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Ciencia y sonido: cuando la música marcha al ritmo de la guerra o la paz

En el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, la historia nos recuerda que la música ha sido usada como herramienta de manipulación y poder en los campos de batalla, pero también para sanar los efectos de la guerra en las personas.

La música como instrumento para sanar la guerra.
La música como instrumento para sanar la guerra.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ministro de propaganda de Adolfo Hitler, el nazi Joseph Goebbels, utilizó obras del músico alemán Richard Wagner como instrumentos de exaltación nacionalista.

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Crédito: Especial, con imágenes de internet

Marchas y arias wagnerianas, varias de ellas surgidas de la pluma (e ideario filosófico) de Friedrich Nietszche, acompañaron (y acompasaron) ejecuciones públicas, desfiles e incendiarios discursos además de que, en los terriblemente célebres campos de concentración, este tipo de músicas marcaron el ritmo con que las y los debilitados internos eran obligados a realizar trabajos forzados.

“La música forma parte esencial del alma alemana”, argumentaba Goebbels para justificar su forma de ejercer el poder

La historia se repitió bajo el mismo ideario un par de décadas después, cuando el presidente estadounidense, Lyndon B. Johnson, empleó la música como arma psicológica durante la (muy larga) guerra de Vietnam, que duró 19 años, 5 meses y 29 días y cobró la vida de más de 3 millones de vietnamitas, dos terceras partes de ellos, civiles.

El mandatario norteamericano, siempre entendió con claridad, la fuerza e impacto de la música en el ánimo, especialmente de forma colectiva, y tenía muy claro el peso simbólico que tiene en el ánimo popular.

“Ninguna guerra puede ganarse, si el espíritu pierde la batalla”, argumentaba Johnson

Bajo esta premisa estratégica, el ejército norteamericano colocaba altavoces en vehículos terrestres y aéreos en los que, durante día y noche, a un volumen estridente, sonaban canciones de rock y soul (que estaban de moda en la época, con lo que mermaban en ánimo y la moral (de la población, y) del Viet Cong, que era el grupo revolucionario contra quien peleaban.

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Crédito: Especial, con imágenes de internet

Los soldados norteamericanos, empleaban el sonido como arma de intimidación con canciones como Nowhere to Run (Ningún Lugar a Donde Correr,), de Martha Reeves and the Vandellas, o We Gotta Get Out of This Place (Debemos Salir de Este Lugar), de Erick Burdon and the Animals, durante las incursiones nocturnas en el país asiático.

La neuroacústica y la psicología del sonido han documentado que ciertas frecuencias y repeticiones impactan el sistema nervioso, generan miedo o euforia y alteran la conducta colectiva.

Afortunadamente, este mismo conocimiento también sirve para revertir daños físicos y emocionales: musicoterapia, rehabilitación auditiva e incluso las llamadas “vibraciones curativas”, constantemente se utilizan para reconstruir lo que la guerra fracturó.

En búsqueda de la paz sonora

Desde principio del milenio, uno de los mayores retos de científicos y experimentadores del sonido, es transformar la violencia sonora, en partituras de armonía y reconciliación.

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Crédito: Especial, con imágenes de internet Shriner's Hospital

Si Goebbels y Johnson malusaron la música para hacer la guerra, la ciencia musical contemporánea tiene la responsabilidad de emplearla como herramienta para sanar; porque la paz -como la música- funcionan a partir de la determinación de escuchar.

Cada 10 de noviembre, la UNESCO conmemora el ‘Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo’, para destacar la forma en que el conocimiento transforma la vida humana y promueve la cooperación internacional… Usemos esta celebración como pretexto, para darle cada vez más opciones y motivos sonoros a la construcción de la paz mundial.

Periodista multiplataforma con más de 35 años de experiencia profesional en noticias. Soy experimentador de la comunicación social, especializado en temas políticos y un apasionado de la literatura, la música, la filosofía, el arte y las ciencias, lo que me ha vuelto un entusiasta generador de contenidos y contador de historias; además de experto certificado por la OPS/OMS en seguridad vial y movilidad infantil. Ver más


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