
El genio compositor y pianista polaco, maestro del Romanticismo, Frédéric Chopin, nació el 1 de marzo de 1810 en Żelazowa Wola, Polinia y, con los tan largos como delgados dedos de sus manos (que cubrían cómodamente octavos y ´decimos en el teclado), transformó para siempre el arte pianístico.
Su cumpleaños 226 invita a echar un ojo… Más bien ambos oídos a su legado, cuya obra es a la vez de íntima, profundamente técnica y con un espíritu patriótico más que ejemplares.
“Pongo toda mi alma en cada nota”, describía su trabajo especialmente en su juventud
Con esta contundente frase Chopin anticipaba el que sería sello identitario de una carrera que estuvo marcada por emoción (muchas veces contenida) y una “precisión quirúrgica” en el teclado.
Siendo un niño prodigio, ofreció su primer concierto público en Varsovia a los ocho años de edad y, antes de la adolescencia, ya había realizado composiciones.
Cuando cumplió los 20 años, abandonó su natal Polonia (poco antes del levantamiento contra el Imperio ruso), para jamás volver, lo que generó en él un sentimiento de apátrida desarraigo que marcó su música y su vida para siempre.
En la década de 1830, la escena de París le acogió como “figura emergente” y, al lado de Franz Liszt, Hector Berlioz y el pintor Eugène Delacroix, estableció su guarida artística en el país de la Marsellesa.
Sin embargo, Chopin era un espíritu que procuraba la independencia individual y solitaria, por lo que evitaba las grandes salas y prefería el acogimiento de los salones privados, donde la delicadeza de su estilo encontraba mejor acústica pero, sobre todo, mayor atención.
El piano como nación
Lejos de su patria, Chopin hizo de la nostalgia un lenguaje sonoro, y sus polonesas y mazurcas fueron manifiestos de afirmación patriótica y personal frente a la ocupación rusa, pues en cada compás se percibe una identidad que se negó a desaparecer.
“Mi tierra me inspira incluso cuando estoy lejos”, confesó en una carta a un amigo de la infancia
El trabajo de Chopin está conformado básicamente por piezas para piano, aunque también compuso sinfonías y óperas, además de que revolucionó con sus estudios, nocturnos, preludios y baladas.
Con Opus 10 y Opus 25, el pianista llevó la técnica pianista a la categoría de arte, además que sus Nocturnos redefinieron, si no es que reinventaron, la expresión lírica del instrumento que parecía ser una extensión de su cuerpo… Y de su espíritu.
Powody miłości (las razones del amor)
Durante el invierno de 1836 Franz Liszt, presentó al músico con la escritora Aurore Lucile Dupin de Dudevant, novelista y periodista francesa, considerada una de las escritoras más populares de Europa en el siglo XIX, universalmente conocida como George Sand.
La novelista, fue especialmente disruptiva de su época por ser mujer, madre de dos hijos divorciada, aficionada a fumar puro, y señalada de forma acusadora por usar “vestimenta masculina” sin tramitar el permiso ante las autoridades que la normativa gala de la época indicaba.
Inicialmente, el polaco se sintió incómodo con la imagen masculinizada de Sand quien, además, era seis años mayor que él. Sin embargo, el amor (como el agua), siguió su curso y ambos espíritus creativos encontraron en el otro la fuente de inspiración para brillar aún más.
(NOTA DEL OBSESIVO AUTOR: PERMÍTASEME LA SUGERENCIA DE LLER LA NOVELA ‘LUCREZIA FLORIANI’ DE GEORGE SAND, MIENTRAS SE ESCUCHA EL PRELUDIO EN RE BEMOL MAYOR OP. 28 NO. 15 ‘GOTA DE AGUA’ DE CHOPIN; PIEZAS INSPIRADAS Y CREADAS EN LA PERCEPCIÓN QUE TENÍAN DEL OTRO Y QUE, AL JUNTARSE, BRINDAN UNA CLARA IDEA DEL ESPACIO EN QUE COHABITABA SU AMOR…)
Pero retomando nuestra narrativa, para 1847, el temperamento adusto y estricto de Chopin, junto con las peculiaridades comportamentales de la novelista y la forma en que había educado a sus hijos, propiciaron la ruptura de su relación, pese a que eran sentimental y creativamente codependientes.
(SEGUNDA NOTA DEL (INCLUSO AÚN MÁS) OBSESIVO AUTOR: AQUÍ SUGIERO A LAS, LOS Y LES TEMPERAMENTALES LECTORES, SE TOMEN UN MOMENTO PARA –COMO SU SERVIDOR- LANZAR AL MENOS UN PAR DE IMPROPERIOS POR LA QUE PARECÍA SER UNA IMPERECEDERA HISTORIA DE ROMANTICISMO ARTÍSTICO, FILOSÓFICO Y CARNAL, PERO QUE APARENTEMENTE TERMINÓ POR UNA VANAL “INCOMPATIBILIDAD DE CARACTERES”…)
Un espíritu dividido entre dos patrias
El símbolo más significativo de lo que fue la historia, filosofía, creencias y en general, vida de Chopin, se dio junto con su lastimosa muerte en el año de 1849.
Cuando contaba con solo 39 años de edad, afectado gravemente por tuberculosis y consciente de que iba a morir, pidió que su corazón fuera sepultado en la Iglesia de la Santa Cruz en Varsovia, mientras sus restos en el cementerio parisino de Père Lachaise, sitios que resguardan las dos esencias del romántico mayor.
“Cuando muera, mi corazón debe volver a mi amada patria”, exigió en su lecho final
Otro ejemplo de su espíritu contrastante entre delicado y genial, fue durante el invierno de 1838, cuando viajó a Mallorca con George Sand y, a pesar de que el clima húmedo agravó su enfermedad, compuso buena parte de sus 24 Preludios Op. 28, piezas breves que son un ciclo profundamente influyente dentro del repertorio pianístico en general.
La forma ‘Chopiniana’ de tocar
Además de la importancia de su obra, Chopin desarrolló una técnica que marcó la interpretación de las 88 teclas, al introducir un uso refinado del ‘rubato’, que es una sutil modificación del tempo que permite acelerar o ralentizar la melodía para, sin romper la estructura, reforzar la intención de interpretativa
Actualmente, pianistas en todo el mundo siguen estudiando el equilibrio que esta forma de tocar logra entre el rigor técnico y la emoción exacerbada.
Chopin nunca buscó estruendo orquestal, siempre apostó por la intimidad y la introspección. Como si escribiese un diario íntimo con acordes, cuya música tiende luminosos puentes entre generaciones y estilos, que abarcan desde el clasicismo académico, hasta el jazz más contemporáneo.
Vigencia sin concesiones
El gran Chopin, consolidó los recitales solistas de piano, como formato estándar, igual que la figura del ‘intérprete/compositor’ y, más de dos siglos después, su catálogo permamece como referencia obligada en conservatorios, escenarios y en el mundo de la música en general.
Frédéric Chopin, compositor y pianista, maestro del Romanticismo, consolidó su permanencia y memoria por haber entendido que técnica sin emoción es ruido, y que emoción sin forma… igual.
En el 226 aniversario de su llegada a este plano terrenal, celebremos que su obra no pertenezca al pasado, pues su ingenio late prácticamente en cada pianista que encuentra en alguno de sus nocturnos la prueba más fehaciente de que el romanticismo y la sensibilidad son indiscutibles formas de resistencia.
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Periodista multiplataforma con más de 35 años de experiencia profesional en noticias. Soy experimentador de la comunicación social, especializado en temas políticos y un apasionado de la literatura, la música, la filosofía, el arte y las ciencias, lo que me ha vuelto un entusiasta generador de contenidos y contador de historias; además de experto certificado por la OPS/OMS en seguridad vial y movilidad infantil. Ver más

















