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5 recetas tradicionales que no pueden faltar para celebrar Día de Muertos

Estas 5 preparaciones nunca pueden faltar en la mesa o en los altares para el Día de Muertos. 

Qué comida nunca falta en Día de Muertos
Qué comida nunca falta en Día de Muertos

Si estás preparando tu altar o tienes que ser el anfitrión de una celebración de Día de Muertos, a continuación te diremos cuáles son los 5 platillos o comidas típicas que no pueden faltar.

¿Qué comida o platillos nunca faltan en Día de Muertos?

Pan de muerto

El pan de muerto es sin dudas la comida o la receta más representativa del Día de Muertos. Es un pan dulce con forma redonda, el cual está decorado con tiras que representan huesos y una bolita central que simboliza el cráneo.

Por lo general está cubierto de azúcar y suele tener aroma a azahar (como el pan dulce de Navidad) o anís. Se usa en altares y ofrendas para difuntos y combina muy bien con chocolate caliente.

Calaveritas de azúcar o chocolate

Las mismas se decoran con colores brillantes, y simbolizan la muerte alegre y juguetona. Suelen llevar el nombre del difunto o de las personas vivas como forma de recordar que todos compartimos el mismo destino en esta vida. Si bien las originales son de azúcar, también se pueden hacer de amaranto.

Tamales

No hay nada más rico que unos buenos tamales, los cuales se preparan con masa de maíz y rellenos de carnes, chiles, frutas o moles, envueltos en hojas de maíz o plátano. Este platillo típico representa la unión de lo sagrado y lo cotidiano.

Cada región de México le añade su toque personal, ya sea porque son de mole, verdes, dulces, etc.

Mole

Se trata de un guiso espeso que está hecho a base de chiles, especias, chocolate y semillas. No es apto para aquellas personas que no están acostumbradas a consumir especias.

El mole poblano suele servirse con pollo o guajolote (pavo) y es considerado un platillo ideal para las fiestas y celebraciones como el Día de Muertos.

Atole o champurrado

Se trata de una bebida caliente que se elabora a base de maíz, y están endulzadas con piloncillo y aromatizadas con canela.
El atole es más ligero, mientras que el champurrado lleva más chocolate. Sin embargo, ambas se sirven para acompañar el pan de muerto y simbolizan el calor y la vida, ayudando a sobrellevar las noches frías de noviembre.

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