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La apicultura en el municipio de Altamira continúa siendo una actividad poco visibilizada, pese a su relevancia en la producción local y los beneficios que aporta a la salud y al medio ambiente. Productores señalan que la falta de apoyos institucionales ha complicado el desarrollo del sector.
María Félix González García, originaria del ejido Miradores, forma parte de una familia dedicada a la apicultura, actividad que —asegura— es un legado heredado por su padre y que hoy buscan preservar de generación en generación.
“Es algo muy hermoso que nuestro padre nos dejó y no queremos que se acabe, al contrario, queremos que continúe”, expresó.
Indicó que en su comunidad existen al menos 10 apicultores que, al igual que su familia, han ido integrándose poco a poco a esta actividad, enfrentando diversas dificultades, principalmente económicas.
Explicó que anteriormente la producción de miel debía trasladarse a centros de acopio, lo que implicaba altos costos de transporte y pagos poco justos por el producto, situación que los obligó a buscar alternativas para su comercialización directa.
La producción de miel se realiza dos veces al año, principalmente en los meses de mayo y octubre. Además de la miel natural, ofrecen una variedad de productos derivados como propóleo, polen, jalea real, jabones, cremas y gotas elaboradas a base de miel.
Estos productos, explicó, son comercializados directamente en la zona centro de Altamira, donde María Félix se instala los días lunes, miércoles y viernes en horario de 8:00 a 13:30 horas.
Destacó que, aunque existe una creciente aceptación de los productos, aún falta mayor difusión y apoyo por parte de las autoridades para fortalecer la actividad apícola en la región.
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