ESPECIAL 8M Rostros de resistencia | “Quiero sentir que existo”: Carmen Márquez
La historia de Carmen Márquez forma parte del especial de Radio Fórmula: "Rostros de resistencia. Reconstruir la vida tras un ataque con ácido".

La vida de Carmen Márquez cambió el 6 de octubre de 2020, cuando un desconocido le arrojó una sustancia química al cuerpo. Desde entonces, clama justicia en Veracruz, un estado que ella acusa de haberla abandonado.
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“Mi estado ni siquiera sabe que existo. Su eslogan una vez fue: ‘Veracruz, me llena de orgullo’, pero a mí me llena de vergüenza”, relató.
Carmen Márquez había trabajado como vendedora de una tienda departamental en la tierra jarocha a partir de 2007; sin embargo, su día a día se fracturó tras el cobarde ataque.
Su entidad cuenta con una Alerta por Violencia de Género desde el pasado 26 de noviembre de 2016, específicamente para los municipios de Boca del Río, Coatzacoalcos, Córdoba, Las Choapas, Martínez de la Torre, Minatitlán, Orizaba, Poza Rica, Tuxpan, Veracruz y Xalapa.
La alerta, establecida por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), no ha sido suficiente para protegerla.
Para Carmen, vivir en Veracruz, ha significado sentirse incompleta, pues asegura que su estado “le debe todo”: justicia, atención integral, la reconstrucción de su vida y el derecho a la libertad.
Los riesgos de una inadecuada atención médica
A sus 36 años, Carmen fue agredida a escasos 20 metros de su domicilio. No logró ver el rostro de su agresor: llevaba un casco y huyó en motocicleta instantes posteriores a arrojarle la sustancia química. Dejó solo el rugido del escape como testigo.
Luego de la tentativa de feminicidio en su contra, fue llevada a la clínica 11 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) localizada en Xalapa, un lugar donde encontró negligencias que pusieron aún más en riesgo su vida.
“No saben ni cómo tratarte. Las personas, tanto médicos como enfermeros, no tenían ni idea de qué hacer contigo o cómo lavarte. Cuando llegué me empezaron a preguntar sobre qué sustancia me habían arrojado, yo obviamente estaba muy mal por el dolor y me dijeron: ‘es que necesitamos saber qué es para así poder saber si te podemos lavar o qué te hacemos, porque hay muchos químicos que con el agua se activan, o sea puede ser que te lastimé más que te lavemos’. Así me dejaron sin lavarme, me parece que me lavaron hasta el otro día”, recuerda Carmen.
Si hubiesen sabido los protocolos de cómo tratar químicos, los daños no hubieran sido tantos, añadió. “Cuando ellos ya no supieron cómo tratarme o qué hacer conmigo me mandaron a la clínica 14”.
Al llegar a la nueva clínica el 12 de octubre, es decir, seis días después de la agresión, lo primero que le expresó el personal médico fue: “¿por qué no te mandaron inmediatamente si ellos no sabían cómo atenderte?”. Como si ella eligiera su calvario.
Tres días más tarde finalmente le estaban realizando su primer lavado quirúrgico, un procedimiento que dio inicio a una dolorosa serie de procesos médicos.
Violencia precedida por más violencia
El ataque con sustancia química hacia Carmen fue precedido por violencia familiar, emocional e incluso amenazas por parte de su expareja, con quien concluyó su relación en 2018.
“Empezó a ser muy controlador conmigo. Empezaba a revisar mi celular, a llegar de imprevisto a mi trabajo, a recogerme al trabajo sin avisarme y a controlarme las amistades. Yo le reclamé por este acoso y él me agredió físicamente y verbalmente, fue ahí cuando me amenazó con quemarme y matarme”, narró.
Carmen lo dejó y el violentador incrementó el acoso: lo veía cerca de su casa, recibía llamadas de números desconocidos y encontraba su vehículo estacionado cuando ella salía del lugar donde trabajaba.
En 2019, Carmen denunció a su expareja ante las autoridades estatales por intimidación y amenazas de publicar videos íntimos y fotografías. Nadie movió un solo dedo.
“Hay una carpeta que lo respalda, yo fui a hacer esta denuncia a la Fiscalía, pero no hicieron nada, me dijeron que este no era un delito como tal, nada más se quedó como antecedente. La mayoría de nosotras, que fuimos atacadas, tenemos una denuncia previa y las autoridades no hicieron nada y por eso es que llegamos hasta este tope”.
No es por belleza, es para estar completa
Ocho limpiezas quirúrgicas le arrancaron la piel corroída; 12 cirugías para reconstruir su cuerpo y otros diez injertos que apenas disfrazan el daño. Cada intervención, una batalla para recuperar lo que el ácido le robó.
“No podía doblar las manos, no podía sujetar una cuchara, porque al tener tanto movimiento en la piel me provocaba mucha incomodidad, incluso bañarme era difícil. Tuvieron que abrir mi boca porque no me cabía un cuchara, entonces tenía que comer con un popote o con una jeringa papillas o cosas licuadas”.
En el IMSS de Veracruz le mencionaron que solo le serían realizadas “cirugías funcionales”, es decir, abrirle la boca, etc.
Otra parte de su cuerpo que fue afectada por el ácido son sus ojos, para los cuales requiere cirugía. Sin embargo, para el personal de salud veracruzano, este tipo de intervención responde a “un capricho estético”.
“En la mayoría de las ocasiones yo tengo que pagar los costos para ir con los especialistas; las cirugías de párpados yo las he pagado, ha sido una cantidad simbólica porque el médico no me cobra su trabajo, pero me cobra el quirófano y la anestesia. Estas cirugías me han costado 15 mil pesos cada una”.
Así, entre medicinas, traslados a otros estados para acudir con médicos especialistas y los gastos que supone su hogar, Carmen paga un total de ocho mil a 10 mil pesos, mismos que reúne de distintas formas: por una pensión laboral que le dieron de 5 mil pesos mensuales (la cual culmina en 2025) o por medio de donativos.
“Para nosotras esto no es un tratamiento de belleza, para nosotras es un tratamiento médico, es una gran ayuda para nosotras. Yo creo que puedo vivir con las cicatrices que tú quieras, pero que no me falte ni un pedacito. Yo quiero estar completa”.
"Las autoridades me han olvidado"
Respecto al proceso legal, Carmen rememora que las instituciones también la han dejado sola. En un inicio acudió a solicitar apoyo ante la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención Integral a Víctimas en Veracruz, donde se le indicó que una abogada se haría cargo de su caso; no obstante, “están tan saturados de expedientes que yo me di cuenta que solamente era una carpeta más”.
Al día de hoy continúa con la espera de que su caso sea reclasificado, ya que la carpeta de investigación se inició como si se tratara de “lesiones” y “daño psicológico”, aun cuando la persona que la agredió buscaba asesinarla.
Cuando va a la Fiscalía para obtener avances, a Carmen le dicen que no se preocupe, “que cuando avance un poco más la carpeta se puede considerar la reclasificación” del delito.
“Las autoridades en mi estado ni siquiera saben que existo. Yo no recibo ningún apoyo por parte de mi Gobierno. Quiero que entiendan que esto es un daño que yo no me busqué, que yo no quería para mí. Me siento invisible, Veracruz me debe todo”.
La historia de Carmen Márquez forma parte del especial de Radio Fórmula: "Rostros de resistencia. Reconstruir la vida tras un ataque con ácido". Puedes leerlo completo AQUÍ.
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Periodista mexicana egresada de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. De 2017 a 2019 trabajé como redactora en Milenio; de 2019 a 2022 escribí para Quinto Poder. En 2023 fui reportera en la agencia feminista Cimacnoticias, donde también co-conduje el programa radiofónico De la X a la Y en Ibero 90.9 FM. Me especializo en temas de política, género y derechos humanos. Ver más














