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El plan de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre el fracking no sólo tiene voces de la oposición en contra, también existen dentro de la Cuarta Transformación.
Uno de ellos es el diputado del Partido del Trabajo (PT), Adrián González Naveda, quien expresó su rechazo a la posible implementación del fracking dentro de la estrategia energética impulsada por el gobierno de Sheinbaum Pardo, al considerar que esta técnica implica altos costos ambientales, sociales y económicos que no justifican su adopción en México.
En el marco del nuevo plan de desarrollo del gobierno federal, que busca fortalecer la soberanía energética y reducir la dependencia del gas de Estados Unidos, el legislador reconoció la apertura al debate por parte de la Presidencia. Sin embargo, advirtió que la discusión no debe centrarse en sustituir una dependencia por otra.
“Me mantengo en la posición histórica de nuestro movimiento, que es la prohibición constitucional del fracking. No vale la pena explorar ni implementar esta técnica en México”, sostuvo.
González Naveda cuestionó además la narrativa de un fracking más limpio o sustentable, al asegurar que no existe evidencia científica que respalde esa idea, pese a los comentarios dichos por la propia Sheinbaum.
“No existe tal cosa como ‘fracking verde’ o un ‘nuevo fracking’; es la misma técnica de siempre”, afirmó.
En ese sentido, subrayó que el impacto ambiental es severo, pues se trata de un método que utiliza millones de litros de agua y grandes cantidades de energía para fracturar el subsuelo, en un contexto de crisis hídrica en el país.
El legislador también alertó sobre el costo social de esta política, al señalar que su implementación implicaría la creación de “zonas de sacrificio” en comunidades, muchas de ellas integradas por pueblos originarios.
“Estaríamos pidiendo a algunas poblaciones que se sacrifiquen por el desarrollo nacional”, advirtió, al tiempo de recordar que diversas localidades ya se han declarado libres de fracking.
En el plano económico, indicó que México no cuenta con la infraestructura suficiente para desarrollar esta técnica de manera autónoma, lo que obligaría a recurrir a empresas extranjeras. Esto, dijo, incrementaría la dependencia y convertiría al país en un operador subordinado dentro del mercado energético.
Finalmente, aunque reiteró su respaldo general al proyecto de transformación del Gobierno, no descartó una posible disidencia en este tema. A su juicio, la ruta debe ser una transición energética hacia fuentes limpias como la solar, biomasa y bioetanol, y no la profundización de modelos extractivos que, insistió, generan un alto daño ambiental y comprometen los recursos naturales del país.
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