Archivos desclasificados, 2 de Octubre: EU sabía que Díaz Ordaz planeaba la matanza de Tlatelolco en 1968
Archivos desclasificados muestran que la CIA, el FBI, el Departamento de Estado e incluso la Embajada enviaban información a Washington sobre las protestas de los estudiantes en 1968.

Hace 57 años una de las noches más crudas, más tristes y más oscuras de México se registró, donde cientos de jóvenes estudiantes, pero también madres y padres de familia perecieron: la matanza de Tlatelolco en la Plaza de las Tres Culturas.
A pesar del tiempo, los documentos oficiales confirman lo que durante décadas se sospechó: el gobierno de Estados Unidos estuvo al tanto del movimiento estudiantil de 1968 en México.
Pero también sabía que el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, había decidido acabar con las protestas estudiantiles con la fuerza del Estado Mexicano.
Archivos desclasificados por los gobiernos de México y Estados Unidos, la CIA, el FBI, el Departamento de Estado (incluso la Embajada) muestran que Washington recibió información sobre las protestas estudiantiles de 1968.
También sobre la intención del mandatario mexicano de sofocar el descontento antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, donde el gobierno estadounidense veía a México como un aliado estratégico en plena Guerra Fría.
Los informes, publicados por el Archivo de Seguridad Nacional (National Security Archive por su nombre en inglés) de la Universidad George Washington, detallan que diplomáticos y agentes de inteligencia informaron a la Casa Blanca sobre la tensión creciente en las universidades, la infiltración de provocadores y también el plan del régimen mexicano para desplegar francotiradores en la Plaza de las Tres Culturas.
Estrategia represiva
La versión oficial del presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, era culpar a los propios estudiantes de disparar en contra del Ejército, una teoría que se sostuvo durante años como un relato incuestionable en el discurso oficial.
Sin embargo, los reportes enviados desde la embajada estadounidense y desde oficinas de inteligencia en México describen que las órdenes de abrir fuego y provocar el enfrentamiento provinieron del círculo más cercano al presidente, es decir, del entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez.
Los documentos revelan que Washington estaba al tanto de reuniones de alto nivel en las que se discutió el “riesgo político” que representaban las protestas, por lo que el gobierno mexicano buscaba reprimir a los jóvenes a toda costa, convencido de que la estabilidad del país dependía de mantener la imagen de orden durante los Juegos Olímpicos.
Sin embargo, lejos de cuestionar al régimen mexicano, para Estados Unidos la prioridad era preservar la relación bilateral con México, especialmente en temas de seguridad y control de movimientos sociales que pudieran interpretarse como simpatías del comunismo.
2 de Octubre: La versión oficial
La masacre del 2 de octubre de 1968 dejó cientos de muertos y cientos de desaparecidos, aunque la cifra oficial ha sido minimizada desde entonces, pues durante décadas, el Estado Mexicano sostuvo que fueron los estudiantes quienes provocaron al Ejército.
Los archivos desclasificados refuerzan lo que testimonios de sobrevivientes y periodistas denunciaron en su momento: que la operación fue planeada desde la Presidencia de México y ejecutada con apoyo de francotiradores ubicados en edificios cercanos a la plaza.
Los reportes de diplomáticos y agentes de la inteligencia estadounidense detallaron la preparación del operativo militar y confirmaron que la represión fue parte de una estrategia diseñada para neutralizar al movimiento.
Mientras que el interés de Washington no consistía en evitar una masacre sino en asegurar que el gobierno mexicano mantuviera su alineación con la política exterior norteamericana.
Desclasificación de los archivos: una herida abierta
En 2021, durante el sexenio del entonces presidente de la República Vicente Fox Quesada se decretó que las dependencias federales debían entregar documentos sobre represión política al Archivo General de la Nación, con el fin de atender los cientos de desapariciones forzadas documentadas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Sin embargo, al concluir su gobierno, cerca de 10 mil documentos sobre la masacre de 1968 quedaron en reserva; otros se extraviaron y distintas instancias incurrieron en desacato al negarse a liberar expedientes clave relacionados con la represión estudiantil.
No fue hasta el 10 de octubre de 2018 cuando el INAI emitió la Declaratoria M68: Archivo sin reservas y, con ello se abrió el acceso a documentos de la Dirección Federal de Seguridad, de la PGR y de la antigua Procuraduría capitalina.
Más de medio siglo después, estos archivos se suman a la larga lista de evidencias que confirman la responsabilidad del Estado en la represión del movimiento estudiantil, pero que también este hecho fue parte de un tablero geopolítico en el que Estados Unidos observaba a México durante la Guerra Fría.
Los archivos desclasificados abrieron el debate sobre la responsabilidad compartida de dos gobiernos en este caso y confirman que la masacre de Tlatelolco fue un crimen de Estado, pero también un episodio tolerado desde el exterior.
Esta fecha es un día de duelo nacional, de lucha por la verdad, donde las nuevas generaciones de estudiantes y de activistas recuerdan a quienes perdieron la vida en la Plaza de las Tres Culturas, tras exigir justicia frente a un Estado que nunca ha reconocido plenamente su responsabilidad.
Hoy, a más de cinco décadas después, la memoria de Tlatelolco, de los estudiantes de 1968 y de los cientos de desaparecidos de esa noche sigue viva, pues “El 2 de octubre no se olvida”.
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Originaria de Ciudad Juárez, tengo 37 años y soy fundadora del medio Circuito Frontera. Me enfoco en temas de migración, derechos humanos e infancia, con interés en periodismo narrativo y reportajes de investigación. Gané el Premio Columna de Plata 2023 en Reportaje y mención honorífica 2025. Ganadora de la beca METIS 2022 de SembraMedia, la única mexicana entre más de 100 postulaciones de América Latina. Ganadora de dos becas del Border Hub del ICFJ. Fronteriza, metalera y amante del café. Ver más






