Crónica de un americanista en el pebetero de CU: infiltrado y con 'disfraz' para evitar una golpiza
Dos amenazas de una golpiza por entrar a CU con la playera visitante: Pumas tiene la peor experiencia para el rival.

“Quítate eso, te van a pegar”, eso fue lo primero que me dijo un policía cuando vio que iba a entrar al pebetero de CU con mi playera amarilla para el Pumas vs. América. La situación me llevó a convertirme en un falso auriazul por 90 minutos. Así fue la noche.
Disclaimer: la imparcialidad del periodista no me obliga a no tener un equipo favorito de futbol, como ‘Joserra’ hace precisamente con sus Pumas. Luego, varios seguro están pensando “¿y para qué se arriesga?” y razón no les falta porque no vivimos en un México ideal, pero tampoco habría este texto sin ese riesgo. Vamos allá.
Es 21 de marzo y faltan dos horas para el Clásico Capitalino. Fui con mi novia, ella puma y yo del América. Ambos llegamos al Olímpico Universitario con nuestras respectivas playeras y parecía que ambas aficiones podían convivir sin mayor problema.
Como en CU no hay lugares asignados y casi todo es general, decidimos entra al estadio a poco más de una hora de que iniciara el juego y aquí la cosa se complicó. La gente que revisa las entradas me advirtió que tuviera cuidado porque con mi playera del América podía tener problemas.
Todos nos reímos y me recomendaron ya no llevar “ese trapo” a CU. Pasamos al filtro de policías y un oficial me dijo “Quítate eso, que te van a pegar”. Le contesté que, aunque me la quitara, dónde carambas la iba a guardar y que tenía un plan. Una sudadera negra que ocultaba cualquier rasgo de amarillo.
Después de darme una vuelta para que verificara que no se asomaba ningún color americanista, me permitió pasar. Sin embargo, falta todavía un filtro más. En el acceso del pebetero, policías y quienes revisaban el boleto anunciaban que no dejarían pasar gente del equipo rival.
Una vez tapado, nadie sabía que era del América. Pero antes de por fin ir hacia nuestros lugares, una oficial me pidió levantarme la sudadera para revisar que no fuera una playera americanista. Quise no hacer caso y ella misma agarró la sudadera y me la levantó: ahí estaba el escudo del América.
- No puedes entrar aquí con eso, te van a pegar, me dijo en la segunda amenaza de una buena ‘madrina’
- Pero ¿cómo voy a salir?, contesté. No hay dónde pueda dejarla
- Es que ya saben que no pueden venir aquí con su playera del América. Déjala afuera y regresas, reafirmó con un tono más serio.
- Es mi primera vez en un estadio y no me voy a quitar la sudadera, ni modo de exponer a mi novia o a mí.
Un argumento válido, ¿verdad? Pues ella también me creyó y me dejó pasar. Con la caída del sol y rodeados de auriazules, el panorama no era tan alentador. Faltaban 90 minutos en medio de la ‘Rebel’, pero teníamos un plan para tratar de, tristemente, salir sin problemas.
Un Clásico Capitalino en el pebetero: una experiencia peligrosa
Antes de agarrar lugar decidimos hacer lo siguiente: ir al baño y cambiar mi sudadera negra por la de mi novia que era de los Pumas y así ser una pareja más auriazul. Entré, me la quité y al salir la gente solo me saludaba como uno de ellos. Un pedazo de tela me protegía de acabar quizá con Diosito Santo.
Encontramos un espacio en la zona baja del pebetero y vimos que había unos trapos azul y oro que seguramente formarían una figura. Entonces llegó un integrante de la ‘Rebel’ a pedirnos que nos fuéramos a las orillas porque ahí en medio es de la barra e iban a llegar ‘a pegar’.
Una pareja al lado de nosotros se comenzó a pelear con él y una fila abajo, un señor cargaba a una pequeñita de unos dos años. Ni por ella querían ceder, pero nadie se movió. Nos quedamos ahí a pesar de las habladas que aventaban para meter miedo. “Sólo vienen en los clásicos”, gritaban. Ellos seguramente tienen el manual del ‘buen aficionado’.
Analistas de renombre criticaban a Efraín Juárez por las arengas desproporcionadas que no representan a la máxima casa de estudios de nuestro país, pero no parece que su afición sea más tranquila ni mejor. No cuidan ni a los suyos.
Era una solitaria alma azulcrema en medio de una ‘manada’ de Pumas. Tuve que gritar sus porras, hacer el brazo como si sintiera el ‘Goya’ con la misma pasión que ellos. Al iniciar el partido, ni vimos el protocolo porque nos tocó alzar los trapos auriazules que formaron la palabra ‘Rebel’.
Durante el partido, las bonitas banderas que ustedes vieron en la tele no hacían otra cosa que no dejarnos ver nada. Nos agachábamos, nos poníamos de puntitas en busca de un resquicio para ver el verde del pasto y no el azul y oro de la tela. “Bajen las bandera”, gritamos, pero nadie hizo caso.
‘Hace mucho tiempo la vuelta yo quiero dar’, le gritaba la ‘Rebel’ a sus jugadores y no evité reírme un poco (por dentro, claro) porque América fue tricampeón en 2024, así que eso de “mucho tiempo” no aplica para sus aficionados.
‘Vamos, vamos’, gritaba al viento. ‘Eres un idiot...”. No me quedaba de otra más que arengar con generalidades para que nadie sospechara. Ellos creían que estaba de su lado, pero solo mi novia sabía que se lo decía a quienes todos creían que apoyaba.
Pensamos que el partido acabaría 0-0 hasta que un penal arruinó todo. En el gol no festejé a pesar de que la sudadera decía que debía hacerlo. Incluso los de al lado me dijeron “emociónate, amigo”, pero no soy tan buen actor. Mi novia se burlaba con justicia. Noche triste.
Volaron vasos, me cayó cerveza y puedo asegurar que era el único aficionado Puma triste por el gol de la victoria. “El Pumas no tiene mujer, el Pumas no tiene marido, pero tiene un hijo put... que se viste de amarillo”. Como dice Bielsa, tuve que tragar veneno.
Para colmo, tardamos 20 minutos más en salir porque pebetero debe esperar a que se vacíen las demás zonas. Se sintió como cuando tu equipo va ganado 2-1 al 90 y agregan 2 minutos que se sienten 40. En esa diminuta eternidad escuché burlas, sus cánticos que me fueron ajenos y no quedó de otra más que sonreír.
Salimos sin problemas. Sobrevivimos a un Clásico Capitalino con una playera del América en CU. Que si me hubiera pasado algo, yo habría tenido la culpa por llevar el jersey del odiado rival, en lugar de los demás por no respetar. Así es la experiencia en territorio auriazul para la visita: de vida o muerte.
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Es lo más importante de lo menos importante, pero el futbol es mi excusa favorita para ser feliz. Experto también en Fórmula 1. Ver más














