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Hay una verdad que la cultura empresarial contemporánea prefiere no mirar de frente: la mitad de los negocios que se abren hoy no llegarán a cumplir cinco años.
Según datos del Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos, actualizados en 2024, solo el 50,6% de las empresas sobrevive al quinto año de operaciones. A los diez años, la cifra cae al 34,7%. El patrón se repite en economías desarrolladas y emergentes por igual, y los motivos que lo explican no suelen estar donde la mayoría los busca.
No es falta de ambición. Tampoco es ausencia de mercado. Un análisis de Harvard Business School encontró que el 75% de las empresas respaldadas por capital de riesgo nunca devuelven efectivo a sus inversionistas.
La paradoja es clara: muchas de estas empresas crecieron. El problema es que crecieron sin una estructura de decisiones capaz de sostener ese crecimiento.
Diego Díaz, consultor mexicano especializado en planeación estratégica empresarial, lleva más de una década insistiendo exactamente en ese punto.
"El crecimiento por sí solo no garantiza estabilidad. Lo que marca la diferencia es cómo está diseñado ese crecimiento", dijo Diego Díaz.
Su enfoque no gira en torno a la expansión acelerada que domina las portadas, sino a algo menos visible y mucho más determinante: la arquitectura interna del negocio. La operación, los procesos de toma de decisiones, la claridad organizacional y la proyección a largo plazo, entendidas como piezas de un mismo sistema.
El informe The State of Organizations 2026 de McKinsey, basado en una encuesta a más de 10 000 ejecutivos en 15 países, confirma que las empresas enfrentan hoy una convergencia sin precedentes de disrupciones tecnológicas, económicas y humanas. El hallazgo central del reporte es contundente: en un mundo incierto, la creación de valor sostenido y el desempeño de largo plazo son la prioridad, por encima de las ganancias de corto plazo. La planeación estratégica dejó de ser un ejercicio anual para convertirse en una práctica permanente.
Diego Díaz ha construido su modelo de trabajo sobre tres ejes: liderazgo operativo, excelencia técnica e innovación educativa. Más que intervenir en momentos de crisis, su enfoque busca anticiparse, entendiendo a la empresa como un organismo que debe ser diagnosticado en su totalidad.
"Muchos empresarios cuentan con información valiosa, pero carecen de estructura para convertirla en decisiones efectivas", explica.
Un estudio del McKinsey Global Institute reveló que menos de 100 empresas de las 8 300 grandes firmas analizadas fueron responsables del 63% del crecimiento de productividad observado en tres países.
Esas compañías, denominadas por los investigadores como Standouts, no lograron sus resultados mediante eficiencia operativa gradual, sino a través de movimientos estratégicos audaces y cambios de portafolio. La evidencia sugiere que el progreso no lo define quien avanza más rápido, sino quien toma mejores decisiones estructurales.
Con la mirada puesta en 2030, Diego Díaz trabaja en la consolidación de una comunidad de empresarios con estructuras claras, visión de largo plazo y capacidad de generar impacto.
No se trata, insiste Diego Díaz, de desacelerar. Se trata de avanzar con mayor conciencia. Porque en un escenario donde los márgenes de error son cada vez más estrechos, la diferencia no está en qué tan rápido avanza una empresa, sino en qué tan bien está diseñada para permanecer.
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