Tampico

Jarabes Moka, 'mejores que los de la Coca': el sabor tampiqueño que cruzó fronteras

Un legado construido a pulso desde una pequeña bodega de madera.

Jarabes Moka: “El sabor se va con ellos dondequiera que van”. / Daniela Mena
Jarabes Moka: “El sabor se va con ellos dondequiera que van”. / Daniela Mena

En una humilde construcción de madera sobre la calle Torreón, nació en 1957 una de las marcas más queridas por generaciones de tampiqueños: los Jarabes Moka.

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Emilio Sánchez Valdez, creador de Jarabes Moka

Su creador, Emilio Sánchez Valdez, apenas tenía 22 años cuando preparó sus primeros siete sabores sin imaginar que, décadas después, su receta no solo sobreviviría al tiempo, sino que viajaría por varios estados del país e incluso cruzaría la frontera.

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Créditos: Productos Moka

Hoy, sentado en su sillón y rodeado de recuerdos, don Emilio reconoce que nada fue casualidad: Moka es el resultado de esfuerzo, terquedad y constancia, un proyecto que creció al margen de grandes compañías y que se mantuvo fiel al sabor original que muchos consideran parte del alma de Tampico.

Una marca hecha a mano: los inicios y la lucha diaria

El nacimiento de Moka no fue un plan ambicioso, sino una necesidad. Con una motocicleta como único medio de transporte —adquirida tras vender su pequeño negocio— Emilio recorría la ciudad ofreciendo sus jarabes a quienes quisieran escucharlo. Mientras empresas como La Pureza vendían con flotillas de más de veinte camiones, él llegaba solo, cargando sus botellas y un lema tan atrevido como memorable: “Jarabes Moka, mejores que los de la Coca.”

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Créditos: Productos Moka

La frase despertaba risas, pero también curiosidad. Y muchas veces, esa mezcla de simpatía y persistencia abría más puertas que cualquier anuncio comercial.

El camino, sin embargo, estuvo lleno de obstáculos. Don Emilio recuerda intentos de desalojo, revisiones estrictas y hasta una clausura por salubridad que —afirma— ocurrió “por no quererlo”.

Pero también encontró aliados inesperados, como la familia Fleishman, dueña de una empresa competidora. “Ellos me ayudaron mucho”, cuenta emocionado. Le compraban producto, le ofrecían apoyo e incluso le vendían maquinaria que ya no utilizaban.

Los sabores que viajaron más allá de Tampico

Con el tiempo, Moka dejó de ser una aventura en solitario. Emilio contrató a su primer ayudante y años después la marca logró que algunos trabajadores se jubilaran ahí. Casado y ya convertido en médico, nunca abandonó la fábrica ni su filosofía original: mantener intactos los siete sabores con los que empezó —piña, fresa, tamarindo, vainilla, naranja, limón y uva— porque, para él, la esencia de Moka estaba en no cambiar lo que ya funcionaba.

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Créditos: La Casa del Pastel. Materias primas, dulcería, desechables

Hoy, los jarabes se distribuyen en gran parte de Tamaulipas, así como en Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí. Y aunque la presencia en Estados Unidos surgió casi por coincidencia, muchos paisanos siguen llevando botellas a familiares y amigos. Ese gesto, dice, es el reconocimiento más profundo: “El sabor se va con ellos dondequiera que van”.

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Créditos: Web

Al recordar su trayectoria, don Emilio se conmueve. Sabe que Moka es más que una bebida: es memoria. Es Tampico.

Es el sabor que viaja en maletas, cruza fronteras y aparece en cocinas tan lejanas como Europa. Y todo, insiste, salió de aquella pequeña bodega de madera, de una sonrisa y de la certeza de que vale la pena creer en lo que uno hace.

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