¿Manteca o aceite, cuál puedes volver a reutilizar sin que afecte tu salud?
En un país donde el sobrepeso y la obesidad avanzan, entender qué tipo de grasa usamos para cocinar, y si podemos reutilizarla, es clave para cuidar el corazón.

En México, la dieta diaria enfrenta un reto mayúsculo: el 39.1 por ciento de los adultos vive con sobrepeso y 36.1 por ciento con obesidad, de acuerdo con la ENSANUT 2018. Entre niñas y niños la tendencia también preocupa, pues más de un tercio presenta riesgo o exceso de peso.
En medio de este contexto, la forma en que cocinamos importa más que nunca. En las calles del país es común ver alimentos preparados en aceite, margarina o manteca que se mantienen al fuego durante horas y se reutilizan sin pausa, una práctica que, según especialistas, puede ser peligrosa.
Mariana Isabel Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología en la FES Zaragoza, advierte que recalentar estas grasas repetidamente ocasiona transformaciones que dañan la salud. Explica que muchos puestos utilizan el mismo aceite desde temprano hasta mediodía, y esa exposición constante al calor incrementa el riesgo de problemas cardiovasculares. Incluso la Organización Panamericana de la Salud ha señalado el impacto de estas grasas alteradas por el calor.
¿Qué diferencia a aceites, margarinas y manteca?
Antes de elegir qué usar para cocinar, Valdés Moreno recomienda comparar opciones y entender cómo influyen en el cuerpo. La clave está en su composición.
Los aceites vegetales, explica, son la alternativa más saludable porque permanecen líquidos gracias a su contenido de ácidos grasos insaturados, los responsables de sus propiedades benéficas.
Las margarinas, en cambio, pasan por un proceso de hidrogenación que modifica su estructura y reduce esos beneficios, lo que las coloca en un punto intermedio.
La manteca y las mantequillas, de origen animal, concentran grasas saturadas asociadas a enfermedades cardiovasculares cuando se consumen en exceso.
La especialista subraya que, sin importar cuál se elija, lo ideal es no reutilizar ninguna de estas grasas y evitar someterlas a temperaturas muy altas. En el caso de los aceites, lo mejor es emplearlos con calentamiento moderado y preferir su uso en frío, como en el aceite de oliva, para conservar sus beneficios.
El caso del aceite de coco y las grasas ultraprocesadas
Aunque se ha vuelto popular entre quienes buscan “opciones saludables”, el aceite de coco no ofrece las ventajas que se le atribuyen. Valdés Moreno señala que, a diferencia de la mayoría de los aceites vegetales, éste contiene más grasas saturadas, similares a las de origen animal. Al calentarlo, su efecto es comparable al de la manteca tradicional.
Sobre las margarinas, la recomendación es consumirlas en la menor cantidad posible, pues su proceso industrial está pensado para prolongar su vida de anaquel, no para mejorar su perfil nutricional. Lo ideal es elegir las que no tengan sellos de advertencia por grasas trans o exceso de sodio.
Finalmente, la nutrióloga invita a moderar el consumo de grasas añadidas y evitar, en la medida de lo posible, productos ultraprocesados como frituras, galletas y botanas. Para quienes tienen antecedentes de colesterol o triglicéridos elevados, la precaución debe ser aún mayor.
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Raymundo Rangel Laguna es periodista e historiador con más de 15 años de experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Egresado de Comunicación y Cultura e Historia y Sociedad Contemporánea por la UACM, con formación complementaria en el INAH. Actualmente forma parte de Grupo Radio Fórmula y se especializa en política nacional e internacional, deportes y montañismo. Ver más








