunos que apenas comienzan. Salimos de la ciudad a las 4:45 a.m y llegamos al Parque Ecoturístico Dos Aguas en San Rafael, Estado de México en el Iztaccíhuatl a las 6:35 a.m., apenas 25 minutos antes de la cita. La caminata inició a las 7:30 am, con un clima fresco y amenaza de lluvia.
El Volcán Téyotl, con sus 4 mil 660 metros sobre el nivel del mar, al norte de la Iztaccíhuatl, conocido como “La Mujer Dormida”. Su ascenso no es solo un recorrido físico: es un diálogo constante con la montaña, que exige respeto y atención. Como dice la montañista Claudia Rojas: “Cada roca del Téyotl nos recuerda que la montaña no se conquista con fuerza, sino con paciencia y humildad”.
Caminando juntos: camaradería y empatía en acción
A lo largo del camino, el grupo se dividió: algunos compañeros tomaron la ruta de la Ciénega por la famosa rampa “La Matadora”, mientras que otros seguimos por la ‘Loma Corta’. La lluvia y la neblina endurecían la caminata, haciendo que cada paso fuera un desafío, y el cansancio se multiplicaba con el peso de las mochilas más pesadas que lo normal.
Al llegar a los 4 mil 100 metros, una compañera sufrió el famoso mal de altura. Fue entonces cuando recordé la frase de Jorge, un compañero experimentado: “Un camarada nunca abandona a otro camarada, hasta que concluyan el viaje que iniciaron juntos”. Retrocedí, la acompañé, cargué parte de su mochila y la ayudé a descansar, mientras el grupo continuaba su avance.
La montaña enseñó, una vez más, que la cumbre no siempre es lo más importante; lo valioso es la empatía, el apoyo y la fuerza del equipo. Como comentó Ana Torres, montañista con más de una década de expediciones:
“En alta montaña, tu verdadera cumbre es la amistad y la solidaridad que se forja en cada paso”.
La belleza y dureza de Téyotl
Aunque la lluvia no cedió y la amenaza de tormenta eléctrica obligó a algunos a descender antes, cada paso fue un aprendizaje. La neblina escondía los senderos y los paisajes, pero también los hacía mágicos: un instante de silencio, un respiro compartido, un verde con gotas de agua, la sensación de estar vivos y juntos en medio de la inmensidad.
Al final, no alcanzamos la cima del Volcán Téyotl, pero los 4 mil 320 metros recorridos nos dejaron una enseñanza profunda: la montaña es bella, pero exige respeto; la experiencia es dura, pero más valiosa cuando se comparte; y el verdadero triunfo es llegar todos con bien, apoyándose unos a otros.
Como dijo Juan Bernal Sampallo: “El Volcán Téyotl nos recuerda que en la montaña, como en la vida, no importa solo llegar, sino cómo llegas y con quién caminas”. Todos llegamos con bien a casa y listos para nuevas aventuras.
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Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más








