Herlinda Perry, la china juarense: simbolo revolucionario que desafió la xenofobia entre 2 países
Esta mujer, a veces aparece con cananas cruzadas en el pecho, otras con un fusil como si fuera parte de las tropas revolucionarias, pero su historia es mucho más compleja que una postal.

Entre los archivos de la frontera y la memoria fotográfica de Ciudad Juárez, aparece la figura de una mujer que la historia convirtió en mito: Herlinda Perry, quien también fuera conocida como la "china juarense”.
Las imágenes la muestran, a veces con cananas cruzadas en el pecho, otras donde sostiene un fusil como si fuera parte de las tropas revolucionarias, pero su historia es mucho más compleja que cualquier postal que la retrata.
Esta mujer luchó por sobrevivir y defender a una comunidad entera en los años más violentos para la población china en México, durante la temporada de la Revolución Mexicana y que llegó a Ciudad Juárez a la edad de 17 años.
Sun Far Herlinda Wong Pérez
Nacida como Sun Far Herlinda Wong Pérez alrededor de 1893 o 1894 en Guadalajara, era hija de un migrante chino y una mujer mexicana, quien desde pequeña aprendió a moverse entre dos mundos que no siempre aceptaban su origen mixto.
Sun Fer, su padre y su madrastra llegaron a esta frontera cuando corría el año de 1911, en que la Revolución sacudía al norte del país y convertía la ciudad en territorio estratégico, ya que era puerta de entrada a Estados Unidos y escenario decisivo de la Toma de Juárez.
Ese mismo año contrajo matrimonio con un migrante chino que, para sobrevivir en terreno mexicano, también usaba un nombre falso: Yee Wing Chew, rebautizado como “Antonio”.
Y es que, esto no era un simple capricho, pues detrás de esas identidades alternas había una necesidad urgente de protección, cuando la presencia china en México vivía su momento más crítico.
En ese entonces, las campañas xenófobas, la inestabilidad política y el avance de las tropas revolucionarias habían convertido a los comerciantes y familias de origen asiático en blancos fáciles, por lo que, en medio de este clima, nació la “china Juarense”, un nombre que Herlinda adoptó para borrar huellas, escapando por un instante de las etiquetas que la ponían en riesgo.
Aunque no participó en la lucha armada, su vida quedó marcada por la violencia de la época, luego de que las fuerzas maderistas sitiaban la ciudad y la Federación levantaba trincheras, cientos de familias chinas quedaron atrapadas entre bandos que veían en ellos un enemigo conveniente.
La otra frontera
Muchos buscaron refugio en Estados Unidos, alegando persecución por motivos humanitarios, donde la frontera se convirtió en un punto de salvación, pero también en un espacio donde su identidad volvía a fragmentarse.
Entre ese grupo de alrededor de 200 migrantes chinos que lograron cruzar temporalmente se encontraba Herlinda, aunque las condiciones eran claras: Estados Unidos les permitía acceso por su vulnerabilidad, pero debían regresar a México al terminar la guerra.
Para quienes conocían historias como la masacre de chinos en Torreón en mayo de 1911, el cual quedó registrado como uno de los episodios más brutales contra esta comunidad, el miedo era completamente real.
Ya instalada en territorio estadounidense, Herlinda descubrió otra frontera: la legal, pues a pesar de que era reconocida como mexicana en México, era considerada como china en Estados Unidos.
Lejos de resignarse, Herlinda convirtió esa ambigüedad en su herramienta de lucha. Estudió leyes, se involucró en asociaciones y comenzó a defender los derechos de los migrantes chinos que habían quedado atrapados entre ambas naciones.
También abogó por mujeres mexicanas casadas con hombres chinos, quienes quedaron en desamparo cuando el gobierno de China invalidó esos matrimonios.
Gracias a su presión y activismo, alrededor de 80 mexicanas lograron regresar a su país después de quedar varadas en Asia.
El Paso Merchants
Sin embargo, la capacidad organizativa de Herlinda la llevó aún más lejos, ya que se convirtió en la única mujer integrante de la El Paso Merchants’ Association, una posición inusual para una migrante en esa época.
Además, representó a las minorías de El Paso ante la National Recovery Administration, un espacio que utilizó para visibilizar las necesidades de comunidades ignoradas.
Sun Far fue modelo del fotógrafo Aurelio Escobar Castellanos mientras trabajaba en el estudio de Heliodoro J. Gutiérrez en Ciudad Juárez.
Quizá no imaginó que esas fotos abrirían paso a una leyenda fronteriza que la convertiría en un símbolo revolucionario: la “china juarense”.
Herlinda no fue una combatiente, pero sí una mujer que desafió leyes, las fronteras, los prejuicios y las violencias, por lo que, en México su nombre es también sinónimo de una resistencia.
Con información de Karen Cano
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Originaria de Ciudad Juárez, tengo 37 años y soy fundadora del medio Circuito Frontera. Me enfoco en temas de migración, derechos humanos e infancia, con interés en periodismo narrativo y reportajes de investigación. Gané el Premio Columna de Plata 2023 en Reportaje y mención honorífica 2025. Ganadora de la beca METIS 2022 de SembraMedia, la única mexicana entre más de 100 postulaciones de América Latina. Ganadora de dos becas del Border Hub del ICFJ. Fronteriza, metalera y amante del café. Ver más











