CDMX

Este es el oficio de gran tradición que fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de CDMX

Esta declaración no es solo simbólica, sino que representa un compromiso por proteger un oficio que ha sido precarizado durante los últimos años

Este oficio fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX (Foto: Canva)
Este oficio fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX (Foto: Canva)

En esas caminatas por el Centro Histórico de la capital, quizá has escuchado un sonido nostálgico que parece venir de otro tiempo, un zumbido melódico que se mezcla con el paso apresurado de la gente: ese es el sonido del organillo, y quien lo toca es un organillero.

Pues ese oficio tan antiguo —y presente en la memoria urbana— acaba de recibir un reconocimiento histórico: el gremio de los organilleros fue declarado oficialmente Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX.

La declaratoria fue aprobada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, mediante su Comisión Interinstitucional del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural, durante su tercera sesión ordinaria celebrada el pasado 28 de noviembre.

¿Qué cambia ahora que los organilleros son Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX?

La declaración no es solo simbólica: representa un compromiso real de protección y salvaguarda. A partir de ahora se deberá elaborar un dictamen formal, para que la declaratoria quede publicada en la Gaceta Oficial de la CDMX.

Además, se busca implementar un Plan de Manejo y Salvaguarda: esto implica preservar los organillos como instrumentos, así como apoyar a quienes siguen ejerciendo el oficio, documentar su historia y asegurar que las nuevas generaciones puedan conocer y adoptar ese legado.

Por lo que para muchos organilleros, este reconocimiento representa un respiro: un oficio que muchas veces ha sido precario y con pocas garantías económicas, ahora recibe valor institucional y protección cultural.

Así fue el origen de los organilleros en México

Los organillos —que son esas cajas de madera con cilindros de púas y manivela que reproducen música mecánica— tienen su origen en Europa, y fue desde finales del siglo XIX cuando comenzaron a ser importados a México.

En ese periodo, compañías alemanas especializadas en instrumentos musicales, como Wagner & Levien, jugaron un papel clave en traer estos organillos al país, lo que permitió que este tipo de instrumento mecánico dejara los salones privados de la élite para insertarse poco a poco en la vida pública.

Con el tiempo, lo que empezó como entretenimiento de clases altas o ambientación en circos y reuniones, se transformó en una tradición popular: los organilleros y su música se volvieron parte del paisaje urbano en plazas, parques y calles de la capital. Esta transición también implicó una adaptación del repertorio: las piezas europeas originales fueron reemplazadas gradualmente por melodías populares mexicanas, lo que ayudó a arraigar el oficio como una expresión cultural propia de la Ciudad de México.

Es por todo ello que esta declaratoria es de gran relevancia para los organilleros, pues reivindica una tradición que ahora tiene un estatus que la protegerá de la desaparición. Así que la próxima vez que des un paseo por el Centro Histórico y escuches el organillo en alguna esquina, podrás reconocer que ahora ese sonido pertenece oficialmente al legado vivo de la CDMX.

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