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México se prepara para organizar —en conjunto con EEUU y Canadá— su tercer Mundial con un fútbol que se tambalea entre la falta de resultados, una liga poco competitiva, escasez de liderazgos y un exitoso modelo de negocios que no rinde frutos en la cancha. "¡Sí se puede!", es el cántico que más se escucha en los estadios para animar al equipo nacional. Pero la mayoría de las veces no... no se puede.
El Tri lleva seis partidos consecutivos sin ganar. Fueron goleados por Colombia 4-0 y perdieron ante Paraguay 2-1. Con Corea del Sur, Japón, Uruguay y Ecuador apenas pudieron empatar. Resultados alarmantes para uno de los tres países anfitriones de la Copa del Mundo de la FIFA 2026.
La afición está enojada: despidió con abucheos al equipo nacional tras el resultado contra los uruguayos, que ni siquiera llevaban a su cuadro titular. “¡Fuera Vasco!”, le gritaron al director técnico Javier Aguirre. Raúl Jiménez —la figura más prominente de la Selección y delantero del Fulham de Inglaterra— criticó a los hinchas por su reacción. “Lo que deja tristeza es jugar de local y que te abucheen”, se quejó ante las cámaras. Tristeza, sin embargo, también producen los recuerdos de Catar 2022, cuando México ni siquiera avanzó a octavos de final, algo que no sucedía desde Argentina 1978.
“Estuve casi 15 años en la Selección y pensé que íbamos para arriba, pero ha sido todo lo contrario: hemos bajado muchísimo de nivel. [Como negocio] el fútbol mexicano es un pastel que se quiere comer poca gente”, dice en entrevista Claudio Suárez, excapitán de la Selección con dos Mundiales en su carrera.
Su experiencia en las Copas del Mundo de Estados Unidos 1994 y Francia 1998 llevan a Suárez a considerar que, actualmente, no hay liderazgos tan visibles en la Selección ni jugadores que marquen diferencia. Y esto se debe, dice, a muchos factores, entre ellos una liga mexicana que “va bajando de calidad” ante la poca formación de futbolistas desde años tempranos.
En cambio, advierte, se privilegia la llegada de futbolistas extranjeros sin que haya un filtro de calidad para ellos, lo cual “bloquea las oportunidades” para mexicanos que, muchas veces, dice, ni siquiera llegan a debutar en primera división. En otros países, sin embargo, hay requisitos estrictos en ese sentido. Por ejemplo, para que alguien juegue en la Premier League de Inglaterra, necesita haber sido convocado previamente por su selección nacional. De ese modo, se procura que sólo los mejores de cada país tengan una oportunidad de participar en la liga inglesa.
“No se ha hecho un buen trabajo. Los directivos [de la Federación Mexicana de Fútbol y de la Liga MX] no tienen un proyecto sólido para nuestro fútbol. Queremos que México sea campeón del mundo, ¿pero cómo lo vamos a lograr si no hay un trabajo continuo detrás? Países como Italia, España o Alemania tienen un proyecto de largo plazo para su fútbol independientemente de quiénes sean sus jugadores, es un asunto que rebasa generaciones”, señala Suárez.
The stage is set. Who triumphs? �� @aramco | #FIFAWorldCup pic.twitter.com/21qBVC6KlE— FIFA World Cup (@FIFAWorldCup) December 5, 2025
Arturo Brizio, exárbitro profesional considerado como uno de los mejores del mundo por el IFFHS, afirma en entrevista que hay “una crisis de talento y liderazgo” en la Selección mexicana por varias razones: la falta de continuidad de sus directores técnicos, la deficiente capacidad de los clubes mexicanos para formar fuerzas básicas y la carencia de un modelo de formación deportiva como sí lo tienen países que, hasta hace unos años, no figuraban en el fútbol global, como Marruecos.
“En el Mundial Sub-20 pasado, escuché a muchos especialistas decir: ‘El sorprendente Marruecos’. Pero sorprendente sólo resulta para quien no ha leído o no ha querido ver. En el Mundial de Catar, los marroquíes quedaron en cuarto lugar. Tienen instalaciones [deportivas] brutales y 25 selecciones de diferentes categorías [edades] en su complejo de Rabat. ¿Por qué nosotros no copiamos ese tipo de modelos?”, observa Brizio.
Marion Reimers, analista deportiva y una de las comentaristas de fútbol más destacadas en Hispanoamérica, dice en entrevista que hay errores que se han cometido desde hace muchos años y que, lamentablemente, continúan, como la falta de directivos con experiencia internacional ante una “presión muy fuerte” por parte de los dueños de los clubes mexicanos y las televisoras.
“Se requiere de un proyecto donde haya una Federación Mexicana de Fútbol autónoma, que no tenga nada que ver con los clubes ni con los dueños, y que empiece a entender un proyecto institucional, en el que no únicamente el fútbol de los varones sea relevante. Eso podría generar una ramificación de expectativas mucho más amplia y que no todo esté centrado en un solo equipo”, señala.
“Hay una falta de claridad acerca de cuál es el objetivo [para la Selección mexicana]. Y si [el equipo nacional] fuera un cuerpo humano y quisiéramos saber su estado de salud, podríamos ver que tiene problemas, sí, pero que no hay diagnósticos suficientes para saber qué tiene”, agrega Reimers.
��⚽ ¡FIFA “premia” a Trump! Le inventan un galardón de “paz” mientras México ya conoce a sus rivales: Corea del Sur, Sudáfrica… y uno más por definirse, señala Marion Reimers ( @LaReimers) ����
Joaquín López-Dóriga ( @lopezdoriga) en #FórmulaNoticias pic.twitter.com/soF97EKaJN— Grupo Fórmula (@Radio_Formula) December 5, 2025
Hasta hace unos 20 años, a México le llamaban “El gigante de la Concacaf”, en referencia a que era la selección más poderosa de su zona futbolística, que abarca a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, donde realmente no había potencias en este deporte. Hoy, sin embargo, EEUU ha mostrado grandes resultados no sólo a nivel selección, sino a nivel liga, ya que la MLS cuenta con una infraestructura deportiva, un modelo de negocios y un sistema formativo de jugadores muy superior al de México. El arribo de Lionel Messi al balompié estadounidense fue la coronación de un proyecto deportivo y mercadológico que comenzó desde inicios de los años 2000.
En EEUU, sostiene Claudio Suárez, hay una incesante búsqueda de talento joven en cada ciudad, una actividad conocida como “visorías” y que cada vez se practica menos en México. Y es que el proceso para que un jugador debute en primera división es largo, complicado y hasta tortuoso para muchos jóvenes.
Domingo Aguilar, exjugador amateur de los Gallos Blancos de Querétaro, luchó varios años por llegar a la máxima división de la liga mexicana. No lo logró. En entrevista, cuenta que fue “toda una pesadilla”. Admite que es una tarea especialmente complicada para quienes menos recursos tienen, ya que muchas veces el jugador debe viajar a otros estados, donde debe pagar su propio hospedaje, o bien, adaptarse a las circunstancias.
Recuerda que, en San Luis Potosí, tuvo que dormir en un cuarto en obra negra y “pelear” con otros compañeros por un colchón para tener dónde dormir. Convertirse en futbolista en México no es barato: la familia cubre prácticamente el 100% de los gastos.
“Cuando ya parecía que lo iba a conseguir, no se pudo. Había muchas personas que querían lograrlo con la recomendación de alguien”, comparte. “Para hacer una prueba en el América [el equipo más ganador de la liga mexicana], tenías que ir con una recomendación escrita por alguien que ya había formado parte del club. Si no contabas con esa carta de recomendación, ni siquiera tenías oportunidad de hacer la prueba”, agrega. De hecho, en redes sociales circulan testimonios que apuntan hacia actos de corrupción en este proceso, en el que algunos ejecutivos de clubes profesionales piden dinero a cambio de que los jóvenes realicen sus exámenes para ver si son aptos para ingresar al fútbol profesional.
“Hace falta un modelo que integre a los clubes profesionales con todas las escuelas y centros de formación futbolística del país. De ese modo, existiría la posibilidad de ver talentos nuevos. Una vez que esos jugadores ya estén en el fútbol organizado, se requiere que realmente se les dé la posibilidad de debutar [en primera división]”, sugiere Aguilar. Y es aquí donde entran las críticas por la gran cantidad de extranjeros que juegan en la Liga MX…
Brizio considera que no se le puede cerrar las puertas al talento de otras naciones, pero admite que en México, tradicionalmente, “el jugador foráneo no necesariamente es el mejor”. En ese sentido, advierte que, en algunos casos, los clubes, “coludidos con representantes, traen a jugadores extranjeros de medio pelo para llenar los cupos a la fuerza”. Lo peor, añade, es que en muchos casos esos futbolistas ni siquiera juegan, bloqueando de esa manera un espacio para el talento nacional.
“Sí hay un tema con la cantidad de extranjeros, pero es verdad que esto también sucede en otros países. Creo que esto tiene que ver con los criterios para fichar a los extranjeros y tiene que ver con que las fuerzas básicas sufren muchísimo, porque no tenemos un fútbol con ascenso y descenso en el cual los jóvenes puedan destacar. Creo que atribuir [la crisis del fútbol mexicano] al número de extranjeros me parece erróneo”, apunta Reimers.
Desde hace al menos 20 años, la Federación Mexicana de Fútbol tomó la decisión de que la mayoría de los partidos de la Selección se realicen en EEUU, donde actualmente residen alrededor de 40 millones de personas de origen mexicano, según datos oficiales de Washington. Se trata prácticamente de otro México, uno que descubre en el fútbol el hogar perfecto para la nostalgia y la identidad. Quizá por eso todos los partidos del Tri se agotan en cualquier ciudad, desde Austin o Los Ángeles hasta Nueva York o Chicago.
Expertos consultados coinciden en que es mucho más rentable organizar partidos en EEUU que en México, sobre todo porque en EEUU el poder adquisitivo del aficionado es mayor y todo el negocio se maneja en dólares.
Álvaro Cruz, empresario del fútbol y gestor deportivo entre México y España, explica a este medio que organizar, por ejemplo, un partido amistoso entre México y Colombia en Miami requiere de una inversión aproximada de tres millones de dólares, sin contar el pago de la renta del estadio. Los ingresos del evento, sin embargo, son hasta cuatro veces mayores, es decir, unos 12 millones de dólares. De este modo, dice Cruz, el inversionista se lleva como ganancia unos nueve millones de dólares como mínimo. “Esa cantidad jamás se va a ganar jugando amistosos en México”, asegura.
Según Cruz, los aficionados en México no abarrotan estadios como en EEUU y su consumo es en pesos, lo cual merma las ganancias para los inversionistas. Además, afirma, “los mexicanos que viven en EEUU están más clavados con la Selección que los que viven en México”.
“El consumismo es mucho mayor en una ciudad estadounidense. Cuando se celebran partidos amistosos en México, acaban regalando boletos o haciendo promociones [para llenar los estadios]. En EEUU, en cambio, un aficionado mexicano no gasta menos de 100 dólares adentro del estadio, y además es capaz de comprar una entrada en 125, 300 o a veces hasta en 1.000 dólares con tal de ver al equipo”, detalla Cruz.
Ni siquiera las redadas migratorias del ICE impidieron que miles de aficionados mexicanos acudieran a algunos de los más recientes partidos de la Selección en EEUU. Sin embargo, la reacción popular esta vez ya no fue la misma. En Dallas y en San Antonio fueron abucheados.
“Se está priorizando la parte económica sobre la parte deportiva. Es entendible que el modelo se encamine hacia allá, pero el hecho de que 80 o hasta 90% de los partidos se jueguen allá causa un poco de insatisfacción en el aficionado local y merma el nivel de identidad popular con la Selección dentro del país”, observa en entrevista Francisco San José Cabestany, experto en mercadotecnia deportiva de la Universidad Anáhuac.
La Federación Mexicana de Fútbol “produce mucho dinero” al estar rodeada de patrocinadores, pero esas ganancias no se traducen en resultados sobre la cancha, como sí sucede con otros equipos, como España o Argentina, apunta San José Cabestany.
“En comparación con 1986 [la última vez que México organizó un Mundial], sí se nota mucho menor entusiasmo, aunque también debemos tomar en cuenta que esta vez sólo una parte del inicio del torneo se celebrará en el país”, indica el experto.
Otro aspecto importante, destaca, es la figura del futbolista, que se ha vuelto más “inalcanzable” con el paso de los años. Antes, ídolos como Hugo Sánchez, Cuauhtémoc Blanco o Carlos Hermosillo no estaban tan inundados por el marketing digital tan agresivo que ahora envuelve a prácticamente cualquier jugador medianamente famoso, observa San José Cabestany. Por eso, subraya, el futbolista actual es un personaje alejado de la gente, con bajo nivel de identidad popular. Sin embargo, dice, incluso en términos mediáticos, los integrantes de la actual Selección mexicana “no tienen el arrastre” que sí tenían jugadores del pasado.
Para San José Cabestany, la escasa visibilidad de los clubes mexicanos en la televisión abierta también es algo que ha contribuido a que mucha gente ya no llene tantos estadios “Para poder ver la la liga completa se necesita acceso a varias plataformas digitales de paga. Hace años, todos los partidos podían verse en televisión abierta. Eso ha golpeado a la afición y a su capacidad de seguimiento”, agrega.
“Mientras el fútbol mexicano siga en manos de pocos dueños y estos no se pongan de acuerdo, la situación no cambiará”, apunta Brizio, quien menciona que Inglaterra es un buen ejemplo de cómo se separan los negocios y, por ende, lo deportivo. “Para la Federación inglesa la Liga Premier es muy importante, pero es independiente de la Federación, ésta se conforma de otra manera”.
Brizio también considera que en México “las decisiones cupulares permean hasta en el fútbol de llano [el nivel más bajo], porque todas esas decisiones son tomadas por unas 12 personas que pueden hacer lo que se les pegue la gana”. Esto provoca, dice, entre muchas otras cosas, que los jugadores mexicanos “de exportación” se vayan al extranjero, pero acaben regresando. Actualmente, la Selección no llega ni a 10 jugadores que compitan en ligas de otros países.
“De hecho, la liga y la Federación trabajan en la misma oficina en Toluca. Los intereses son los mismos, los dueños también, pero son dos negocios aparte. Es como si un mismo dueño crea dos empresas y tiene sus ganancias repartidas en cada una. La liga basa su fuerza en los derechos de transmisión de los partidos, pero el tema mercadotécnico de la Selección es independiente”, observa Cruz.
Según el gestor deportivo, en este ciclo mundialista de 2026 “se van a meter más de 2.000 millones de dólares porque la Copa es en casa, pero en un Mundial normal se meten unos 1.000 o 1.500 millones de dólares”.
Claudio Suárez considera también que la situación del fútbol mexicano se debe, en buena medida, a decisiones unilaterales tomadas desde una oficina donde, afirma, se conoce poco de este deporte. Para él, los jugadores muchas veces son víctimas de estas directrices empresariales, desde el niño que quiere prosperar en el fútbol hasta el profesional que se encuentra con muchas barreras para desarrollarse. “Los directivos quieren leones en la cancha y gatos fuera de ella”, asegura el excapitán, quien como tantos millones de mexicanos guarda la ilusión, una vez más, de que la Copa se quede en casa.
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