El dato mata relato porque la inflación no cede en la mesa
La inflación ya no golpea igual a productores y consumidores. Para unos hay señales de alivio; para otros, la carestía afecta lo esencial.

La inflación bajó en los costos de producción, pero no en la mesa de los mexicanos. En abril, el Índice Nacional de Precios al Productor, difundido ayer por el Inegi, registró una variación anual de 2.56 por ciento, frente al 6.87 por ciento del mismo mes de 2025: una caída de más de cuatro puntos porcentuales que, en condiciones normales, debería traducirse en beneficio del consumidor final. No ocurrió así. El Índice Nacional de Precios al Consumidor, también publicado ayer, llegó a 4.45 por ciento anual, por encima del 3.93 po ciento de un año antes. La brecha comprueba que los productores absorben el alivio sin trasladarlo. Ellos se benefician, pero la gente no. La diferencia no se percibe en los reportes macro. Se siente en el mercado, en la fonda y en la mesa.
El componente que más castiga a las familias de menores ingresos es, una vez más, el agropecuario. El dato es brutal: frutas y verduras subieron 21.43 por ciento anual. El chile serrano: 36.27 por ciento; el chile poblano: 41.42 por ciento; el jitomate: 19.25 por ciento. No son lujos. Son los tres ingredientes sin los cuales la cocina mexicana sencillamente no existe, disparados a niveles que ningún aumento salarial reciente alcanza a compensar. Y el golpe no termina en el mercado sino donde comen millones de trabajadores: los restaurantes y similares registraron un alza anual de 6.89 por ciento, y loncherías, fondas, torterías y taquerías acumularon 5.24 por ciento en el mismo periodo. En abril, frente a marzo, esos establecimientos subieron 0.49 por ciento y los restaurantes y cafeterías, 0.68 por ciento. Por eso, la inflación aparece moderada en el índice general, pero es insoportable para millones de familias.
La electricidad bajó 14 por ciento mensual por los subsidios de temporada cálida en 18 ciudades. Sirve, pero es un alivio estacional y acotado que no toca la canasta básica. No compensa el encarecimiento acumulado de los alimentos ni resuelve el problema de fondo: los precios que más pesan en los hogares siguen sin ceder.
Para la planta productiva, el panorama es más alentador, aunque no sin riesgos. El desplome mensual de 30.28 por ciento en el precio del gas natural ofrece un respiro real a la industria intensiva en energía. Pero el diésel subió 11.86 por ciento en ese mismo lapso y el petróleo crudo, 9.06 por ciento. Los costos logísticos se mueven en sentido contrario al alivio energético. La minería acumula una inflación anual de costos de 22.15 por ciento. Tarde o temprano, todas esas presiones afectarán al transporte, a los insumos y a los precios finales.
Banxico tiene como meta que la inflación llegue al 3 por ciento en el tercer trimestre. Se anticipa una reducción de su tasa en 25 puntos base, lo que daría algo de aire a empresas y deudores, pero haría poco contra una inflación que viene de la oferta: sequía, plagas, insumos caros e intermediarios que concentran el margen entre el campo y la tienda. Con la inflación de servicios en 4.52 por ciento anual y con presiones salariales anticipadas para 2027, esa proyección luce más como aspiración que como pronóstico. Hablar de estabilidad de precios, por ahora, es prematuro.
La inflación ya no golpea igual a productores y consumidores. Para unos hay señales de alivio; para otros, la carestía afecta lo esencial. El gobierno presume que hay desaceleración y estabilidad, pero el dato, como siempre, mata el relato.
Producir cuesta menos que hace un año. Comer, no.
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