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Por generaciones, el tono oscuro se convirtió en la vestimenta habitual dentro de los sepelios en la mayoría de países occidentales. Se lo vincula con la carencia de claridad y con el sufrimiento que deja la despedida. No obstante, hoy en día crece el número de quienes deciden usar el blanco en este tipo de ritos, una alternativa que llama la atención pero que encierra un fuerte significado cultural y espiritual.
El tono blanco se ha vinculado a lo largo del tiempo con la inocencia, la claridad y la calma. En ceremonias de despedida, portar esta tonalidad comunica la idea de un espíritu que asciende hacia un plano más elevado, desligado de lo material. Desde el enfoque de la psicología cromática, la experta Eva Heller resalta que elegir este color refleja perfección y pulcritud, valores que transmiten un homenaje esperanzador en medio del dolor.
En naciones asiáticas como China, Japón o India, este matiz suele estar presente en las exequias, ya que representa el paso a otra existencia y la tranquilidad del descanso definitivo. Del mismo modo, en rituales budistas y taoístas, vestir de blanco implica respeto y desprendimiento. En diversas regiones de América Latina, ciertas comunidades lo reservan sobre todo para despedidas de niños o adolescentes, reforzando la noción de pureza y la idea de un reposo sin fin.
En países de Europa y también en Estados Unidos, el color negro sigue siendo el atuendo más habitual en los funerales. Aun así, en servicios recientes conocidos como “celebraciones de vida”, el blanco ha comenzado a ganar espacio como un tono que transmite calma y un nuevo comienzo. Esta elección busca resaltar la historia y recuerdos del difunto en lugar de centrar todo en la pena que deja su ausencia.
Aunque no es lo que predomina, cada vez más familias en Occidente lo consideran apropiado, sobre todo cuando la persona fallecida había manifestado en vida un deseo diferente a lo tradicional. Incluso hay casas funerarias que sugieren consultar previamente a los allegados sobre cuál será la vestimenta indicada, ya que puede variar en cada ceremonia. Lo esencial es mantener la formalidad: si se opta por el blanco, se aconseja elegir ropa sobria y sin adornos exagerados, evitando brillos intensos o accesorios llamativos.
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