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En medio de un nuevo ciclo de bombardeos de Israel sobre territorio sirio, el conflicto adquiere una dimensión menos visible pero profundamente estratégica: el uso de la crisis interna de la comunidad drusa como coartada para una expansión militar de Israel en la región.
Para comprender las implicaciones geopolíticas de estos hechos, entrevistamos a Ángel Horacio Molina, especialista en Medio Oriente e integrante del Centro de Estudios Islámicos Árabes y Persas "Dr. Osvaldo A. Machado Mouret, advierte que detrás del discurso humanitario se esconde una lógica de ocupación sostenida.
Horacio Molina: "Los drusos son una comunidad religiosa minoritaria dentro del mosaico de credos de Oriente Medio. Se caracterizan por una fuerte cohesión interna y por ser endogámicos: para pertenecer a la comunidad, ambos padres deben ser drusos. Si no se cumple esta condición, esa persona deja de formar parte del grupo, al menos desde el punto de vista identitario.
Aunque su origen proviene de una escisión del chiismo, con el tiempo adoptaron doctrinas, textos y rituales distintos. Un rasgo distintivo es su lealtad al Estado al que pertenecen. Esta característica ha influido en la postura política de los drusos en distintos países.
Por ejemplo, en Israel (dentro de las fronteras de 1948), los drusos se alinearon tempranamente con el nuevo Estado. Las primeras unidades militares árabes en el ejército israelí estaban compuestas por drusos, así como muchos de los primeros espías infiltrados en la resistencia palestina. En cambio, en Siria han mantenido históricamente cercanía con el gobierno del Partido Baaz, en virtud de su principio de lealtad estatal.
La situación cambia para los drusos que quedaron en los Altos del Golán, ocupados por Israel tras la guerra de 1967. Aunque viven bajo ocupación, siguen identificándose como sirios. Desde el discurso israelí, hay un esfuerzo persistente por integrarlos a su sistema político. Incluso Netanyahu ha declarado que desea “unir ambos lados” del Golán, refiriéndose a esa comunidad.
Cabe aclarar que políticamente los drusos no son homogéneos. Comparten una identidad cultural y religiosa, pero sus posiciones políticas varían. En el Líbano, por ejemplo, han estado representados por líderes como Kamal Jumblatt, quien ha oscilado entre el apoyo a la resistencia palestina y la defensa pragmática de su comunidad. En Jordania, aunque son pocos, también han advertido sobre los intentos israelíes de fomentar una escisión drusa en Siria".
Al ser cuestionado con la pregunta: ¿Por qué Israel ha decidido intervenir con bombardeos sobre Damasco y qué rol juega Netanyahu en este escenario?Horacio Molina respondió:
"Lo curioso es que hace apenas unas semanas, el gobierno de Ahmed al-Sharaa, impulsado por Turquía con el visto bueno de Estados Unidos e Israel,había anunciado su intención de normalizar relaciones con Israel. Esto implicaba, de facto, renunciar a los reclamos sobre los Altos del Golán.
Hubo un intento similar durante el gobierno de Hafez al-Ásad, padre de Bashar, de abrir negociaciones con Israel. Pero entonces Siria exigía recuperar el Golán, al igual que Egipto pidió el Sinaí. Esa negociación fracasó, e Israel terminó declarando unilateralmente la anexión del Golán.
Los actuales bombardeos se producen días después de una reunión entre funcionarios sirios e israelíes en Azerbaiyán. Esto sugiere cierta coordinación. ¿Quién gana con esto? Israel. Bajo el pretexto de proteger a los drusos, justifica una mayor presencia militar en el sur de Siria. Y eso se encuadra en un proyecto más amplio: la fragmentación del país.
La idea de dividir Siria no es nueva. Durante el mandato francés ya existía ese plan: crear estados alauitas, sunitas, drusos, etc. El único que lo aceptó fue el sector maronita, lo que dio origen al Líbano. El resto de las comunidades se negó a dividirse. Hoy, asistimos a una reedición de aquel intento, esta vez bajo patrocinio de potencias regionales y globale.
Recordemos que Siria fue durante décadas el único país que no había normalizado relaciones con Israel y que aspiraba a una paridad militar. Desde 2011, con el estallido de la guerra interna, entró en una crisis total. Aunque entre 2018 y 2020 logró cierta estabilidad, las sanciones económicas y el aislamiento aceleraron su colapso.
Ahora Israel se encuentra con su escenario ideal: un Estado sirio desmembrado, desarticulado, sin capacidad de defensa y con argumentos discursivos, como la supuesta protección a los drusos,que legitiman su intervención".
Para Molina, el objetivo mayor ya se logró: Israel ha logrado obstaculizar el corredor logístico entre Irán y Líbano. Ahora, el foco está en desarmar a Hezbolá, organización que, pese a la presión internacional,mantiene respaldo popular y no ha cedido territorios en las recientes elecciones municipales.
Al preguntarle qué mensaje buscan enviar estos ataques a Irán y a Hezbolá, el experto respondió:
"Hoy existe una fuerte presión interna en el Líbano, impulsada por aliados de Israel, para que Hezbolá entregue su arsenal antes de fin de año. Mientras tanto, Israel avanza en varios frentes: el genocidio en Gaza, la expansión colonial en Cisjordania, la descomposición del Estado sirio, y el debilitamiento de Hezbolá.
A pesar de los golpes recibidos, Hezbolá conserva apoyo popular. En las recientes elecciones municipales no perdió un solo distrito. Pero el plan israelí busca devolver al Líbano a la órbita de las potencias occidentales. Es decir, restaurar el proyecto original del Estado maronita: una entidad sin capacidad militar, funcional a los intereses coloniales.
Netanyahu utiliza lo ocurrido en Suwayda, donde el régimen sirio ha reprimido protestas drusas,como justificación. Presenta a Israel como garante de los derechos de esa minoría, mientras avanza con una ocupación militar encubierta.
Este discurso expone las contradicciones de quienes, en 2011, vieron en la caída de Bashar al-Ásad una oportunidad para democratizar Siria, sin advertir el rol de grupos extremistas financiados por Turquía, Estados Unidose Israel. Hoy, esos actores han sido descartados por quienes los utilizaron.
Dice el refrán: “Roma no paga a traidores”. Efectivamente, es así. Son personajes que, cuando dejan de servir al entramado discursivo de la potencia de turno, se vuelven descartables. Es lo que está sucediendo ahora. Al parecer, Ahmed al-Sharaa abandonó Damasco con su familia, es decir, parece que se fue de Siria. Pero bueno, lo que tenía que hacer ya lo hizo, ya fue útil hasta donde fue necesario.
Obviamente, quien pierde aquí es Siria: pierde su posibilidad de defender sus territorios soberanos. Está desarticulada, no cuenta con un ejército en condiciones y, claramente, tampoco con la voluntad política de situarse, como lo supo ser en algún momento,en la vanguardia del panarabismo, a la hora de defender los intereses del mundo árabe frente a las potencias y, fundamentalmente, frente a la gran punta colonial en Oriente Medio, que es Israel".
Para el experto es fundamental mirar más allá del discurso oficial: “Israel no está protegiendo a los drusos. Está instrumentalizando su crisis para avanzar posiciones en territorio sirio”, advierte.
Además, señala que lo que vemos hoy es un nuevo modelo de ocupación con argumentos humanitarios, con alianzas tácticas y con el colapso institucional de los estados vecinos. En su opinión, Ángel Horacio Molina asegura queel régimen sirio ha perdido el control territorial y político de zonas clave a manos de Israel, y eso abre las puertas a una reconfiguración de facto del mapa regional, sin necesidad de negociaciones internacionales.
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