Sonora

Pitayas inundan el centro de Hermosillo

Es un proceso artesanal y tardado, ya que necesitan salir grupos por las noches para poder recoger las pitayas.

El pasado martes un radiante sol se imponía en el municipio de Carbó, una pequeña localidad en Sonora, donde la colecta de pitayas se acostumbra cada verano para deleitar el paladar de miles de sonorenses.

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Allí vive Anahí, una trabajadora del campo que todos los días busca el sustento de sol a sol. Una noche antes, sus amigos le comentaron que saldrían al desierto a buscar el fruto del dragón.

Es un proceso artesanal y tardado, ya que necesitan salir grupos por las noches para poder recoger las pitayas. Después se distribuyen para que los comerciantes salgan hacia Hermosillo.

“Van y las buscan en la madrugada, como a la 1:00 de la mañana y vienen saliendo de donde las cortan como a las 8:00, 9:00, 10:00, por ahí”, dijo.

La mayoría de los venderos se ubican en el centro de la ciudad en las afueras del Mercado Municipal, pero otros se dirigen hacia bulevares o supermercados.

“Porque la gente las espera en el oasis temprano porque vienen y las venden aquí temprano”, anotó.

El exquisito fruto del desierto, no solo es un postre silvestres, sino que también sirve para hacer pasteles, pays, nieves, raspados y hasta chamo.

La venta de pitayas regularmente se extiende en el mes de junio y se ofertan en promedio a $10 pesos cada una.

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