El truco de un experto en jardinería urbana para regar tus plantas y que no se marchiten
Un pequeño cambio en tu forma de regar puede salvar tus plantas del calor, los hongos y la sequedad; descubre el truco que lo cambia todo.

Cuidar las plantas puede parecer fácil, pero un descuido habitual como poner demasiada agua o hacerlo en el momento menos adecuado puede dañarlas rápidamente. Quienes se especializan en jardinería urbana destacan que no basta con regarlas, sino que es fundamental aprender la manera correcta y hacerlo con atención. Un cambio mínimo en la costumbre diaria puede transformar la vitalidad de cualquier ejemplar, ya sea dentro de casa o en el jardín.
No se trata de cantidad, sino de técnica
El argentino Emiliano, popular en redes por sus recomendaciones, señala que el error más común es mojar de forma directa el follaje. Aunque no parezca grave, esto favorece la aparición de hongos, exceso de humedad y problemas de salud en la planta. La técnica consiste en dirigir el pulverizador hacia arriba, dejando que el agua descienda como una bruma ligera que simula la humedad del entorno natural.
Los expertos remarcan que es preferible quedarse corto con el riego antes que excederse. Si las raíces permanecen encharcadas, se pudren con rapidez; en cambio, una planta que se reseca un poco suele recuperarse. También recuerdan que cada especie demanda cuidados distintos, aquellas con hojas anchas necesitan más agua, mientras que las suculentas o crasas guardan líquido y requieren riegos más espaciados.
El momento ideal para regar tus plantas
Regar en las horas de más sol suele ser un fallo, ya que el líquido se pierde rápido antes de que la planta lo aproveche. Lo más aconsejable es hacerlo al amanecer o al caer la tarde, momentos en los que el sustrato conserva mejor la frescura y las raíces absorben sin tanto impacto del calor.
En la temporada más calurosa conviene aplicar riegos largos y menos frecuentes, en vez de mojar todos los días con poca cantidad. Así se estimula un crecimiento más firme de las raíces. Además, cubrir la tierra con una capa de mantillo ayuda a que el agua se mantenga más tiempo y evita que la superficie se reseque y se abra.
Con los ejemplares en maceta hay que extremar el cuidado, ya que al no tener acceso al suelo se secan con rapidez y necesitan más agua. Eso sí, es fundamental que las macetas tengan orificios para que el exceso drene y no se acumule líquido en el fondo.
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