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Sentado bajo el sol en la Plaza de Armas, frente al Palacio Municipal, Marco Antonio Pérez Jerez observa el ir y venir de la gente mientras sostiene una sola exigencia: poder ver a su hijo. No es la primera vez que alza la voz, pero esta ocasión decidió hacerlo en silencio, apostando por una protesta pacífica que no afecte a terceros.
Hace apenas unos días, el mismo padre había bloqueado una vialidad frente a la Fiscalía en Tampico, buscando respuestas. Hoy, con un semblante cansado pero firme, cambió la estrategia. Dice que no quiere causar molestias, solo ser escuchado por las autoridades y encontrar una solución que le permita reencontrarse con su hijo, Marco Antonio Pérez Treviño, un joven de 21 años con autismo grado 2.
Cuenta que desde hace semanas no tiene contacto con él. Asegura que ha sido bloqueado de toda comunicación y que la incertidumbre lo consume, sobre todo por la condición de su hijo, quien además enfrenta otros trastornos como déficit de atención e hiperactividad.
Para él, la ausencia no es solo emocional, sino también una preocupación constante por el bienestar del joven.
Mientras pasan las horas, insiste en que su caso no puede esperar. Considera que los tiempos institucionales son demasiado lentos para una situación que, desde su perspectiva, requiere atención inmediata. Confía en que el Ayuntamiento y el DIF puedan intervenir y facilitar un acercamiento.
Al caer la tarde, mantiene la esperanza de ser atendido. Sabe que su lucha apenas comienza, pero también reconoce que esta vez eligió un camino distinto: uno en el que su voz no se impone con bloqueos, sino con la persistencia de un padre que no deja de buscar a su hijo.
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