Opinión

Un empate que descubre los puntos débiles de la Selección

México tiene tiempo para corregir, pero no mostró buen futbol.

La Selección Mexicana no le pudo ganar a Japón Mexsport Mexsport/Especial
La Selección Mexicana no le pudo ganar a Japón Mexsport Mexsport/Especial

El empate a ceros entre México y Japón del pasado domingo 7 de septiembre, en un amistoso preparatorio rumbo al Mundial 2026, dejó sensaciones encontradas. Por un lado, México presentó una defensa que en el papel parecía sólida y ordenada, pero que fue exhibida con crudeza por la velocidad y precisión de los japoneses. Esa diferencia en el ritmo de juego quedó retratada a lo largo del encuentro y terminó por derivar en la expulsión de César Montes en la recta final. Por otro lado, la Selección volvió a mostrar carencias en la generación de fútbol desde el medio campo hacia adelante, un problema que se refleja en la falta de gol y que repite un patrón que parece no encontrar solución.

La zaga, bajo el planteamiento de Javier Aguirre, trató de sostener la presión con orden y disciplina, y en cierto sentido lo logró. Sin embargo, Japón impuso sus condiciones a través de la rapidez de sus atacantes y de la manera en la que movían la pelota. Fue claro desde los primeros minutos: Kubo probó con un disparo potente que exigió la intervención de Malagón, y poco después Minamino se encontró solo frente al arco, aunque falló en la definición. La línea defensiva resistía, pero la velocidad y cambio de ritmo de los nipones la hicieron tambalear una y otra vez. La expulsión de Montes fue la consecuencia natural de esa vulnerabilidad; cuando la defensa pierde el control y el rival acelera, lo que queda es recurrir a faltas desesperadas, con el riesgo de terminar en inferioridad numérica.

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Edson Álvarez sufrió una lesión ante Japón.

El contraste fue más evidente hacia el frente; México apenas generó un disparo al arco en todo el partido: un cabezazo de Erik Lira tras un centro de Lozano. Esa cifra no solo es insuficiente, sino que además representa el peor registro de la Selección en tiros a puerta bajo el mando de Aguirre. El mediocampo no encontró fluidez, ni profundidad, ni mucho menos sorpresa. La salida obligada de Edson Álvarez por molestias musculares terminó por desajustar aún más un sector que ya venía careciendo de ideas. Sin un jugador capaz de romper líneas o de distribuir con precisión hacia adelante, el equipo cayó en un juego predecible, lento y fácilmente contenido por la defensa japonesa. Giménez,Vega, Berterame y compañía estuvieron lejos de ser factores determinantes; la defensa rival, ordenada y con velocidad, les ganó todos los duelos.

El encuentro también puso bajo la lupa a los jugadores mexicanos que militan en Europa. En teoría, deberían ser quienes marquen la diferencia en partidos de esta exigencia, pero no están atravesando su mejor momento. Mientras Japón presume a una generación casi completa de futbolistas en ligas europeas, capaces de imponer intensidad y ritmo con naturalidad, México mostró que sus representantes fuera del país atraviesan una etapa irregular. Esa falta de consistencia se refleja en el colectivo: no basta con tener a algunos elementos en clubes europeos si su rendimiento no logra trasladarse a la cancha con la camiseta nacional.

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El equipo de Javier Aguirre no mostró buen futbol ante Japón.

Este panorama resulta aún más preocupante cuando se pone en contexto que México será anfitrión de la próxima Copa del Mundo; lo lógico sería llegar a este ciclo con un equipo sólido, compacto y con un estilo definido, pero lo mostrado ante Japón alimenta dudas más que certezas. Ni la defensa se mostró impenetrable ni el ataque logró proyectar la sensación de peligro. En un partido que debía servir como mensaje de fortaleza de cara al torneo más importante de su historia reciente, la Selección terminó dejando claro que aún está lejos de su mejor momento futbolístico.

El propio Aguirre lo reconoció al término del encuentro: el empate fue justo, aunque el partido resultó poco atractivo. Sirvió, en sus palabras, para ajustar, observar rendimientos y probar variantes. Y es cierto, fue un espejo de la realidad actual: un equipo que resiste atrás, pero que sufre cuando el rival acelera; un mediocampo que no encuentra claridad para generar; delanteros desconectados e incapaces de romper defensas organizadas; y una diferencia palpable entre lo que aporta el roce europeo de los japoneses frente al de los mexicanos. La tarjeta roja de Montes simbolizó lo que fue el partido: una defensa puesta a prueba, tensionada hasta el límite y al final quebrada por la presión.

El Tri tiene tiempo para corregir, pero no demasiado. Necesita reconectar ofensivamente desde el medio campo, recuperar el ritmo físico y mental de sus jugadores, tanto los que militan en Europa como los que se mantienen en la Liga MX, y trabajar de manera urgente en la generación de opciones de gol. La siguiente prueba será contra Corea del Sur, otro equipo veloz y con fluidez técnica, que puede volver a exponer las mismas fallas si no se corrigen a tiempo. Ese partido será clave para empezar a darle rumbo a una Selección que, por ahora, genera más dudas que certezas.

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