Monterrey y Tigres con ligera ventaja; nada está escrito
Lo verdaderamente importante se jugará en la vuelta: quién tiene futbol, quién tiene carácter y quién tiene el temple para terminar de construir.

Las semifinales del Torneo de Apertura 2025 parecen estar en el aire. Monterrey y Tigres sacaron ligera ventaja, pero ninguna de las dos historias está escrita. Fue una noche que confirmó lo que tantas veces se ha repetido en el futbol mexicano: la Liguilla no se decide en la ida, se decide en la capacidad de sostener, corregir y, sobre todo, asumir el peso de 180 minutos. Y anoche, los cuatro equipos mostraron algo de ellos mismos, pero también dejaron ver lo que les falta.
Monterrey dio un golpe que necesitaba como reafirmación más que como sentencia. Ganar en el Gigante de Hierro, que debería ser territorio seguro, ha sido un ejercicio irregular desde su inauguración. El estadio presume modernidad y ambiente, pero en él también se han firmado capítulos dolorosos: finales de CONCACAF perdidas, eliminaciones inesperadas y noches que han dejado la impresión de que Rayados no siempre se siente cómodo bajo los reflectores que él mismo encendió.
No es casualidad que en este mismo torneo cargara con la derrota 6-2 ante Toluca, una de las peores en su etapa reciente. Por eso, la victoria de ayer no puede interpretarse como una garantía. Fue un respiro, un mensaje hacia adentro más que hacia afuera. Rayados necesitaba recordar que puede imponerse en casa, que puede sostener un plan de juego y que tiene futbolistas que aparecen cuando el peso del calendario aprieta. Entre ellos, Berterame, que volvió a responder en un partido grande, como lo ha hecho a lo largo del torneo. Sus goles ya no solo sostienen al equipo: lo acercan, cada vez más, a una posible convocatoria a la Selección Mexicana. No es un delantero que adorne, pero sí uno que decide.
El problema es que Toluca no es un rival que se entrega. Es un equipo que conoce estas instancias, que sabe administrar la presión y que cuenta con un técnico diseñado para la Liguilla. Antonio Mohamed entiende el escenario emocional, negocia los tiempos del partido y es especialista en activar a sus equipos en momentos clave. Toluca parece haber pedrido con la ausencia de Alexis Vega, que obligó a replantear la profundidad ofensiva. Vega no solo da desequilibrio: ordena, amenaza, genera respuesta del rival. Su resguardo tiene lógica pensando en una posible final, pero el equipo lo extrañó.
Aun así, Toluca dejó la impresión de que tiene margen para crecer. Con un planteamiento más agresivo en la vuelta, recuperando la intensidad que mostró en otros momentos del torneo y apoyado en una afición que sabe exigir, puede poner a Rayados contra las cuerdas. No sería la primera vez que Toluca remonta una serie, ni la primera vez que Monterrey sufre por no saber mantener un resultado.
La otra semifinal caminó por un carril distinto. Cruz Azul y Tigres dejaron un partido más bien contenido, menos explosivo de lo que se esperaba. No sorprende por parte de Tigres, que es un equipo que regula esfuerzos y elige dónde arriesgar, pero sí de Cruz Azul, que volvió a mostrar señales de un bajón que ya lleva varias semanas. El equipo de Nicolás Larcamón empezó el torneo con una identidad clara, con valentía y con la solidez emocional que siempre ha sido su mayor obstáculo histórico. Pero el cierre de fase regular sembró dudas: fallas para sostener marcadores, desconcentraciones puntuales y un estado anímico que se ha ido erosionando.
La versión de ayer confirmó ese momento. Cruz Azul no encontró claridad en ataque, no tuvo peso por los costados y se le vio ansioso en zonas donde debería sentirse dominante. Ciudad Universitaria había sido una fortaleza, un punto de identidad, pero desde cuartos de final dejó de serlo. Ante Chivas primero y ahora contra Tigres, la Máquina no se sintió local.
Tigres, por su parte, se movió con la calma habitual. No fue el equipo que reventó la cancha para remontar frente a Tijuana; fue el Tigres calculador, el que juega con la experiencia de una plantilla que ha vivido estas instancias una y otra vez. Encontró el gol porque Cruz Azul cometió un error defensivo, pero lo sostuvo porque tiene un plantel que entiende los partidos largos. Sabe cuándo acelerar, cuándo frenar, cuándo desgastar y cuándo esperar que el rival se desgaste solo.
Las vueltas plantean un panorama más interesante que lo visto en la ida. Toluca buscará un partido más abierto, con intención de lastimar desde temprano. Eso obliga a Rayados a demostrar algo que ha sido su mayor reto: sostener una ventaja fuera de casa sin caer en nerviosismos ni desconexiones. En la otra llave, Tigres tiene el escenario controlado: un empate lo mete a la final. Cruz Azul, en cambio, necesita un partido que contradiga todo lo que ha hecho últimamente. Necesita decisión, creatividad, un golpe de autoridad que perdió en la recta final del torneo.
El miércoles dejó pistas, pero nada más. Lo verdaderamente importante se jugará en la vuelta: quién tiene futbol, quién tiene carácter y quién tiene el temple para terminar de construir , o derrumbar, lo que apenas comenzó a media semana.
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