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La tala en los bosques de San Rafael, en el municipio de Tlalmanalco, Estado de México, continúa generando preocupación entre habitantes y visitantes frecuentes a la zona. En redes sociales circulan testimonios, fotografías y videos que muestran árboles derribados, caminos intervenidos y zonas que han perdido cobertura vegetal en cuestión de meses.
De acuerdo con senderistas y montañistas, desde diciembre pasado la actividad forestal se intensificó de manera evidente, particularmente en el tramo que va del “Árbol de la Bruja” o “El Tenedor”, cerca de Plan de la Cuesta, hacia las inmediaciones de Nexcoalanco.
Senderistas y turistas han observado que varios árboles están marcados con un punto rojo-rosa y otros con una raya blanca en el tronco; aseguran que esos serían los ejemplares programados para el corte.
Aunque algunas versiones indican que se trata de árboles enfermos o contemplados dentro de un programa de manejo forestal, pobladores cuestionan la magnitud de la extracción y el impacto visible en la zona.
“Me comentaron que no hay que preocuparnos que son árboles enfermos, habría que investigar, porque están dejando pelón toda esta zona”, comentó Eder.
En el lugar se encuentran letreros que informan sobre un Programa de Manejo Forestal maderable titulado “Ejido Tlalmanalco, Tlalmanalco, Estado de México”, con oficio de autorización número 212H10000-050/2018-NA, correspondiente a la octava anualidad, con vigencia del 13 de septiembre de 2025 al 12 de septiembre de 2026.
No obstante, vecinos señalan que la tala se incrementó durante la temporada decembrina; incluso, fotografías difundidas muestran cómo varios de estos supuestos “árboles enfermos” ya desaparecieron, dejando terrenos vacíos y otros ejemplares marcados para ser cortados próximamente.
“Bajan camiones y camiones repletos de árboles”, relatan usuarios en redes sociales.
Las imágenes difundidas muestran filas de vehículos cargados con troncos descendiendo por caminos de terracería, lo que ha reforzado la percepción de que la tala es más amplia que en años anteriores.
Incluso, señalan que el camino fue reforzado con arena para evitar que los camiones se hundan y así facilitar el traslado de la madera. Para algunos habitantes, este acondicionamiento evidencia una operación constante y organizada para la extracción del material forestal.
Además de los claros abiertos en zonas antes cubiertas por sombra densa, los senderistas reportan la presencia de suelo suelto y fino, similar al talco, producto del desgaste provocado por el tránsito pesado. También se ha observado fauna muerta, principalmente pequeños roedores, lo que ha despertado preocupación por el impacto en el ecosistema.
“Uff, ya les vale. Antes lo hacían a escondidas; ahora bajan árboles incluso los fines de semana. Y si eso es alarmante, preocúpate entre semana, porque descienden camiones llenos de árboles cortados, supuestamente enfermos, pero eso no es cierto. Es tala ilegal y el gobierno mexiquense no hace nada”, señala un entrevistado dedicado al montañismo.
Quienes recorren la zona desde hace años coinciden en que el paisaje ha cambiado de manera acelerada. La mayor entrada de luz solar, la pérdida de vegetación y la modificación de los caminos forestales son señales visibles de una transformación profunda del entorno.
Como antes se había mencionado, el área se encuentra una lona que anuncia la aplicación de un Programa de Manejo Forestal, sin embargo, habitantes consideran que la ciudadanía debe tener acceso claro a la información sobre los permisos, los criterios de selección de árboles y los beneficios que supuestamente obtendría la comunidad.
“Yo practico montañismo desde hace 40 años. El cambio es brutal y en los últimos tres meses ha sido peor: no paran de talar árboles. Hace un mes vine y el bosque no estaba tan pelón. Es un cinismo inaudito y las autoridades no hacen nada. Esto debería pasar a manos de un Área Natural Protegida, porque a los ejidatarios no les importa; solo hacen su negocio redondo”, reclamó otro entrevistado bajo condición de anonimato.
Mientras tanto, en redes sociales continúan las denuncias y los llamados a documentar lo que ocurre en San Rafael, Tlalmanalco, en medio de la preocupación por el futuro de uno de los pulmones forestales más importantes de la región. Otros senderistas entrevistados, así como habitantes nativos del lugar, piden a la gobernadora Delfina Gómez que intervenga de manera inmediata y detenga lo que califican como una “masacre ambiental”, comentó el último entrevistado.
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