Estilo y Tendencias

John Cage: el acontecimiento del sonido entre el silencio y la eternidad

En la música, los silencios son tan importantes y relevantes como los sonidos, ya que le proveen de diferentes tipos y niveles de intención a la interpretación.

John Cage creó un experimento sonoro que reta al silencio.
John Cage creó un experimento sonoro que reta al silencio.

Se han establecido hasta 12 tipos diferentes de silencios musicales, de los cuales cinco están en desuso y los otros siete se utilizan, de acuerdo con los académicos, “para separar las oraciones musicales, y proporcionar un tiempo de descanso a la interpretación”.

Pero el 5 de septiembre de 1912, en Los Angeles, California, nació John Milton Cage Jr., genio experimentador sonoro que divagaba entre los extremos y jugaba a la eternidad… Y lo cambió todo.

“No existe el espacio ni el tiempo vacíos. Siempre hay algo que ver, algo que oír. De hecho, por mucho que intentemos crear silencio, no podemos”, afirmaba en sus conferencias y escritos

Su carrera musical inició en la infancia, con su tía Phoebe Harvey, quien le enseñó a tocar el piano y esta habilidad la combinó con ejercicios de lectura e interpretación a primera vista que, junto a un ánimo y estilo improvisador, le permitieron desarrollar una técnica propia que rebasa el virtuosismo.

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Crédito: Espeicla, con imágenes de internet

Hijo de un inventor incesante y de una inquieta periodista, el pequeño John creció en un ambiente de innovación y curiosidad, que sentaron las bases para su incesante necesidad de innovar.

Tras estudiar literatura y teología, en 1930 abandonó sus estudios, pues concluyó que la universidad “no le serviría a un escritor”, y convenció a sus padres de apoyarle para viajar a la vibrante Europa, donde estaba convencido que se acercaría más profundamente al arte y la cultura.

En ese viaje, conoció la música de Johann Sebastian Bach, Ígor Stravinski y Paul Hindemith, cuya maestría le inspiró para experimentar y componer piezas cortas para piano, a partir de fórmulas matemáticas complejas, que terminó por desdeñar y desechar.

“No tenían atractivo sensual, ni poder expresivo”, aseguraba

Pero el 29 de agosto de 1952, en un auditorio rústico construido a principios del siglo XX por el poeta Herve White, ubicado al fondo de un camino de terracería boscosa, en Woodstock, Nueva York, el amigo y comparsa del innovador músico, además de virtuoso pianista, David Tudor, presentó una inquietante obra con tres movimientos, autoría de Cage.

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Crédito: Espeicla, con imágenes de internet

Un nutrido grupo de la comunidad musical clásica neoyorkina, entre los que se encontraban integrantes de la Orquesta Filarmónica de Nueva York y compositores como Morton Feldman y Earl Brown, experimentaron la obra 4’33”de Cage.

Tudor se sentó al piano, colocó la partitura de seis hojas en el atril y, tras ubicar un cronómetro al lado, cerró la tapa del piano por 30 segundos. Luego, volvió a abrir la tapa, hizo una pausa y, tras volver a acomodarse, cerró nuevamente la tapa del piano por dos minutos y 23 segundos.

Para este punto del espectáculo, una buena parte del auditorio, incómodos, molestos e, incluso desesperados, se levantaron y retiraron del lugar, vociferando contra lo sucedido y, tras repetir la rutina de apertura y cierre del piano, pasados 100 segundos más, Tudor abrió la tapa del piano, se puso de pie, e hizo una reverencia, mientras que los aún presentes, aplaudieron en un aparente gesto de cortesía…

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Crédito: Espeicla, con imágenes de internet

Con esta obra, calificada como magistral por unos, mientras que otros la consideran una estafa que se burla de su audiencia, John Cage marcó un hito en la escucha y experiencia sonoras.

Este experimento sonoro, buscaba (y argumentaba) que el público escuchara el paso del viento, la lluvia que agitaba los árboles, la respiración propia, al canto de los grillo y todos los demás sonidos que llenan el espacio y regularmente se escapan de la atención humana.

Instrumentos “compuestos” y sonido perenne

John Cage compuso decenas de piezas y realizó, o dirigió cientos de espectáculos sonoros tanto para voz, e instrumentos ortodoxos, como para otros que “arreglaba” con deformaciones, tornillos, clavos, fracturas y extraños añadidos, que regalan sonidos y experiencias únicas.

Incluso, compuso una suite que específicamente escribió para ser tocada en un piano de juguete.

Pero su obra más trascendental, por la extensión de su composición, se titula “ASLSP” (acrónimo en ingles de “As Slow As Possible”, “Tan Lenta como sea Posible”), cuya interpretación inició en 2001, en la iglesia de San Burchardi en Halberstadt, Alemania.

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Crédito: Espeicla, con imágenes de internet

Esta obra, cuya partitura está compuesta por 10 hojas de papel y 12 transparencias que guían su ejecución, está diseñada para terminar de interpretarse en un órgano especialmente fabricado para ello, en el año 2 mil 640

Con un proyecto de 639 años que, conformado por acordes que tardan más de 24 meses en cambiar y avanzan en inclusiones progresivas de tonalidades que se vuelven etéreas, John Cage demuestra que el silencio y la perdurabilidad de los sonidos, dan trascendencia al arte y a la misma humanidad.

Periodista multiplataforma con más de 35 años de experiencia profesional en noticias. Soy experimentador de la comunicación social, especializado en temas políticos y un apasionado de la literatura, la música, la filosofía, el arte y las ciencias, lo que me ha vuelto un entusiasta generador de contenidos y contador de historias; además de experto certificado por la OPS/OMS en seguridad vial y movilidad infantil. Ver más


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