Tres volcanes con nombre femenino: las leyendas que dieron identidad a Iztaccíhuatl, La Malinche y Tacaná
En la cosmovisión prehispánica, varios volcanes de México no solo fueron montañas sagradas, sino símbolos femeninos ligados al amor, la pérdida y la eternidad.

Los volcanes Iztaccíhuatl, La Malinche y Tacaná comparten un origen mítico donde la naturaleza y las emociones humanas se funden en relatos que aún hoy dan identidad al paisaje.
Desde tiempos ancestrales, los volcanes han sido más que formaciones geológicas: representan deidades, guardianes y protagonistas de leyendas que explican el mundo. En México, algunos de los colosos más imponentes están asociados a figuras femeninas, cuyos nombres y siluetas reflejan historias de amor, traición y transformación.
Estas narraciones, heredadas de culturas como la mexica y la maya mam, siguen vivas en la memoria colectiva y en la forma misma de las montañas.
Iztaccíhuatl, “La Mujer Dormida”
El nombre Iztaccíhuatl, de origen náhuatl, significa “mujer blanca”. Este volcán inactivo con 5 mil 230 metros sobre el nivel del mar, es fácilmente reconocible por su silueta, que recuerda a una mujer recostada, cubierta por nieve, lo que le dio el apodo de “La Mujer Dormida”.
La leyenda más conocida relata el amor trágico entre la princesa Iztaccíhuatl y el guerrero Popocatépetl. Engañada por un rival, la joven creyó que su amado había muerto en batalla y falleció de tristeza. Al regresar victorioso, Popocatépetl mandó construir una enorme tumba y colocó el cuerpo de la princesa en la cima para velar su sueño por la eternidad, dando origen a la montaña.
La Malinche o Matlalcueye, la montaña de la falda azul
Ubicada en Tlaxcala, esta montaña con una altura de 4 mil 461 metros sobre el nivel del mar es conocida por su nombre prehispánico Matlalcueye, que significa “la de la falda azul-verde”. Aunque suele llamarse volcán, hoy es considerada una montaña de gran importancia cultural y simbólica.
Su nombre popular se asocia con Malintzin, también conocida como Doña Marina o La Malinche. Una de las leyendas cuenta que, tras sentirse traicionada por Hernán Cortés, se refugió en esta montaña. Otra versión señala que La Malinche estaba enamorada del Popocatépetl, pero al no ser correspondida, pues él amaba a Iztaccíhuatl, se retiró a Tlaxcala, transformándose en la montaña que hoy lleva su nombre.
La princesa Tacaná y el guerrero Tajumulco
En la frontera natural entre México y Guatemala, el volcán Tacaná (4 mil 092 metros de altura) protagoniza una leyenda de origen maya mam, en la que aparece como una princesa enamorada del guerrero Tajumulco, el volcán más alto de Centroamérica.
Este relato simboliza la unión y dualidad de ambos colosos: Tacaná, del lado mexicano, y Tajumulco, en territorio guatemalteco. La historia habla de un amor sin fronteras, eterno y profundo, que trasciende lo físico para habitar también en el plano espiritual y mental.
El nombre Tacaná proviene del vocablo mam (Cultura Mam en Unión Juárez, Chiapas y parte de Guatemala), asociado a “Casa del fuego” y, en algunas interpretaciones, a la figura materna, reforzando su carácter femenino y protector.
Para los pueblos originarios, estas montañas no fueron simples accidentes geográficos, sino seres vivos cargados de memoria, emociones y significado. Iztaccíhuatl, La Malinche y Tacaná siguen ahí, inmóviles y vigilantes, recordándonos que el paisaje también cuenta historias y que, en cada volcán, late una leyenda donde el amor, la pérdida y la eternidad quedaron grabados en piedra y fuego.
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Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más













