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El 'príncipe' en el exilio: Reza Pahlavi, el opositor que pide ayuda a EU para tumbar al régimen de Irán

Desde Washington, Reza Pahlavi intensifica su llamado a EU y al mundo para presionar al régimen iraní. Mientras algunos lo ven como una alternativa política, dentro de Irán también enfrenta rechazo y desconfianza.

Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán / EFE
Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán / EFE
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Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, se ha convertido en una de las voces más visibles contra el actual régimen de Teherán. Desde el exilio, el llamado “príncipe” ha pedido abiertamente el respaldo de Estados Unidos (EU) y de gobiernos occidentales para impulsar un cambio político en su país, en medio de la creciente tensión regional y las sanciones internacionales.

El nombre de Reza Pahlavi vuelve a sonar con fuerza cada vez que se agudiza la crisis entre Irán y Occidente. Para sus simpatizantes, representa una figura capaz de encabezar una transición democrática. Para sus detractores, tanto dentro como fuera de Irán, simboliza el regreso a un pasado marcado por autoritarismo, desigualdad y represión.

¿Quién es Reza Pahlavi y qué propone para Irán?

Reza Pahlavi es hijo de Mohammad Reza Pahlavi, el último monarca iraní derrocado en la Revolución Islámica de 1979. Desde entonces vive fuera de Irán, principalmente en Estados Unidos, donde ha construido su discurso como promotor de un sistema secular y democrático.

En sus intervenciones más recientes, el opositor ha solicitado mayor presión internacional contra el régimen iraní, incluyendo sanciones más severas y apoyo político a la sociedad civil. Ha insistido en que su objetivo no es necesariamente restaurar la monarquía, sino facilitar un proceso de transición decidido por los propios iraníes mediante un referéndum.

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El hijo del sha llamó en 2025 a un levantamiento en Irán / EFE

El respaldo internacional y la narrativa occidental

En ciertos círculos políticos de Washington y Europa, Reza Pahlavi es visto como una figura moderada y articulada que podría aglutinar a la oposición en el exilio. Su discurso en favor de derechos humanos y libertades civiles le ha ganado espacios en foros internacionales y medios occidentales.

Sin embargo, ese respaldo también alimenta críticas dentro de Irán, donde el gobierno lo presenta como un actor alineado con intereses extranjeros. Para el régimen, sus llamados a la intervención o presión externa refuerzan la narrativa de injerencia occidental en los asuntos internos del país.

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Sectores que apoyan a Reza Pahlavi en Londres/ EFE

El rechazo interno y la memoria del sha

Dentro de Irán, la figura de la familia Pahlavi sigue siendo profundamente polémica. Aunque hay sectores, especialmente jóvenes inconformes con la situación económica y las restricciones políticas, que ven en él una alternativa, también existe una parte significativa de la población que asocia el periodo del sha con represión política, desigualdad social y cercanía excesiva con Occidente.

Además, el debate internacional sobre Irán suele estar cargado de narrativas simplificadas. En entrevista para esta casa editorial, el experto en Medio Oriente Ángel Horacio Molina advirtió en julio pasado que “es útil demonizar a Irán” porque, explica, el país “no se alinea ni con Estados Unidos ni con Rusia; es tercera posición y eso incomoda mucho más que un enemigo convencional”.

Para Molina, la construcción del discurso sobre Teherán responde a patrones políticos conocidos. “La estrategia es conocida: se construye un otro peligroso: el migrante del sur, el musulmán, el africano, el que llega a Europa. Irán encaja perfecto en ese molde. Alimentar el miedo al otro permite cerrar filas hacia adentro; es un aglutinador emocional que usan sobre todo los gobiernos de derecha”, sostuvo.

El especialista también recordó que “desde 1979 Irán ha sido uno de los países favoritos para ese discurso que necesita enemigos fáciles, aunque sean falsos”, y advirtió sobre los riesgos de simplificar el conflicto regional. “La región no es un caos inexplicable; es compleja, sí, pero hay que complejizar para enriquecer, no para confundir. Si no, todo se vuelve propaganda y después viene el asombro cuando el mundo arde”, sentenció.

Finalmente, en ese contexto, la figura de Reza Pahlavi queda atrapada entre la polarización externa y las fracturas internas de Irán: para unos es una esperanza de cambio; para otros, un símbolo del pasado y parte de una narrativa internacional que reduce la complejidad del país a un enfrentamiento binario.

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