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El Chernóbil latino: así fue el accidente nuclear en Brasil que retoma una serie de Netflix

Una cadena de errores, desconocimiento y manipulación imprudente convirtió un hallazgo aparentemente inofensivo en una de las peores crisis radiactivas fuera de una planta nuclear.

En América Latina en 1987 ocurrió algo similar que Chernóbil / IA
En América Latina en 1987 ocurrió algo similar que Chernóbil / IA

Si pensabas que el caso de Chernóbil en Ucrania era lo único en cuanto a fuga radioactiva, pues lo que te vamos a contar es interesante y pasó en este continente. Lo que comenzó como la exploración de un edificio abandonado terminó por desatar una emergencia sanitaria que marcaría a Brasil y al mundo. En Goiânia, en 1987, un equipo médico olvidado quedó expuesto a manos inexpertas, detonando un episodio que aún hoy estremece por sus consecuencias.

Sin protocolos ni advertencias visibles, una cápsula con material altamente peligroso fue abierta y distribuida sin control. El resultado fue una rápida propagación de contaminación radiactiva entre personas que nunca imaginaron el riesgo al que estaban expuestas.

De un hospital abandonado a una crisis nuclear sin precedentes

Todo inició cuando dos recolectores de basura ingresaron a un antiguo hospital y encontraron una máquina de radioterapia. Al desmontarla y trasladarla, accedieron a una cápsula que contenía cesio-137, una sustancia extremadamente radiactiva.

El objeto terminó en un depósito de chatarra, donde fue manipulado por varias personas. Los primeros malestares físicos no generaron sospechas inmediatas: vómitos, mareos y debilidad fueron atribuidos a causas comunes, lo que permitió que la exposición continuara, sí tal cual pasó en Chernóbil en 1986.

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Lugar contaminado por el material radioactivo / Especial

El brillo azul que desató el desastre

El material emitía un resplandor llamativo que despertó curiosidad. Lejos de alertar sobre su peligrosidad, el brillo fue interpretado como algo valioso o incluso atractivo. Algunos pensaron que podía tratarse de una sustancia con valor comercial o incluso de origen inusual, lo que incrementó el interés por manipularlo. Esa percepción errónea provocó que más personas se acercaran y entraran en contacto directo, multiplicando la exposición sin ninguna protección.

Pequeños fragmentos comenzaron a circular entre familiares y conocidos. Algunos los tocaron, otros los esparcieron sobre la piel, replicando prácticas similares a las del uso de brillantina en festividades, lo que incrementó los niveles de exposición.

Caos, miedo colectivo y una tragedia que dejó huella

Con el paso de los días, los síntomas se agravaron y los hospitales comenzaron a detectar un patrón inusual. Fue entonces cuando se planteó la posibilidad de contaminación radiactiva, dando paso a la intervención de especialistas así como con Chernóbil un año atrás.

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Contaminación radioactiva / Especial

La respuesta incluyó revisiones masivas a la población, aislamiento de casos y medidas extremas como la demolición de viviendas y la eliminación de objetos contaminados. Más de 110 mil personas fueron examinadas.

Finalmente, en Brasil el saldo final dejó víctimas mortales, decenas de afectados graves y miles de toneladas de residuos radiactivos confinados. El caso de Goiânia evidenció no solo los peligros del material nuclear mal gestionado, sino también cómo el desconocimiento puede amplificar una tragedia hasta niveles devastadores.

Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más


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