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Los únicos 2 hábitos que mejoran la salud mental y el bienestar emocional

Desde la psicología, este hallazgo refuerza la idea de que los beneficios no dependen solo del entorno, sino de la conciencia y la integración de la experiencia. 

psicología, salud mental
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El vínculo entre naturaleza y bienestar ha sido ampliamente abordado desde la psicología, especialmente en contextos urbanos donde el estrés, la ansiedad y la sobreestimulación forman parte de la vida cotidiana. En los últimos años, distintas investigaciones han demostrado que el contacto con espacios verdes —parques, plazas, jardines o bosques urbanos— genera mejoras medibles en la salud mental, incluso cuando ese contacto es breve y no supera los 15 minutos diarios.

Desde la perspectiva psicológica, estos efectos no son casuales. La exposición a entornos naturales favorece la regulación emocional, reduce los niveles de cortisol y mejora la atención sostenida. En particular, los bosques urbanos se asocian con una disminución de síntomas de ansiedad y depresión, mientras que otros espacios verdes tienden a incrementar la energía subjetiva y la capacidad de concentración, dos variables clave para la salud mental en poblaciones jóvenes.

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Un estudio reciente de la Université de Montréal aporta evidencia sólida a esta relación, enfocándose específicamente en jóvenes adultos. Liderada por el investigador Corentin Montiel y supervisada por la profesora Isabelle Doré, la investigación cobra relevancia frente al deterioro del bienestar psicológico registrado en Canadá durante la última década. Entre 2011 y 2018, los trastornos del ánimo y la ansiedad aumentaron notablemente en personas de entre 19 y 24 años, tendencia que se agravó tras la pandemia.

A diferencia de enfoques tradicionales que se centran en datos objetivos —como la cantidad de áreas verdes cercanas— este trabajo adoptó una mirada más alineada con la psicología contemporánea: la percepción subjetiva. Los investigadores preguntaron a 357 jóvenes del estudio MATCH cómo percibían la presencia de naturaleza tanto en su vida diaria como al realizar actividad física, utilizando una escala de valoración del 1 al 5.

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Los resultados fueron contundentes. La exposición limitada o esporádica a la naturaleza no fue suficiente para generar beneficios sostenidos en la salud mental. Solo quienes reportaron una alta percepción de entornos naturales en ambos contextos —rutina diaria y ejercicio— mostraron mejoras significativas. Este grupo obtuvo hasta 7,4 puntos más en la escala de salud mental en comparación con quienes tenían baja exposición en ambos ámbitos.

Desde la psicología, este hallazgo refuerza la idea de que los beneficios no dependen solo del entorno, sino de la conciencia y la integración de la experiencia. Hacer ejercicio en espacios percibidos como naturales potencia el bienestar, ya que la atención se orienta hacia estímulos externos agradables —sonidos, colores, movimiento— en lugar de centrarse en el cansancio o la incomodidad física, reduciendo así la carga mental.

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El estudio también pone en evidencia una dimensión social clave: el acceso desigual a los entornos verdes. Jóvenes de hogares con menores ingresos, inmigrantes y minorías racializadas suelen contar con menos oportunidades de contacto con la naturaleza, lo que profundiza las brechas en salud mental. Desde una mirada psicológica y de salud pública, los autores proponen ampliar el acceso mediante programas comunitarios y promover experiencias locales. No se trata de “huir” a la naturaleza, sino de integrarla de forma consciente en la vida diaria, una estrategia simple pero poderosa para fortalecer el bienestar psicológico juvenil.

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