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Más de 11 mil asistentes fueron testigos del poder de las culturas y tradiciones que hacen de Oaxaca el corazón cultural de México. Desde la Rotonda de la Azucena, arrancó la edición número 93 de la Guelaguetza, una fiesta ancestral que honra la diversidad y la hermandad de los pueblos originarios.
La celebración estuvo marcada por el compromiso solidario de las 16 etnias del estado, ya que los fondos recaudados con la venta de boletos serán destinados a apoyar a las comunidades de la Costa afectadas por el huracán Erick.
Con el acompañamiento musical de la Banda de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la representante de la Diosa Centéotl 2025, Patricia Casiano Zaragoza, dio la bienvenida a esta gran ofrenda cultural. A su lado, el gobernador Salomón Jara Cruz y la presidenta del DIF estatal, Irma Bolaños Quijano, encabezaron el evento.
Las Chinas Oaxaqueñas de Casilda Flores iniciaron la jornada con el tradicional Jarabe del Valle, marcando el inicio de una mañana llena de color, folklore y orgullo. Delegaciones de las ocho regiones del estado compartieron su música, danzas y rituales: desde el rito del matrimonio de Santa María Teopoxco, hasta la emblemática Danza de la Pluma de San Bartolo Coyotepec.
El evento también reunió a representantes diplomáticos de Dinamarca, Francia, Uruguay y Países Bajos, así como a autoridades federales y estatales que disfrutaron del desfile cultural. Cada grupo participante ofreció lo mejor de su región: chilenas, sones, fandangos y ceremonias nupciales tradicionales que hicieron vibrar al público.
La función en el inicio de la Guelaguetza cerró con la esperada participación de la delegación Flor de Piña de San Juan Bautista Tuxtepec, que hizo gala de huipiles multicolores y pasos sincronizados al ritmo de la Cuenca del Papaloapan. Como dicta la tradición, no faltó la regada de frutas, símbolo del espíritu de entrega y generosidad de los pueblos oaxaqueños.
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