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Crónica: 'María: La Bruja Tlahuipochi' se va, pero nos recuerda que el México antiguo sigue vivo

La obra cumplió 10 años y se acaba en este 2025 con más de un centenar de presentaciones. 

María La Bruja Tlahuipochi se fusionó con La Ruta del Cempasúchil en su última fecha Especial Gabriel Sánchez
María La Bruja Tlahuipochi se fusionó con La Ruta del Cempasúchil en su última fecha Especial Gabriel Sánchez

En nuestro México las brujas no usan varitas. Son mujeres con una maldición: si quieren vivir, deben ir por los más inocentes y se convierten en bolas de fuego. Seguro alguien en tu familia te habló de ellas y si no, te hizo falta ir a ver María: La Bruja Tlahuipochi.

Esta puesta en escena tiene lugar en Xochimilco. Este domingo llegaron a las 101 funciones tras 10 años de presentaciones. Para el elenco fue una temporada más de sueños, de logros, de retos; para nosotros los espectadores, un recuerdo del México que olvidamos.

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María: La Bruja Tlahuipochi llegó a más de 100 presentaciones en Xochimilco. Crédito: Gabriel Sánchez.

Claro que nuestro país es su música, su comida, pero también toda su cultura, no solo las ruinas a las que los extranjeros les toman fotos. México es también su tradición oral: una bañada de amor, pero también de tragedia.

María: La Bruja Tlahuipochi regresará

Es domingo 16 de noviembre y es la última presentación del año de la obra. Para los últimos espectadores hubo una sorpresa: también iban a vivir 'La Ruta del Cempasúchil’, un evento creado para conocer no solo la flor, sino todo Xochimilco.

La aventura inicia en una trajinera en el Salón Michmani, al lado del embarcadero de Cuemanco. Una Catrina fue nuestra anfitriona. Zarpamos sin saber exactamente a dónde íbamos, pero ella nos advirtió “es un viaje en el tiempo” y tenía razón.

En el trayecto nos contó cómo se hacía una chinampa, cómo surgió ahí la agricultura hace cientos de años y enseguida nos puso una dinámica. Nos hizo tomar un pétalo de una flor de Cempasúchil y mandarle un mensaje a algún ser querido que se nos había ido.

“Es como en Coco”, mencionó una anónima mujer. Fue parecido, sí. No dimos una bendición, pero sí un mensaje a quienes ya no están. Luego, lanzamos el pétalo al agua y ahí se quedaron los ‘te amo’, los ‘te extraño’. El agua se lo llevó.

Continuamos el viaje sumidos en leyendas, en historias de un Xochimilco que no encuentras cuando vas a una trajinera con un six de cervezas. Tras unos 30 minutos de viaje llegamos a lo que quizá veremos cuando dejemos el mundo terrenal: el suelo de una chinampa pintado de naranja.

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En la Ruta del Cempásuchil llegas a un campo lleno de esta flor. Crédito: Gabriel Sánchez

Miles de flores de Cempasúchil iluminaban el camino. Hicimos un ritual a dioses que hoy nos parecen desconocidos y lanzamos pétalos al cielo. Luego la actualidad nos inundó con quienes querían su foto. Pasado y presente juntos.

Tras disfrutar de la naturaleza y de un frío que comenzaba a calar desde las 6 de la tarde, subimos de nuevo a la trajinera. Dos tamales de quelites con queso, un pan de muerto y café de olla ya nos esperaban. Era hora de darle un abrazo al estómago.

La Catrina dejó de ser nuestra anfitriona para dar paso a Rufina, una madre y habitante del Xochimilco de antes que era parte de la obra de María la Bruja. Nos contó un poco su historia, que tenía un bebé y que pronto nos iban a contar la leyenda de la mujer que acechaba su pueblo.

Otra chinampa ya nos esperaba. La primera sorpresa fue una prueba de pulque de Cempasúchil y a los paladares más exquisitos los habría conquistado. Al aire libre vimos una danza de fuego con valientes bailarines y también un juego de pelota ¡con la bola incendiada!

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El juego de pelota tenía la pelota en llamas; pesa más de dos kilos. Crédito: Gabriel Sánchez

Tercera llamada. La cereza del pastel fue la última presentación de la obra. En ella, como alguna vez les conté, nos cuentan la historia de María, una habitante de Xochimilco que se entera que su familia tiene una terrible maldición: son brujas.

Va calado, va garantizado: te vas a reír, te vas a preocupar y sobre todo, te llevarás un cachito del México de antes. Contarte más sería trampa y en caso de querer descubrir todo el secreto, lamentablemente te toca esperar un año.

‘María: La Bruja Tlahuipochi’ terminó como obra, pero no como un elemento más de México para enseñarle al mundo que no somos ricos por el oro y la plata en nuestras tierras, sino por toda la herencia cultural de quienes alguna vez fueron familia.

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