Opinión

Los que dominaron, hoy cerca del abismo

Si se mira hacia los equipos que habían dominado la conversación en torneos recientes, el panorama es mucho más áspero. América, Monterrey, Tigres y Toluca representan hoy cuatro formas distintas del desencanto

Opinión de Raúl Orvañanos. Créditos: EFE
Opinión de Raúl Orvañanos. Créditos: EFE

La Jornada 15 dejó una idea clara del cierre del Clausura 2026. A estas alturas ya no alcanza con hablar de inercias vagas ni de candidatos por costumbre. La fase regular entra a su última semana, entre la fecha de media semana y la jornada final del sábado 25 de abril, y lo que se ve hoy es un torneo que se está partiendo entre equipos que llegan enteros al cierre y otros que viven de recuerdos recientes. La tabla lo confirma: Chivas lidera con 34 puntos, Pachuca ya es segundo con 31, Pumas tercero con 30, Cruz Azul cuarto con 29 y Toluca quinto con 27; detrás vienen América, Atlas y León empatados con 22, mientras Tigres quedó noveno con 21 y Monterrey ya está fuera de la pelea.

En ese contexto, Pachuca y Pumas son probablemente las dos notas más sólidas del fin de semana. No necesariamente porque hayan firmado exhibiciones deslumbrantes, sino porque llegan a la recta final con una identidad reconocible y con la sensación de que sus puntos sí corresponden a lo que producen en la cancha. Pachuca fue a Monterrey y ganó 1-3 en el BBVA para tomar el subliderato, mientras Pumas venció 2-0 al Atlético de San Luis para asegurar su boleto a la Liguilla. Los dos resultados pesan más de lo que parece: uno porque confirma a los Tuzos como un equipo serio en el cierre, y el otro porque ratifica que el cuadro universitario ha dejado de competir a rcuentagotas para empezar a competir con continuidad.

Lo de Pachuca tiene un mérito adicional: no vive del ruido mediático de otros planteles, pero sí de una convicción cada vez más visible. Después del triunfo sobre Rayados, se regoge una frase de Esteban Solari que define bien a su equipo: “humilde, de pico y pala”. La expresión no es menor, porque resume a un club que no necesita impostar grandeza para volverse peligrosísimo. Pachuca no ha llegado al subliderato por accidente ni por una racha suelta; llegó porque compite con orden, porque su idea no se descompone con facilidad y porque, a diferencia de varios de sus rivales directos, no transmite desunión interna.

Pumas, por su parte, también llega con una lectura favorable, aunque distinta. El 0-2 sobre San Luis no fue un paseo, pero sí una muestra de madurez. Juninho abrió el marcador de penal y Jordan Carrillo cerró el partido a balón parado, en una victoria que le dio al equipo de Efraín Juárez la clasificación matemática. Más allá del marcador, el dato relevante es otro: Pumas está en 30 puntos, en tercer lugar, y aún puede pelear por cerrar arriba porque su calendario todavía le ofrece una ruta exigente pero estimulante: recibe a Juárez este martes 21 de abril y cierra el sábado 25 visitando a Pachuca. Es decir, no sólo está clasificado; está entrando en ritmo competitivo justo cuando el torneo empieza a exigir constancia.

Si se mira hacia los equipos que habían dominado la conversación en torneos recientes, el panorama es mucho más áspero. América, Monterrey, Tigres y Toluca representan hoy cuatro formas distintas del desencanto. En el caso azulcrema, la victoria 2-1 sobre Toluca fue oxígeno puro, pero no una absolución. América está sexto con 22 puntos, empatado con Atlas y León, y su cierre es claro: León y Atlas, ambos rivales directos, cada tropiezo tiene impacto doble porque no sólo frena a las Águilas, sino que empuja al competidor inmediato.

Por eso el problema del América no se resuelve con el resultado del sábado. El equipo ganó, sí, pero sigue dejando la impresión de que queda apenas el dibujo de lo que fue el tricampeonato. Desde marzo, América tuvo el peor arranque en puntos de la era Jardine, y aunque el triunfo ante Toluca le devolvió margen en la tabla, no corrigió las señales de fondo: plantel corto, refuerzos de impacto menor al esperado y un funcionamiento que rara vez luce conectado de punta a punta. Ganarle a Toluca lo mantiene vivo; no lo devuelve automáticamente a su antigua jerarquía. Hoy América no impone condiciones: sobrevive a ellas.

Tigres también está lejos de su versión más confiable. El empate 1-1 ante Necaxa lo dejó noveno con 21 puntos, fuera de la zona de acceso directo a la fase final, y ahora se juega la vida ante Atlas y Mazatlán. El cuadro felino todavía depende mucho de sí mismo, pero ya no transmite la autoridad de otros cierres. La lectura más amable es que parte de su energía está puesta en la Copa de Campeones CONCACAF, donde sí parece haber una prioridad competitiva más nítida; la menos amable es que, incluso con ese contexto, un club de este calibre no debería llegar al cierre del torneo local al borde del precipicio. Si queda fuera de la Liguilla, sería su primera ausencia desde el Apertura 2014.

Y luego está Monterrey, cuyo caso ya no admite demasiados rodeos. La derrota 1-3 en casa frente a Pachuca no sólo fue otro mal resultado: fue una escena casi simbólica del torneo regiomontano. Rayados está 14 de la tabla con 15 puntos y ya aparece entre los eliminados. El tercer gol tuzo, retrató a un equipo desconectado, blando en momentos decisivos y sin una respuesta emocional a la altura del contexto. Monterrey rompió su racha de clasificaciones consecutivas, vigente desde el Apertura 2016. No se trata sólo de una mala campaña; se trata del fin de una continuidad que parecía estructural. Por eso pensar en una reestructuración profunda no suena exagerado, sino inevitable.

Toluca merece un matiz distinto. No está en crisis terminal ni ha comprometido de verdad su presencia en la Liguilla; con 27 puntos sigue quinto y le basta una victoria más para asegurar su boleto. Pero su derrota ante América sí reveló algo incómodo: el bicampeón ya no atraviesa el torneo con la serenidad del que sabe exactamente quién es. Suma cinco partidos sin ganar, y además el cierre del juego ante América derivó en una bronca que ya provocó sanciones para varios involucrados, incluidos Helinho, Henry Martín y Antonio Mohamed. Ahí está el síntoma. No es sólo la racha; es la forma en que la frustración se está yendo de control. Y un equipo campeón puede tolerar un bajón futbolístico, pero rara vez sale ileso cuando el nervio empieza a gobernarlo.

Por eso, al acercarse el final de la fase regular, vale la pena detenerse donde hoy sí hay coherencia competitiva. Pachuca y Pumas no ocupan los primeros planos por nostalgia ni por escudo, sino porque llegan mejor al momento más delicado. Pachuca cerrará visitando a Tijuana y luego recibirá a Pumas; los universitarios enfrentarán antes a Juárez y después esa visita al Hidalgo que puede mover incluso la parte alta de la tabla. Es un cierre que no sólo premia al que más talento tenga, sino al que llegue con una idea más limpia y con menos ruido alrededor. Hoy, entre varios gigantes que discuten con sus propias sombras, tuzos y universitarios parecen ser de los pocos que entienden con claridad quiénes son y cómo quieren entrar a mayo. Y en un torneo donde tantos aspirantes se han ido encogiendo, esa claridad puede terminar siendo la diferencia más importante de todas.

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