El pacto oscuro: Así fue como Ted Bundy ayudó al FBI a atrapar a otro asesino en serie
Ted Bundy no se dirigía a la policía como un hombre arrepentido sino como alguien que se creía capaz de analizar a otro criminal.

Tras una prolífica serie de asesinatos, transcurría el año de 1984 cuando Ted Bundy esperaba su sentencia final en la Prisión Estatal de Florida. Desde ese lugar, uno de los asesinos más conocidos de Estados Unidos escribió una carta donde ofrecía su ayuda para comprender la mente de otro asesino que aterrorizaba Washington.
Las autoridades del Condado de King enfrentaban entonces una serie de homicidios, donde mujeres jóvenes aparecían estranguladas a orillas del Río Green, por lo que incluso se creó el equipo “The Green River Task Force”, ya que carecían de pistas para dar con el responsable.
En este contexto, el 19 de octubre de 1984, Ted Bundy envió una carta al detective Dave Reichert, uno de los encargados de la investigación, en donde le decía que si le enviaban material sobre el caso, él podría ofrecerles una mirada sobre cómo funcionaba la mente del asesino de Green River.
Desde el corredor de la muerte
Aunque cabe resaltar que Ted Bundy no se dirigía a la policía como un hombre arrepentido sino como alguien que se creía capaz de analizar a otro criminal.
En su correspondencia, sugería que los investigadores debían mirar más allá de la evidencia física y centrarse en los patrones psicológicos del asesino.
Afirmaba que comprender la motivación y los rituales del agresor sería clave para detenerlo, aunque para ese entonces el nombre de Ted Bundy era sinónimo de manipulación y control.
Tenía en su récord al menos 30 homicidios en varios estados, así como su capacidad para ocultar rastros y aparentar normalidad había desconcertado a policías y peritos, pues incluso escapó dos veces con éxito de las autoridades.
Sin embargo, debido a su inteligencia y en medio del confinamiento, se ofrecía a dar un mapa mental para seguir a otro depredador.
Las cartas de Ted Bundy se volvieron parte del expediente del equipo investigador, donde aportaba observaciones sobre el asesino que intentaban atrapar, pero también buscaba ser leído como un experto en “el mal”, donde revelaba parte de sí mismo.
El eco del mal
A partir de 1986, el contacto se volvió más directo, luego de que el detective Robert D. Keppel, quien ya había colaborado con el FBI en la investigación de Bundy una década antes, aceptó entrevistarlo.
Keppel documentó cada intercambio, lo cual después quedaría documentado en su libro “The Riverman: Ted Bundy and I Hunt for the Green River Killer”.
En una carta fechada el 4 de marzo de 1986, Bundy comentó que la investigación del Green River había adquirido “proporciones míticas” y que involucraba a “56 investigadores, incluidos 10 agentes del FBI”. Afirmó que el caso era más grande de lo que incluso él podía comprender.
Durante esas conversaciones, Bundy ofreció hipótesis sobre el comportamiento del asesino y propuso que el responsable regresaba a las escenas del crimen, ya que guardaba trofeos de sus víctimas, así como elegía lugares donde se sintiera en control.
Todas estas observaciones realizadas por Bundy coincidían con los patrones reales del agresor que años después sería identificado como Gary Leon Ridgway.
El trabajo del equipo investigador continuó durante casi dos décadas, aunque Ted Bundy fue ejecutado en enero de 1989, las pistas sobre el asesino de Green River seguían dispersas.
Sin embargo, muchos de los elementos psicológicos discutidos durante las entrevistas con Bundy sirvieron de bases para afinar los perfiles que el FBI utilizó posteriormente en otros asesinos seriales.
Mind Hunter
El diálogo entre Bundy y los investigadores del caso inspiró parte del trabajo de los agentes John Douglas y Robert Ressler, pioneros de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, quienes desarrollaron una nueva metodología para entender la mente de los asesinos en serie desde dentro.
A finales de los años setenta, Douglas y Ressler entrevistaron a varios criminales como Bundy, Edmund Kemper y David Berkowitz, buscando patrones que revelaran cómo pensaban y actuaban. Ese trabajo se convirtió en la base del primer programa formal de criminal profiling dentro del FBI.
Décadas después, esas investigaciones inspiraron la serie Mindhunter, producida por David Fincher, donde, desde la ficción, los agentes Holden Ford y Bill Tench representan a Douglas y Ressler, mientras se muestran las entrevistas que dieron origen a la ciencia moderna del perfil criminal y a la captura de asesinos como el de Green River.
Criminología moderna
No fue hasta el 2001 que una prueba de ADN confirmó la identidad del asesino de Green River: Gary Ridgway, un trabajador de una planta de camiones en Seattle, quien confesó haber asesinado a 49 mujeres.
Aunque los investigadores vincularon al hombre con más de 80 casos, cuyo modus operandi reflejaba varios de los patrones que Bundy había descrito 15 años antes de que lo atraparan.
El caso del Green River marcó un punto de inflexión en la criminología moderna y no sólo por la magnitud de los crímenes, sino por el inusual papel que jugó otro asesino en su análisis.
Actualmente las cartas de Ted Bundy se encuentran conservadas en el archivo del Condado de King y disponibles en la Librería de "Internet Archive", las cuales son un recordatorio perturbador sobre cómo la colaboración entre un asesino y la policía contribuyó a que, desde la oscuridad, otro monstruo fuera atrapado.
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Originaria de Ciudad Juárez, tengo 37 años y soy fundadora del medio Circuito Frontera. Me enfoco en temas de migración, derechos humanos e infancia, con interés en periodismo narrativo y reportajes de investigación. Gané el Premio Columna de Plata 2023 en Reportaje y mención honorífica 2025. Ganadora de la beca METIS 2022 de SembraMedia, la única mexicana entre más de 100 postulaciones de América Latina. Ganadora de dos becas del Border Hub del ICFJ. Fronteriza, metalera y amante del café. Ver más



