Gasolina en llamas
El verdadero interruptor del abasto y los precios se encuentra en Oriente Próximo y no en Palacio Nacional.

La presidenta de México prometió que las gasolinas no volverían a incendiar el ánimo social justo cuando el país enfrenta combustibles instalados en la zona de los 23 pesos por litro para la Magna, más de 27 para la Premium y alrededor de 28.5 para el diésel. Esa “estabilidad” se sostiene sobre una fragilidad estructural: cerca del 52% de la gasolina automotriz vendida en el país es importada; solo el 48% proviene de refinerías nacionales.
El mantra de la “soberanía energética” se convierte en eslogan hueco frente a una realidad donde el verdadero interruptor del abasto y los precios se encuentra en Oriente Próximo y no en Palacio Nacional.
La presidenta no controla el precio del petróleo, solo decide quién paga el choque: si Pemex vía más deterioro financiero o si el automovilista con un gasolinazo que tendría un costo político inmediato.
La paradoja es brutal: el Estado celebra la bonanza petrolera que le deja más ingresos por exportar crudo caro, mientras usa esos mismos recursos para subsidiar la gasolina que el país importa de Estados Unidos a un costo creciente.
En México, cada litro “barato” de gasolina es un pacto perverso: compramos paz social a cambio de hipotecar el mañana en un mercado que se decide muy lejos de nosotros.
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José Cárdenas es periodista y conductor en RadioFórmula, con una amplia trayectoria en medios de comunicación y análisis de temas de actualidad, política y sociedad. Durante 18 años ha dirigido el noticiero José Cárdenas Informa y a lo largo de su carrera ha participado en la cobertura de acontecimientos históricos, entre ellos la primera visita del Papa a México en 1979. Es egresado de la Universidad Iberoamericana y se ha consolidado como una de las voces más reconocidas del periodismo informativo en radio, televisión y plataformas digitales. Ver más














