Opinión

Termina la fase regular, comienzan las verdaderas pruebas

Si Universidad quiere terminar con una sequía de 15 años sin campeonato, tendrá que empezar justamente por ahí: venciendo al enemigo más incómodo.

Opinión de Raúl Orvañanos. Créditos: Cuartoscuro
Opinión de Raúl Orvañanos. Créditos: Cuartoscuro

La última jornada del Clausura 2026 cambió hasta el último suspiro, desde el liderato hasta el octavo lugar, y dejó una liguilla marcada por la incertidumbre, por las convocatorias de selección y por la sensación de que varios gigantes llegan más por historia que por lo hecho en el torneo regular.

Pumas UNAM terminó como líder general con 36 puntos, empatado con Guadalajara, pero con mejor diferencia de goles, un solo gol, después de vencer 0-2 a Pachuca en una noche tensa, con polémica arbitral, expulsiones y bronca incluidas. El equipo universitario hizo lo necesario: golpeó temprano, aprovechó la superioridad numérica y administró con autoridad una ventaja que le entregó algo más que el primer lugar; le dio la etiqueta de favorito.

Después de años de irregularidad, de proyectos a medias y de discursos que se agotaban rápido, Pumas encontró en este semestre una comunión que hacía tiempo no proyectaba. Aun con gestos polémicos, declaraciones incómodas y un entorno históricamente exigente, el grupo pareció unido alrededor de una idea clara. Rompió su propio récord de puntos en los torneos cortos con 17 equipos y logró que, por primera vez en mucho tiempo, el consenso lo coloque como serio candidato al título.

Pero el premio no es sencillo: en cuartos de final tendrá enfrente al rival que más cicatrices recientes le ha dejado, Club América. Y quizá ahí está la verdadera prueba de este Pumas. No basta con terminar primero; hay que derrotar al verdugo. América ha sido ese obstáculo recurrente en liguillas recientes, la piedra incómoda en el zapato auriazul. Si Universidad quiere terminar con una sequía de 15 años sin campeonato, tendrá que empezar justamente por ahí: venciendo al enemigo más incómodo.

América, por cierto, llega dejando más dudas que certezas. Después de dos victorias que insinuaban una reacción frente a Toluca y León, parecía que el cierre ante Atlas FC sería el punto de inflexión. Fue exactamente lo contrario. La derrota 0-1 como local, con penal fallado incluido, terminó por empujar a las Águilas hasta el octavo lugar y las condenó a una serie de alto voltaje frente a Pumas. El problema no fue sólo perder, sino la forma. Hubo una época en que los partidos de la última jornada se disputaban al mismo tiempo para evitar especulaciones; hoy esa práctica parece un recuerdo romántico. Mientras América jugaba, ya conocía el empate de Chivas ante Tijuana, y el partido en Ciudad de los Deportes terminó por relajarse peligrosamente. Ni siquiera después del penal errado hubo una reacción de verdadero equipo grande. Pareció un conjunto resignado, muy lejos de la autoridad que alguna vez impuso.

Ese mismo cierre también terminó por exhibir la caída de Guadalajara. Durante buena parte del campeonato fue líder, dueño de la tabla y del control del torneo, pero cerró hacia abajo: empató sus últimos dos partidos y ganó apenas uno de los cinco encuentros finales. El empate sin goles ante Club Tijuana fue suficiente para clasificar segundo, pero insuficiente para sostener el liderato. En Guadalajara se empezó a jugar otra liguilla antes de que terminara la fase regular: la de administrar ausencias. La inminente convocatoria de varios de sus futbolistas clave obligó a modificar titularidades y a darle minutos a quienes tendrán que sostener la postemporada sin seleccionados. Es una lógica entendible, pero peligrosa: nadie entra fuerte a una liguilla desarmándose para la Selección Nacional.

Y el premio tampoco fue amable. Chivas enfrentará a Tigres UANL, un equipo que tuvo uno de sus peores torneos en años, sí, pero que sigue teniendo la peligrosa costumbre de saber jugar estas instancias. Terminó séptimo, lejos del protagonismo habitual, con un semestre irregular y un rendimiento colectivo muy por debajo de lo que acostumbra, pero también con esa capacidad de encenderse cuando el contexto se vuelve eliminatorio. Su clasificación a semifinales de CONCACAF, con una remontada épica, recordó justamente eso: Tigres puede pasar semanas jugando mal y, aun así, aparecer cuando la historia exige carácter. Junto con Toluca, sigue vivo en dos competencias, y eso también habla de jerarquía.

Cruz Azul, por su parte, cerró con una goleada 4-1 sobre Necaxa que sirvió para varias cosas al mismo tiempo: asegurar el tercer lugar, romper una racha de siete partidos sin victoria en Liga MX, más dos de CONCACAF, y embolsarse el millón de dólares destinado al club con más puntos del año futbolístico. La Máquina llegó a 68 unidades acumuladas entre Apertura 2025 y Clausura 2026; de ellas, 65 fueron obra del proceso de Nicolás Larcamón y las últimas tres, bajo el interinato de Joel Huiqui, terminaron siendo pequeñas en apariencia pero enormes en narrativa. Porque ganar no sólo alivió la tabla, también limpió el ambiente. Un equipo que venía en caída libre necesitaba recordar cómo se siente cerrar con autoridad.

Del otro lado, Toluca también aprovechó la última fecha para sacudirse la mala racha. El 4-1 sobre Club León no sólo confirmó su lugar en liguilla; también apagó el último aliento de un León que todavía soñaba con meterse. El bicampeón no permitió concesiones. Toluca había firmado semanas extrañas, con una baja evidente después de un torneo que parecía mucho más sólido, pero encontró en el cierre una manera de recordar su peso competitivo. León llegaba con la urgencia y con la necesidad, pero se topó con un equipo que entendió que la mejor forma de llegar a la liguilla es volver a reconocerse.

Así quedaron los cruces: Pumas-América, Chivas-Tigres, Cruz Azul-Atlas y Pachuca-Toluca. Cuatro series que reflejan perfectamente el tono de este Clausura 2026: nadie llega completamente fuerte y nadie parece del todo descartado.

Tal vez esa sea la mejor definición del torneo. No hubo un amo absoluto ni una hegemonía clara; hubo sobrevivientes. Pumas llega como líder y favorito, pero con el peso emocional de enfrentar al rival que más lo ha golpeado. Chivas llega segundo, pero incompleto. América entra octavo, pero con el escudo suficiente para intimidar. Tigres fue irregular, pero sabe jugar finales. Cruz Azul recompuso tarde y Toluca intenta recordar su mejor versión. La liguilla empieza así: no como la celebración de un gran semestre, sino como el juicio definitivo de todos sus defectos.

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