Estilo de vida

Lo confirma la ciencia: el incienso que usas en casa puede ser tan dañino como el cigarro en estos casos

El uso del incienso es una práctica milenaria que se ha popularizado, pero un número creciente de estudios científicos sugieren que este hábito puede tener consecuencias serias para la salud

El incienso es una práctica milenaria que se ha vuelto popular en las últimas décadas CANVA
El incienso es una práctica milenaria que se ha vuelto popular en las últimas décadas CANVA

El olor a sándalo o vainilla convierte cualquier sala en un refugio sensorial. Pero ese humo agradable no es inocente: transporta gases y micropartículas que, en condiciones específicas, dañan los pulmones de forma comparable al humo de tabaco ambiental. La evidencia más reciente no viene de blogs ni de anécdotas, sino de artículos revisados por pares.

Un estudio publicado en Nature (Scientific Reports, 2024) de observó a 431 personas con diabetes y se halló que quienes quemaban incienso en interiores tenían mayores probabilidades de presentar función pulmonar reducida frente a quienes no lo hacían. La señal fue más clara en hombres. El estudio apunta a que si tienes factores de riesgo y enciendes varitas en habitaciones cerradas, tus pulmones lo resienten.

¿Qué dice Nature sobre el incienso y la salud pulmonar?

El estudio reportó un aumento de 130% en la probabilidad de alteración respiratoria entre personas con diabetes expuestas a humo de incienso dentro del hogar. En varones, el riesgo fue aún mayor. Aunque es un estudio transversal (no prueba causa-efecto), ajustó por edad y otros factores, y pone sobre la mesa algo clave: para quienes ya tienen un terreno inflamatorio —como la diabetes— el humo doméstico importa tanto como la dieta o el ejercicio.

¿Por qué el humo del incienso puede parecerse al del cigarro?

Las varitas se consumen por combustión lenta e incompleta. Ese proceso libera monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre, además de compuestos orgánicos volátiles como benceno, tolueno y formaldehído. Revisiones científicas han documentado que, por cada gramo quemado, el incienso puede emitir más de cuatro veces la cantidad de partículas finas de un cigarro.

En pruebas de laboratorio y mediciones en templos y hogares, los niveles de formaldehído y otras sustancias han superado guías de calidad del aire, y se han detectado hidrocarburos aromáticos policíclicos con potencial carcinógeno. Esa mezcla, respirada sin ventilación, irrita vías aéreas y favorece procesos de estrés oxidativo e inflamación; justo los mecanismos que también activa el humo del tabaco.

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El estudio publicado en Nature revela que los residuos causados por el quemar incienso y el cigarro son similares

¿Quiénes deberían evitar quemarlo en casa?

Personas con diabetes, asma, EPOC, niños, embarazadas, adultos mayores y quienes ya están expuestos a otras fuentes de humo interior. Si el espacio es pequeño y sin corrientes de aire, el riesgo se multiplica. En esos escenarios, el incienso puede ser tan nocivo como fumar cerca o convivir con humo de segunda mano.

¿Cómo reducir el riesgo si te gusta el aroma?

Si decides usarlo, abre ventanas para crear ventilación cruzada, limita el tiempo de combustión y evita encender varias varitas a la vez o en cuartos donde duermen niñas y niños. Considera difusores eléctricos o velas sin hollín para aromatizar. Y si tienes enfermedad respiratoria o diabetes, la opción más segura es prescindir del incienso en interiores y reservar los aromas para opciones sin humo.

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Si decides seguir usando incienso, hazlo por menor tiempo y con las ventanas abiertas

La ciencia confirma que el incienso no es tan inofensivo. Igual que con el cigarro, la clave está en reducir exposición y proteger a quienes más pueden salir afectados.

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