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Para muchos, las compras en internet se han vuelto parte de nuestro día a día. El buscar lo que no se encuentra en tiendas, ahorrar uno que otro peso o simplemente darnos un gustito, resulta muchas veces ser hasta algo terapéutico. Lo malo…es que lo que antes era práctico y accesible, ahora se está volviendo un lujo con cargos extra.
El enojo no se hizo esperar desde que se anunció el nuevo impuesto del 33.5% a productos comprados en plataformas como Shein y Temu, las redes sociales se inundaron con reacciones. Entre ellas, miles de usuarios compartieron su molestia con frases que se repiten como “otra vez el pueblo paga”.
Claramente el tono es de enojo y desconcierto, sobre todo entre compradores frecuentes que usaban estas apps para conseguir ropa, electrónicos o artículos del hogar a precios accesibles. El sentimiento compartido no es solo por el encarecimiento, sino por la percepción de que una vez más, la ciudadanía es quien carga con las decisiones fiscales.
Aunque muchos asocian estas plataformas con compras impulsivas o moda rápida, lo cierto es que también se han vuelto una opción viable para adquirir productos del día a día como básicos de ropa, herramientas, decoraciones, electrodomésticos y hasta útiles o uniformes escolares.
Por eso, este nuevo impuesto no solo pega al “shopping digital”, sino directamente a la clase media y baja, que aprovecha las ofertas de internet ante el alza generalizada de precios. Para miles de familias, esta medida representa un gasto extra difícil de absorber, sobre todo en plena temporada de regreso a clases.
Además, en los comentarios también se repite una idea constante y es que el nuevo impuesto no es tanto por razones económicas externas, sino por una urgencia interna de recaudación del gobierno. Incluso, muchos lo ligan directamente con el financiamiento de megaproyectos como el Tren Maya, el aeropuerto o las farmacias del bienestar.
Y aunque no hay una confirmación oficial que relacione ambos temas, el enfurecimiento en redes es claro, la gente percibe que los recursos públicos no alcanzan, y que estas decisiones terminan recayendo una vez más en el bolsillo ciudadano.
Eso sí, más allá del costo, este nuevo impuesto abre una pregunta urgente: ¿por qué estas decisiones que afectan a millones se toman sin diálogo? Si el pueblo paga, el pueblo también debe ser escuchado o… ¿tú qué opinas?
Ya lo sabes, cuando el bolsillo aprieta, también es momento de alzar la voz.
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