Opinión

Chivas, un plantel que demuestra madurez

Hay una madurez competitiva muy llamativa en este Guadalajara. El equipo es joven, sí, pero emocionalmente parece mucho más curtido de lo que dicta su promedio de edad. 

Opinión de Raúl Orvañanos. Créditos: EFE
Opinión de Raúl Orvañanos. Créditos: EFE

La semifinal entre Cruz Azul y Chivas dejó una de esas noches que justifican plenamente la existencia de la Liguilla. El empate a dos goles en el Estadio Azteca tuvo prácticamente todos los ingredientes que suelen envolver las grandes eliminatorias del futbol mexicano: intensidad, dramatismo, polémica arbitral, errores individuales decisivos y, sobre todo, dos equipos convencidos de que pueden jugar la final. Fue un partido vibrante, de ida y vuelta, emocionalmente cargado y que deja completamente abierta la serie para la vuelta en Guadalajara.

Pero más allá del resultado, el gran mensaje de la noche volvió a enviarlo Chivas. Porque mientras muchos siguen esperando el momento en que el Guadalajara finalmente se desplome por las circunstancias tan particulares en las que está disputando esta Liguilla, el equipo rojiblanco continúa haciendo exactamente lo contrario. Sin cinco jugadores convocados a la Selección Mexicana, el conjunto tapatío sigue compitiendo a enorme altura, incluso contra planteles con mayor profundidad y experiencia. Y eso no ocurre por casualidad.

Hay una madurez competitiva muy llamativa en este Guadalajara. El equipo es joven, sí, pero emocionalmente parece mucho más curtido de lo que dicta su promedio de edad. No juega con ansiedad, no se victimiza por las ausencias y tampoco transmite la sensación de estar sobreviviendo una emergencia. Al contrario: el grupo parece convencido de que cualquiera que entre puede sostener el nivel colectivo. Eso habla directamente del manejo interno del vestidor, de una idea futbolística clara y de una conducción que ha logrado mantener a todos involucrados, aun cuando varios nombres importantes están fuera por convocatoria nacional.

Y lo más importante es que Chivas no solamente compite; incomoda. Cruz Azul vivió largos lapsos del partido intentando descifrar a un rival que se acomodó muy bien tácticamente y que, además, aprovechó perfectamente los errores celestes. Porque si bien la Máquina jamás dejó de atacar y los dos goles cementeros llegaron como consecuencia natural del asedio constante sobre el área rojiblanca, también es verdad que los dos tantos de Cruz Azul fueron profundamente circunstanciales.

El primero nace de un disparo de Carlos Rodríguez que parecía más un centro que un remate claro a portería, una pelota incómoda que termina sorprendiendo entre trayectorias y rebotes. Y el segundo llega mediante un penal sumamente discutible, de esos que terminan alimentando la conversación sobre el momento gris que vive el arbitraje mexicano. Porque da la impresión de que jornada tras jornada aparece una decisión polémica distinta, y en instancias definitivas el problema se vuelve todavía más delicado.

La jugada del penal sobre Christian Ebere difícilmente parece una falta contundente. Incluso existen argumentos sólidos para sostener que es el delantero cementero quien provoca el contacto buscando el choque. Lo más preocupante no es únicamente la decisión del árbitro central, sino el hecho de que, tratándose de una acción que automáticamente entra en protocolo de revisión por ser penal, desde el VAR no se haya invitado siquiera al silbante a revisar la jugada. Ahí aparece el doble error: el de campo y el de cabina. El arbitraje mexicano atraviesa un periodo preocupante en el que las equivocaciones dejaron de ser excepciones y comenzaron a convertirse en una constante incómoda.

Aun así, Cruz Azul reaccionó como suelen hacerlo los equipos grandes cuando sienten que el partido se les puede escapar. Nunca abandonó la iniciativa. Fue insistente, agresivo y emocionalmente fuerte. El problema para la Máquina volvió a aparecer donde más le ha dolido en partidos importantes: la portería.
Kevin Mier volvió a convertirse en protagonista negativo de una noche decisiva. El primer gol de Chivas nace de un error clarísimo del colombiano, incapaz de controlar un disparo relativamente manejable y dejando la pelota viva para que Santiago Sandoval aprovechara el regalo.

Y el tema ya no puede analizarse como un accidente aislado. A Mier le ha ocurrido recurrentemente en los partidos más importantes de Cruz Azul. Tiene condiciones extraordinarias, es un portero moderno, agresivo y con gran juego de pies, pero también parece convivir constantemente con el riesgo excesivo y con errores que terminan marcando eliminatorias. Ya ocurrió frente al América, ya ocurrió en torneos internacionales y volvió a suceder ahora en una semifinal.

Por eso no sería descabellado pensar seriamente en Andrés Gudiño para la vuelta. No porque Gudiño sea necesariamente mejor arquero, sino porque fue el portero azul que más actividad tuvo durante buena parte del torneo regular y porque, en eliminatorias tan cerradas, la estabilidad emocional en la portería puede terminar inclinando una serie. La discusión, por incómoda que resulte para Cruz Azul, hoy está abierta.

La sensación final es que Chivas salió fortalecido del Azteca. No ganó, pero volvió a demostrar personalidad, resiliencia y una madurez competitiva inesperada para un equipo tan joven y tan golpeado por las ausencias. Mientras tanto, Cruz Azul sigue transmitiendo una dualidad extraña: por momentos parece el equipo más dominante de la Liguilla y, por otros, vuelve a tropezar con errores individuales y decisiones arbitrales que terminan condicionándolo todo.

Y mientras la semifinal levanta esta enorme expectativa rumbo a la vuelta, hoy será turno de Pachuca y Pumas, una serie que también promete muchísimo. Ahí, ligeramente, el favoritismo parece inclinarse hacia los Tuzos. Primero, porque jugar en el Hidalgo sigue siendo una ventaja importante por ritmo e intensidad. Pero además porque Pachuca tiene algo que Pumas parece no tener con la misma claridad: fondo de plantel. Cuando Solari mira hacia la banca, normalmente encuentra soluciones reales para modificar partidos; cuando Pumas necesita respuestas desde los suplentes, la diferencia de calidad suele sentirse mucho más. Y en semifinales, donde los detalles mínimos terminan definiendo eliminatorias, esa profundidad puede terminar pesando demasiado.

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