CDMX

Las posadas de Justina: el legado de una abuelita que sigue iluminando a Azcapotzalco

Las posadas de Justina Millán marcaron durante décadas la vida comunitaria en la colonia Plenitud, en Azcapotzalco, y también en Santa Cruz. Aunque Justina falleció este 2025, su tradición, iniciada en 1945, sigue viva como símbolo de fe, unión y memoria familiar.

A 10 meses de haber partido, las Posadas de Justina siguen vivas en Azcapotzalco
A 10 meses de haber partido, las Posadas de Justina siguen vivas en Azcapotzalco

Puede que no conozcas a Justina Millán, pero si alguna vez has caminado por la colonia Plenitud, en Azcapotzalco, seguramente has escuchado hablar de las “Posadas de Justina. Esta tradición, cargada de magia y unión, es mucho más que un evento: es el legado de una mujer extraordinaria que, desde 1945 —o quizá un poco antes—, llenó las calles de espíritu festivo, fe y amor comunitario.

Además de la colonia Plenitud, durante los años ochenta y noventa las posadas también se realizaban en algunas casas del Barrio de Santa Cruz Acayucan, ampliando el alcance de una celebración que se volvió referencia para familias enteras y distintos barrios, siempre bajo la misma esencia de hospitalidad y convivencia.

El origen de una tradición familiar

Justina Millán nació el 26 de septiembre de 1927 en la colonia Argentina —también conocida como Argentina Antigua—, en la alcaldía Miguel Hidalgo. Hija de José Millán y Flavia Olivares, creció rodeada de costumbres profundamente arraigadas. Desde niña, “mamá Tina”, como la llamaban, vivió las celebraciones organizadas por Nicefora Olivares, mejor conocida como su Tía “Nis”, quien transformaba las noches de diciembre en cantos de fe, esperanza y comunidad.

Aquellas primeras experiencias marcaron para siempre su manera de entender la Navidad: como un acto colectivo, donde compartir era tan importante como creer.

Las posadas de Justina, símbolo de comunidad

Cuando Justina se casó con Antonio Laguna y se mudó a la colonia Plenitud, no dejó atrás esas tradiciones. A los 17 años comenzó la historia de las posadas de Justina en su nuevo hogar, en la calle Gasoducto. Con ponche caliente, cánticos tradicionales y una hospitalidad que nacía del corazón, la celebración empezó a reunir a los vecinos, replicando los cantos reforzados con cantos realizados en tierras irapuatenses.

Desde la memoria familiar, su hija Guadalupe Cala Laguna recuerda cómo las primeras posadas recorrían casas de vecinos entrañables: Doña Liove, Doña Cata, Doña Esther, José, hijo del Tío Nilo; Doña Herminia, Doña Felipa y Doña Bricia. Poco a poco, la tradición creció como un abrazo colectivo que sumaba más voces y más pasos.

Estas posadas marcaron las décadas de los setenta, ochenta y noventa, se consolidaron como un evento emblemático. Las calles de la colonia Plenitud y de Santa Cruz se llenaban de cantos, repitiendo los mismos versos popularizados siglos atrás por fray Diego de San Soria.

Bufandas, guantes y velitas encendidas acompañaban las caminatas nocturnas, mientras el aroma del ponche, los tamales, las quesadillas, los tacos y las piñatas —antes de barro, hoy de cartón— marcaban el clímax de cada noche.

Con el paso del tiempo, las posadas de Justina trascendieron la colonia. Familias y amigos que emigraron a lugares como Naucalpan y Atizapán llevaron consigo la tradición. Aunque el escenario cambiara, el corazón de la celebración permaneció intacto: compartir, convivir y mantener viva una costumbre que une generaciones.

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En los años noventa se llevaban con gran fervor las posadas de Justina / Especial

Un legado que permanece tras su partida

Aunque esta historia comenzó a contarse públicamente el año pasado, en febrero de 2025 Justina Millán falleció a los 97 años, tres meses después de haberse publicado la nota en Grupo Radio Fórmula. Murió acostada en su cama cuando dormía. Ya no encabeza las procesiones, pero su esencia sigue presente.

Este diciembre, sus hijas Rosa Marta y María Esther Laguna han tomado la estafeta, organizando las posadas con el mismo entusiasmo y el sello inconfundible de su madre, acompañadas muchas veces por sus hermanas Lupe, Tere y Carmen.

Cada año, la tradición continúa: el rezo, los cánticos y el momento en que los peregrinos son recibidos siguen llenando de calidez las calles, reafirmando que Justina nunca se fue del todo.

Las Posadas y su significado profundo

Las posadas representan el recorrido de José y María desde Nazaret hasta Belén, un trayecto marcado por el rechazo y la búsqueda de refugio. Durante nueve días, esta tradición recuerda valores como la hospitalidad, la fe y la fraternidad, convirtiéndose en un espacio de encuentro donde vecinos, amigos y familias fortalecen sus lazos.

Aunque las posadas de Justina ya no son las mismas sin ella, su familia ha decidido preservar las tradiciones que trajo desde 1945 y que nacen de raíces familiares provenientes de su colonia de nacimiento Argentina y reforzadas con cantos provenientes de Irapuato. Caminar por las calles, cantar bajo el cielo decembrino y compartir alimentos es seguir formando parte de algo más grande: el legado de Justina Millán.

Porque estas posadas no son solo una tradición. Son un acto de memoria, un regalo de amor y una prueba de que la Navidad no vive en los adornos ni en los regalos, sino en el corazón de quienes la comparten. Y que las costumbres y la cultura no tienen por qué terminar, sino todo lo contrario: deben mantenerse vivas por el simple hecho de recordar de dónde venimos, honrar a quienes nos enseñaron a compartir y seguir reuniéndonos para creer, acompañarnos y construir comunidad.

Con amor y admiración de tu nieto.

Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más


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