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No sólo Groenlandia: el error de Trump que podría incendiar Medio Oriente

Las amenazas de Donald Trump han vuelto a encender las alertas globales, pero para el internacionalista Aníbal Garzón el conflicto central no se juega en el campo militar: Irán, Rusia y China forman parte de una disputa más profunda.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos / Imagen: Grupo Radio Fórmula
Donald Trump, presidente de Estados Unidos / Imagen: Grupo Radio Fórmula

Las recientes declaraciones y amagos del presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump, contra distintos países como sus amenazas de invadir Groenlandia han reavivado el temor a una escalada militar global. Sin embargo, el verdadero riesgo no está en una guerra directa, sino en una confrontación estructural por la hegemonía económica, financiera y energética del planeta.

En esta segunda parte de la entrevista, el geopolítico e internacionalista Aníbal Garzón señala que, desde su perspectiva, el escenario actual no apunta a un conflicto armado de gran escala, sino a una disputa prolongada en la que el poder se mide en monedas, rutas comerciales, control energético y alianzas estratégicas. En ese tablero, Irán, Rusia y China juegan un papel clave para contener y desgastar la supremacía estadounidense.

Irán, un actor que no está solo, dice

Garzón considera poco probable un ataque directo de Estados Unidos contra Irán, precisamente por las capacidades del país persa y su entramado de alianzas. A diferencia de otros escenarios del pasado, Teherán no es un actor aislado ni vulnerable.

“Irán no es Irak ni Libia. Es un país altamente preparado militarmente, con una población organizada y con alianzas estratégicas sólidas”, explica. Incluso con el respaldo de Israel, un ataque frontal implicaría un riesgo extremo para Washington.

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Servicio de emergencia de Israel en la zona del ataque por parte de Irán en 2025 / EFE

El analista subraya que esta contención no es teórica. Tras los recientes ataques israelíes en 2025, Irán respondió de manera directa, alcanzando objetivos en Tel Aviv. Aquella respuesta funcionó como una medición real de capacidades: Teherán demostró que puede responder y que no es un actor débil. Por eso, el conflicto no escaló más allá de ese punto.

Además, Irán forma parte de los BRICS, mantiene relaciones estrechas con Rusia y China y ha reforzado vínculos regionales, incluso con Arabia Saudita. En ese contexto, Garzón advierte que un ataque a Teherán no sería un asunto bilateral.

“No sería solo un conflicto entre Estados Unidos e Irán. Involucraría a Medio Oriente, a la OPEP y a una red de actores internacionales”, señala. A esto se suma la advertencia explícita de Teherán: cualquier agresión incluiría respuestas contra bases estadounidenses en la región, lo que podría detonar un conflicto regional de gran escala.

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Daños ocasionados por el ataque israelí en Teherán, Irán, en 2025 / EFE

Rusia y China: el golpe al dólar, no a las bombas

Lejos de apostar por una confrontación militar directa, Rusia y China, explica Garzón, juegan una partida distinta. “No buscan una guerra militar con Estados Unidos; eso sería suicida. Su estrategia es económica y financiera”.

Ambos países impulsan desde hace años un proceso de desdolarización del comercio internacional, promoviendo el uso de monedas locales, la acumulación de reservas en oro y la creación de mecanismos financieros alternativos al sistema dominado por Washington.

“El poder de Estados Unidos se sostiene en el dólar. Es el país más endeudado del mundo y su moneda funciona como instrumento de control global. Si el dólar pierde hegemonía, el imperio se debilita”, afirma.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / EFE

Garzón reconoce que tanto Rusia como China tienen conflictos propios, Ucrania en el caso ruso, Taiwán en el chino, pero incluso en escenarios como Groenlandia, Irán o Venezuela, su postura ha sido clara: no intervienen militarmente si no se les solicita de manera explícita.

Además, asegura que el mecanismo es claro: debilitar la hegemonía del dólar. Desde el sistema de Bretton Woods hasta el modelo de los petrodólares, Estados Unidos ha sostenido su poder financiero global. Frente a ello, Moscú y Pekín promueven intercambios comerciales en monedas locales, fortalecen el yuan y el rublo y acumulan oro como respaldo.

“Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia militar y no se le puede derrotar por esa vía. Pero su gran debilidad es económica. Ahí es donde Rusia y China concentran su estrategia”, remarca.

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El presidente de China, Xi Jinping y Vladímir Putin, su homólogo ruso / EFE

México, Colombia y Cuba: presión antes que intervención

En el caso de América Latina, Garzón descarta escenarios de intervención militar directa. Países como México y Colombia, explica, están profundamente integrados a Estados Unidos en términos económicos y estratégicos.

La presión, señala, se ejerce por otras vías: aranceles, sanciones, injerencia política y uso de poder blando. México, por ejemplo, no representa una ruptura estructural con Washington y mantiene una relación comercial clave desde los años noventa, con el Tratado de Libre Comercio y sus renovaciones posteriores.

Explica que aunque durante el gobierno del expresidente, Andrés Manuel López Obrador, se impulsó una política exterior más independiente y crítica, esa relación estructural no se rompió. La actual administración con Claudia Sheinbaum mantiene una línea de equilibrio, lo que hace poco viable un conflicto abierto.

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Los presidentes de Colombia y México, Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum, respectivamente / EFE

Sobre Cuba, el análisis del también sociólogo es distinto pero no menos revelador. El bloqueo y las amenazas no son nuevas y forman parte de una estrategia de largo aliento.

“Cuba lleva décadas bajo asedio. No es un objetivo prioritario en términos económicos, pero sí simbólico, especialmente para sectores duros de la política estadounidense. A diferencia de Venezuela o Irán, Cuba no cuenta con petróleo ni con recursos estratégicos como tierras raras o grandes reservas minerales. Su peso es más ideológico que económico", afirma.

Finalmente, Aníbal Garzón estima que lo más probable no es una intervención armada por parte del gobierno de Donald Trump, sino la continuidad de amenazas, sanciones, presión diplomática y maniobras políticas: “lo que veremos con mayor probabilidad es presión constante, no una guerra abierta”, concluyó.

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