Música: el origen ancestral de un placer universal
…Y por qué no podemos vivir sin ella.

En este espacio hemos hablado de muchas y variadas músicas. Desde los más populares ritmos y creadores, hasta las y los más refinados clásicos, además de eclécticos experimentos auditivos, han dado “tela de dónde cortar” a este sastre de sonidos platicados pero, ¿cómo, cuándo y por qué hacemos y disfrutamos de la música?
Se han encontrado evidencias prehistóricas de que los sonidos rítmicos cohesionaron grupos humanos, coordinaron actividades y reforzaron vínculos sociales.
Este comportamiento habría sido heredado de homínidos quienes, a su vez, lo habrían replicado de antropoides, aves y otros animales quienes, a partir de ruidos armónicos, golpes acompasados y cantos surgidos de su organismo (cabezas, gargantas, bocas, hocicos y picos), comunicaron y comunican, órdenes, ubicación, y sensaciones o sentimientos.
(DATO CURIOSO: DEVENDRA VANOL, INVESTIGADOR EN EL INSTITUTO DE ESTUDIOS INTEGRADOS EN BIOTECNOLOGÍA Y CIENCIAS AFINES DE LA INDIA, DESCUBRIÓ QUE “ADEMÁS DE QUE CIERTAS MÚSICAS ESTIMULAN EL CRECIMIENTO, LAS PLANTAS LOGRAN DISTINGUIR Y MUESTRAN PREDILECCIÓN O RECHAZO POR RUIDOS, SONIDOS DE LA NATURALEZA, EL TRÁNSITO VEHICULAR O INCLUSO GÉNEROS MUSICALES,” LO QUE, ASEGURA, LES PERMITE COMPRENDER Y APRENDER SOBRE SU ENTORNO.)
Estudios del antropólogo y musicólogo británico Steven Mithen, han confirmado que el canto y el ritmo antecedieron al lenguaje estructurado, y funcionaron como formas primigenias de comunicación emocional.
En seres humanos, investigaciones ubican las primeras evidencias sonoras de hace más de 40 mil años, cuando ancestros europeos habrían creado pitos o flautas de hueso, con la expresa intención de crear sonidos… O sea, música.
Para la neurociencia y la musicología, este fenómeno responde a una necesidad biológica y cultural que está profunda e intrínsecamente arraigada a nuestra naturaleza.
En su libro ‘Así reacciona tu cerebro a la música’ el neurólogo, músico y director del Laboratorio de Percepción, Conocimiento y Dominio de la Música de la Universidad canadiense McGill, Daniel Levitin, afirma que “escuchar melodías estimula áreas vinculadas con la memoria, el movimiento, la emoción y el placer, lo que convierte a la música en una experiencia multisensorial única”.
“La música activa prácticamente todas las regiones del cerebro”, asegura
Vibraciones para moldear emociones
Recordemos que todo sonido es una vibración o un conjunto de vibraciones que viajan en forma de ondas a través del aire, y son captadas por el oído, para después ser convertidas en señales eléctricas que, a su vez, llegan al cerebro, donde se las interpreta como tonos, armonías y ritmos.
El psicólogo Aniruddh Patel, especialista en cognición musical y neurociencia cognitiva de la música, señala que este fenómeno es conocido como ‘arrastre’, y explica que “las canciones tienen la capacidad de alterar el estado de ánimo e incluso modificar el ritmo cardiaco de los seres humanos”.
“Las frecuencias musicales pueden sincronizarse con nuestros patrones neuronales”, asegura
El especialista detalla que la liberación de dopamina, que es el neurotransmisor asociado al placer, es pieza clave en este proceso, lo cual ha sido demostrado en estudios de la Universidad McGill, donde encontraron que, los pasajes más intensos de las piezas musicales, generan picos de dopamina similares a los que el organismo produce al comer algún antojo o experimentar emociones intensas... Sí, como el orgasmo.
De rituales a industria global
Como parte ya del comportamiento humano, la música ha evolucionado desde ser utilizada de forma exclusiva para ceremonias rituales, hasta incluso dar forma a estructuras culturales complejas.
Por ejemplo, en el antiguo Egipto, Grecia o Mesoamérica, la música cobró especial relevancia, pues cumplió funciones religiosas, políticas y sociales altamente influyentes… Y aún en la actualidad, los cantos religiosos, las plegarias orientales y el góspel dan forma y contexto a la ritualística religiosa.
(NOTA DEL AUTOR: CADA QUE TENGO OPORTUNIDAD DE COMPARTIR CON USTEDES MI PASIÓN POR LA MÚSICA Y EL SONIDO, SE ME HACE IMPERIOSO SUGERIRLES ESCUCHEN ALGUNA PIEZA MUSICAL (O ALGUNAS), Y EN ESTA OCASIÓN EL ÁLBUM “LOS PLANETAS” DE GUSTAV HOLST ME PARECE MÁS QUE ADECUADO Y ESPERO QUE, COMO A MÍ ME SUCEDE, LES COLOQUE EN UN MOOD EMOCIONAL-SONORO-ESPIRITUAL, DELICIOSAMENTE INSPIRADOR Y RELAJANTE.)
Con el tiempo, el arte del sonido amplió su espectro como lenguaje universal y en la actualidad, en plena era digital, la de la música es una de las industrias más grandes e influyentes del planeta la cual, además, conforma la identidad cultural de las personas, sus grupos e incluso sus países y regiones del mundo.
Eco que define
La música es reflejo de quienes somos dentro de nuestra especie. Desde el latido primitivo de un tambor hasta las composiciones orquestales más complejas o las piezas digitales creadas por un algoritmo, el sonido se conecta con una estructura biológica que nos lleva a sentir, recordar e, incluso, pertenecer.
Coincido plenamente con Levitin quien asegura que “la música no es un lujo, es una necesidad humana”. Y por eso, en cada nota, en cada tono, en cada silbido, tañido, rasgado, golpe o vocalización, las, los y les seres humanos encontramos una maravillosa forma de explicarnos a nosotros mismos, e intentar responder la sempiterna duda de “¿quién soy, a dónde voy y (como sabiamente afirma el maestrísimo Sergio Arau), HABRÁ BOLETOS?”
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Periodista multiplataforma con más de 35 años de experiencia profesional en noticias. Soy experimentador de la comunicación social, especializado en temas políticos y un apasionado de la literatura, la música, la filosofía, el arte y las ciencias, lo que me ha vuelto un entusiasta generador de contenidos y contador de historias; además de experto certificado por la OPS/OMS en seguridad vial y movilidad infantil. Ver más














