Opinión

Se despiden todos los clubes mexicanos de Leagues Cup

La Liga MX vuelve a caer en Leagues Cup y parece dejar un claro mensaje: ya no domina la zona.

México no podrá ganar una vez más la Leagues Cup, pero parece que no está interesado Cuartoscuro/Especial Cuartoscuro/Especial
México no podrá ganar una vez más la Leagues Cup, pero parece que no está interesado Cuartoscuro/Especial Cuartoscuro/Especial

Por segunda edición consecutiva, la Liga MX ha quedado fuera de las semifinales de la Leagues Cup. El dato, frío y contundente, retrata un declive competitivo que ya no se puede maquillar con discursos sobre “mala fortuna” o “errores puntuales”. Lo que antes era costumbre, ver a equipos mexicanos imponer condiciones sobre los de la MLS, hoy parece un recuerdo cada vez más lejano. Y lo que hace apenas unos años habría parecido impensable, ahora empieza a normalizarse: la Liga MX cede terreno en un torneo que, en teoría, debería dominar por historia, jerarquía y tradición.

En los cuartos de final, la estadística ofrecía un escenario ideal: paridad absoluta, cuatro representantes por liga. El cincuenta por ciento de posibilidades estaba ahí, servido en bandeja, para que al menos un club mexicano se instalara entre los cuatro mejores. Sin embargo, la Liga MX volvió a quedarse corta. Donde antes se soñaba con un pleno tricolor en semifinales, ahora se celebra, con un dejo de resignación, simplemente competir. Esa resignación, incluso más que las derrotas, es lo que más preocupa: parece que la Liga MX se ha acostumbrado a perder.

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Pachuca no pudo pasar a las semifinales de la Leagues Cup.

El golpe fue todavía más doloroso por la manera en que se dieron los partidos. Pachuca, que suele presumir proyecto y cantera, quedó en evidencia cuando se trató de competir en intensidad y en manejo de los momentos clave. Tigres, que ha sido el estandarte mexicano en competencias internacionales, mostró un futbol previsible, sin chispa y sin reacción frente a Inter de Miami que le quitó la pelota y la confianza. Puebla, quizá el que menos tenía que perder, dejó en claro las limitaciones estructurales del fútbol mexicano: mucho entusiasmo, pero insuficiente calidad para competir en una fase de tanta exigencia. Y Toluca, el campeón vigente de la Liga MX, tampoco logró reflejar en este torneo el peso de su título: careció de temple en los instantes decisivos y terminó desdibujado frente a un adversario con más convicción.

Hace algunos años, hablar de una Liga MX dominante no era exageración. Entre 2006 y 2019, los equipos mexicanos encadenaron más de una década de dominio en la CONCACAF Liga de Campeones, al punto de que ganar ese torneo se veía como una obligación más que como un reto. Lo mismo ocurría en amistosos de verano: los clubes mexicanos se plantaban en estadios de Estados Unidos como favoritos y pocas veces salían derrotados. Hoy, esa distancia se ha borrado. La MLS no solo ha recortado la brecha, sino que ha logrado imponer condiciones en un torneo hecho a la medida.

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Tigres cayó ante un Inter de Miami que no presentó a Messi.

El secreto no está únicamente en la inversión, aunque sin duda ha sido determinante, sino en la manera en que se ha gestionado el crecimiento. Los clubes de la MLS han apostado por infraestructura, academias, planeación deportiva y continuidad en los proyectos. Mientras tanto, en México, la Liga MX sigue atrapada en sus propios vicios: torneos cortos que priorizan la inmediatez sobre la construcción, exceso de extranjeros que limitan la proyección de talento local, y una estructura federativa que parece más interesada en proteger intereses de grupo que en elevar el nivel competitivo.

La eliminación no es solo deportiva, sino también simbólica. El futbol mexicano pierde terreno en el único espacio donde podía demostrar superioridad frente a la MLS, y con ello cede prestigio, mercado y narrativa. El aficionado en Estados Unidos, ese que históricamente seguía a los clubes mexicanos por encima de los locales, empieza a voltear hacia la MLS con mayor interés. La narrativa que antes se contaba, que la Liga MX era “más competitiva”, “más dura” y “más exigente”, hoy suena desgastada y sin respaldo en la cancha.

Los directivos mexicanos han querido justificar las derrotas con argumentos como el calendario apretado, la falta de descanso o la ventaja de que la MLS se juega de manera anual. Pero esas explicaciones se caen cuando se ve a clubes estadounidenses corriendo más, jugando con más confianza y ejecutando planes de partido más claros. La verdad es más incómoda: los equipos de la MLS se han preparado mejor y, por ahora, juegan mejor.

El problema de fondo es estructural. Mientras en Estados Unidos la liga apuesta por continuidad y proyectos a largo plazo, en México las decisiones son reactivas y fragmentadas. En la MLS se cuida el desarrollo de jóvenes y se buscan transferencias que fortalezcan el nivel general de la liga; en la Liga MX se siguen priorizando fichajes de extranjeros veteranos que aportan poco y se apuesta por técnicos de emergencia que cambian cada seis meses. El contraste es brutal. Para colmo, la Liga MX se ha quedado sin un plan estratégico que unifique su identidad. La pausa de ascenso y descenso ha creado un campeonato sin presión real en la parte baja de la tabla, lo cual reduce la exigencia competitiva. Y la ausencia de un calendario alineado con el resto del continente hace más difícil competir de manera sostenida a nivel internacional.

La eliminación de este año no es un accidente aislado: es la confirmación de una tendencia. Mientras la MLS crece, la Liga MX parece estancada en su zona de confort. El fútbol mexicano corre el riesgo de volverse irrelevante en la conversación internacional, y lo que alguna vez fue orgullo se transformará en nostalgia. Lo que debería encender alarmas en los directivos parece apenas generar declaraciones tibias sobre “seguir trabajando”. El riesgo es claro: si la MLS consolida su crecimiento y la Liga MX no reacciona, México podría perder su histórico rol de referente en la región.

La Leagues Cup, guste o no, ya dejó claro que el presente le pertenece a la MLS. Y más allá de lo que ocurra en la próxima edición, el mensaje es contundente: la Liga MX necesita una sacudida. Replantear calendarios, volver a confiar en la cantera, recuperar la seriedad de la competencia doméstica y establecer un plan a largo plazo que trascienda intereses particulares. Si los dueños y directivos no reaccionan, el futuro del fútbol mexicano será un desfile de derrotas explicadas con excusas. Y entonces, lo que alguna vez fue orgullo, quedará reducido a una simple anécdota.

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